Primero es el ajo

Es sabido que el área de sembrado de ajo en el Valle de Uco aumentó considerablemente en los últimos años y sólo San Carlos entrega a los exportadores más de 7 millones de kilos anualmente entre ajo “chino” y colorado.

Según estudios del INTA y de la Aduana Nacional, desde diciembre de 2007 a agosto de 2008 este producto tuvo una pérdida promedio de 4,77 dólares por caja. Si tenemos en cuenta que cada caja tiene el 5% de retención y en la composición de ese precio el 60% de sus costos es mano de obra, quiere decir que estamos pagando retención por la mano de obra.

Para completar nuestro mensaje debemos decir que su consumo se distribuye de la siguiente manera: un 10% en el mercado interno, otro 10% se consume como semilla y el resto se exporta. Estos datos precisos orientaron al equipo de Guillermo Moreno a determinar que el ajo formaba parte de la canasta básica de los argentinos; a raíz de esto se saca el reintegro que tenía este producto de 4,05%. Este reintegro se le daba al sector por ser mano de obra intensiva y que, culturalmente, en nuestro territorio es la mano de obra inicial para resto del año. Se empieza con el ajo y se termina con la vid y la manzana.

De acuerdo con los costos que arroja el INTA, sumando los costos del campo y cosecha, la caja de ajo debería valer 14 dólares. El sindicato está solicitando un 20% de aumento por las circunstancias que estamos viviendo, así que a costo deberíamos sumarle 1.68 dólares, más el 5% de retenciones correspondientes.

Debemos agregar que en estos tres últimos años -2005 al 2008-, semillas, fertilizantes, herbicidas, cubierta, etc. han recibido un aumento del 375%, sin contar que en el mismo período el gasoil tuvo un 85% de aumento. Sin tener la percepción científica de los equipos de Moreno, desde el sentido común de un productor primario vemos, por un lado, la inflación y, por otro, la distorsión que produce este impuesto a la venta, que por la retención pone a esta producción en un peligro cierto. Brasil no sólo devalúa frente a esta situación internacional (Brasil es el principal comprador de nuestro ajo) sino que no toma medidas proteccionistas; esto quiere decir que nosotros, frente a ese mercado, debemos ganar con la calidad y el precio.

Esto nos está indicando que la situación internacional, la inflación y los impuestos distorsivos juegan en contra de la primera producción anual que tiene el productor mendocino.

Otra situación que completa el cuadro es que el ajo en nuestra provincia lo compra el exportador. Funciona como el mercado a término de este producto porque en la mayoría de los casos financia a sus productores y se encarga de liquidar los impuestos aduaneros para exportar el producto. Entonces consideramos tres aspectos:

1) No tendrían que existir las retenciones porque esto no es como la producción granera. A mí me están cobrando una retención a la madera, mano de obra, etc., que en casi todos los casos va a incidir en los precios pagados al productor. Esto es lo que pasa en la realidad.

2) Cuando Brasil no nos compra y el ajo queda en los campos, aparecen en el mercado los compradores volátiles, tanto de San Juan como de Brasil, que se hacen el negocio porque el productor no tiene a quien venderle. Esto pasó en la temporada 2007-2008.

3) Se fomenta la integración de los productores con el objetivo de agregar valor a su producción primara para que la oferta de este producto no esté concentrada en pocos compradores.

Para nuestra economía y el impacto social que tiene este producto, lo ideal es no poner retenciones. Más cuando no se puede hablar de ganancias extraordinarias al ajo que, por el contrario, ha perdido competitividad. Esta hortaliza, lejos está de ser un “yuyo”. Lo correcto, si no se sacan las retenciones, es que se le devuelva al que la pagó, ya sea a productores en su liquidación o al exportador. Y, vía reintegro, se devuelva el otro 50% de la retención que no está contemplado en ese programa.

Ya es hora de que nuestros legisladores nacionales intenten transformar el impuesto a las ganancias de nuestra agroindustria en una inversión como se hizo con el champagne. El desarrollo tiene que ser local sino queremos que se vaya nuestra gente.

(El autor es el presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco)



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