La biblioteca de Roque Grillo*
“… La Biblioteca perdurará:
iluminada, solitaria, infinita,
perfectamente inmóvil,
armada de volúmenes preciosos,
inútil, incorruptible, secreta”
(La Biblioteca de Babel - JLB - 1941)
El diseño superaba por amplísimo margen las especificaciones del pliego de licitación. Su maqueta, un despilfarro de imaginación, buen gusto y bricolaje. Los autores, genuinos creadores, asumían con modestos ademanes la catarata de elogios que se vertían en el amplio recinto gubernamental. Finalmente, el país tendría su Biblioteca Nacional. Y eso, en tierra de literatos era, casi, una obligación inexcusable.
El proyecto demoró en arrancar ya que nadie que presumiera de intelectual quería dejar de verse retratado o de entrevistarse con los ingeniosos artífices de una obra de tan magna concepción. Y esto, por varios meses, no dejó tiempo para trabajar en la ejecución. Finalmente, agotados los admiradores y envidiosos y ocupados los medios periodísticos en otros temas de importancia relativamente menor, la construcción comenzó. Los materiales procedían de distintas partes del orbe y eran, invariablemente, los mejores en su tipo. Los fondos fluían con una regularidad asombrosa y se gastaban meticulosamente en detalladísimos rubros, haciendo gala de una notable rigurosidad que daba cuenta del destino de cada centavo. Pronto, diseñadores, capataces, obreros, trabajaban en una comunidad de esfuerzos que permitía adelantar etapas, avanzar sobre los cronogramas, obviar minucias, salvar inconvenientes, soslayar dramas burocráticos. Además, se reducirían costos, lo que se reflejaría al terminar la faena.
Cada quien asistía asombrado a este desarrollo, insólito e inesperado. Los programas escolares, en todos los niveles, se redibujaron para dar cabida a este modelo de emprendimiento. Las empresas adoptaron esos nuevos métodos de desarrollo y aún la milicia copió, con disimulo, el estilo.
Un año pasó prontamente y, piso tras piso, la mole fue perfilando su contorno, firme, pétreo, inconmovible. A su alrededor surgían bosques de rebuscado paisaje, lagos que reflejaban las alturas alcanzadas, fuentes para alimentar tantas raíces, caminos que trazaban un ordenado laberinto. El país entero contenía el aliento.
Finalmente, el edificio, es decir, paredes, pisos, techos, escaleras, estaba completo. Un ejército de servidores públicos se abalanzó a limpiar y pulir. Y otro trajo los muebles, las lámparas, los incontables artefactos que aseguraban su funcionamiento. El genio de algún genio estaba de buen humor e hizo que las cosas funcionaran de maravillas. Y después, cientos, miles de transportes llegaron con su carga de libros. Ediciones especiales, diseñadas para la ocasión, respondiendo a los más ultramodernos criterios editoriales. Primero, los de origen nacional; después, los extranjeros, hasta agotar la nómina de naciones contribuyentes. Era un río que fluía sin encontrar obstáculos. Con una objetividad absoluta, recién cuando cada cosa estuvo en su lugar, probada y aprobada, se anunció la fecha de inauguración. Se contrató un servicio de seguridad privada internacional y se enviaron, además de las invitaciones oficiales de rigor, sólo 410 tarjetas personales e intransferibles a otros tantos iluminados que integraban el "Quién es quién" de la cultura autóctona. El servicio de comidas seleccionado permitiría atenderlos con lo mejor de la cocina universal, desechando la costumbre de hacerlo con platos típicos. Esto quedaría para los visitantes comunes, cuyo número se estimaba, para la jornada de apertura, en no menos de 30.000, lo que no sería un problema, ya que se habilitarían a un tiempo alrededor de cien accesos.
Y llegó el momento. En homenaje a un poeta local de cierto renombre, en lugar de la acostumbrada tijera, la cinta se cortó con un cuchillo que luego pasaría a ocupar un sitial de honor en la encristalada urna que dominaba el amplio salón central. Después, rozando apenas un botón, todas las puertas se abrieron sincronizadamente, sin que se escuchara un ruido. La marea humana debía ingresar entonces. O en unos segundos. O en unos minutos. Pero la sofisticada sala de prensa, en el primer entrepiso, sólo albergaba a un escuálido escriba que manipulaba constantemente el audífono que lucía en su oreja izquierda y, pasadas dos horas, las autoridades, con su elegancia un tanto desdibujada, se convencieron de que no vendría nadie, con excepción de tres turistas japoneses.
Lentamente, las luces se fueron apagando y las fuentes redujeron sus chorros a proporciones misérrimas. Las bebidas se calentaron y la comida se enfrió. El arquitecto principal cortó sus venas con el cuchillo ya mencionado.
Mientras tanto, el centro de la cosmopolita ciudad estaba paralizado. En la 9 de Julio no cabía un alma. Por primera vez y junto al Obelisco, pintado de púrpura para la ocasión, cantaban a dúo Carlitos “La Mona” Giménez y Charly García.
*Periodista y escritor. Es desde hace 20 años subdirector de Prensa de la Municipalidad de General San Martín y, actualmente, también responsable del área Letras de esa comuna. Sus cuentos, bastante oscuros, han sido publicados en medios locales y en portales de universidades españolas (y… son gallegos). Pero él sostiene que sus mejores obras son Cecilia (31), María José (26) y Antonella (22) + un fascículo conocido como Tomás García Grillo (5), autodidacta.
TEXTOS ESTEÑOS
Poemas, cuentos, relatos breves, fotografías, dibujos y otros textos visuales paridos en la zona. La convocatoria para publicar está abierta a los artistas residentes en San Martín, Junín, Rivadavia, Lavalle, Santa Rosa o La Paz. Si querés participar, enviamos tu trabajo y un breve curriculum a textosestenios@hotmail.com.