El anuncio se limita a copiar la estética fotográfica que ha venido haciendo Freixenet desde que dieron vida a las burbujitas, en los que predominan los fondos negros y los tonos dorados. Las ralentizaciones de la cámara son sorprendentes, y el montaje a ritmo de la música flamenca es brillante.
Fuente: Adicta a la publicidad.