El colegio del Campo de Refugiados de Jenín estaba lleno de gritos, risas, describe la española Alicia Mora en uno de sus recientes informes difundido en lapicesparlapaz.com. El periodista es conocido por su afección hacia los niños.
En el campo palestino existe una escuela alegre a pesar de la foto enmarcada en uno de los pasillos de la guardería. Un mártir de la causa palestina, según le dijeron a Mora.
Fue el primer asesinado en la tremenda incursión del ejército israelí que hizo en el año 2002. Y poco después de irnos, una de las profesoras nos dijo, señalando la foto, que era su hermano y además el padre de uno de los niños que estaba jugando. Cada palestino, cada palestina tiene detrás una triste historia.
El juego era una vía de escape que se mezclaba, irremediablemente con palabras inusuales para nosotros, personas occidentales. Como: toque de queda, cierre, bloqueo, bombardeo, check-point entre otros términos usuales en esa tierra violenta. Ellos jugaban a ser soldados israelíes que matan a los niños, a los mártires, a los tanques y aviones de guerra.
Hoy, contemplando las fotos de la temática que se ha presentado Calendario Solidario no he podido dejar de recordar a los niños y niñas palestinos que con sus gritos y risas nos recibieron en los colegios. Comprobamos la importancia de los espacios lúdicos, sobretodo porque el refugio que presta el juego y la diversión hace desconectar de la terrible realidad de estos menores.
Y ya van seis. Calendario solidario 2009 nace de nuevo dirigiendo una campaña destinada a sensibilizar sobre los problemas de la infancia. Las fotografías como es habitual son de Hernán Zin.
Hoy existen en el mundo niños como Ahmed (en la foto superior), que se entretiene haciendo volar una bolsa de plástico, ya que no tiene dinero para una cometa, en lo alto de Kabul, ciudad en la que más de cuatro mil niños se ven obligados a trabajar según UNICEF.
Son niños que juegan entre la adversidad. En la presentación de esta campaña nos recuerda que el juego, es un elemento esencial para el desarrollo del ser humano, un valor recogido por la Convención de Derechos del Niño, que establece expresamente el derecho a disfrutar del esparcimiento y las actividades recreativas propias de su edad.