Por estos días, las noticias más importantes, además de la inseguridad, están relacionadas con las subas de precios de alimentos o insumos básicos y el consiguiente cálculo de inflación que cada uno hace para protegerse de este flagelo.
Muchas veces la información y los ciudadanos tienden a simplificar el análisis y a buscar un elemento que explique rápidamente la situación. Así, en estos días hemos escuchado broncas por el precio de la carne, de la leche y de los combustibles. Además, los temores por los anunciados aumentos de tarifas, le ponen otro condimento extra a una situación en la que muchos tienen miedo, algunos dicen que estamos en la gloria y otros anuncian el Apocalipsis.
En realidad, lo que está pasando no es otra cosa que la consecuencia de los manejos arbitrarios del Estado sobre las variables económicas y una lectura poco realista de la situación internacional.
Hoy estamos comenzando a ver las consecuencias de haber fogoneado el consumo para mantener altas tasas de crecimiento de la demanda, mientras se ponían torniquetes que no permitían el crecimiento de la oferta.
Desde el gobierno se desgañitan pidiendo mayores inversiones a los empresarios, pero a renglón seguido toman decisiones que no estimulan de ninguna manera dichas inversiones.
Lo que hoy está quedando claro es que el gobierno les ha hecho una guiñada a algunas empresas para que aumenten los precios de sus productos, antes de que tengan que firman un pacto social que tendería a congelar los precios y todos tratan de cubrirse para que el congelamiento, al menos, no los encuentre atrasados.
El caso de los combustibles es uno de ellos. En un año el precio de las naftas “premium” se actualizó en un 50% aproximadamente, mientras que el resto de los combustibles lo hicieron a una tasa menor, pero también importante. A pesar de ello, el precio de nuestros combustibles es un 30% menor al precio internacional.
El problema es que con las retenciones aplicadas a las exportaciones tanto de petróleo como de combustibles, les sacaron a las empresas algunas ventajas que podían aprovechar del precio internacional y eso las llevó a aumentar el precio al público con la guiñada del estado.
En el caso de la leche se da otra paradoja. Por estos días, las empresas procesadoras están informando aumentos de precio mientras el gobierno no les permite e estos mismos aumentar el precio a los tamberos con el argumento de que de esa manera no habrá que aumentar.
Esta forma cínica de manejar las variables es la que termina confundiendo al público. Con lo de la leche el tema es más grave, porque descomprimen a los grupos internacionales y pretenden ponerle un precio al productor pyme, al tambero. Este hombre hoy está ante una encrucijada, ya que por una cuestión de costo de oportunidad tiene posibilidad de sacar más provecho de su campo eliminando el tambo poniendo soja, como ya hicieron muchos.
Pero todo esto es consecuencia de una política errática en materia de precios, ya que quien estimuló la inflación fue el propio gobierno, que luego pretende poner correctivos en forma arbitraria con un funcionario que amenaza con armas de fuego a los empresarios.
Todo esto recién comienza. Este invierno le echamos la culpa a los tomates, a la papa y al zapallito. Hoy es la leche, la carne y los combustibles. No hay equivocarse, el único culpable es el gobierno, ya que es quien dispone del monopolio de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria como para producir lo que hoy soporta la población.
Cristina Fernández recibe de su marido una herencia de manejo poco serio y demagógico. Pero es la única que no podrá quejarse de la herencia recibida, salvo que la considere causal de divorcio.
Las pequeñas crisis que tapan el bosque
Los continuos aumentos de precios son la consecuencia de las políticas aplicadas por el gobierno, que benefician a algunos empresarios en detrimento de toda la población.