"Chau, querida": Dilma Rousseff, a punto de ser destituida

El controvertido juicio contra Rousseff divide desde hace meses al país. Los simpatizantes de la mandataria volvieron a salir a las calles a protestar.

Foto: Publicada por El Comercio
Foto: Publicada por El Comercio

La suspendida presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quedó hoy al borde de su destitución definitiva en el controvertido juicio político en su contra.

La votación que debe sellar el "impeachment" de Rousseff tras cinco años y medio en el poder tendrá lugar finalmente este miércoles, después de que el Senado decidiera aplazar hoy la sesión final a mañana, tras más de 12 horas de una intensa jornada.

La destitución de Rousseff por cuestionadas acusaciones de haber cometido irregularidades fiscales se da por descontada, en medio de la grave crisis institucional brasileña. Los opositores de la líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) aseguraban en Brasilia que ya tienen la mayoría de dos tercios (54 de 81 senadores) necesaria para sacarla del poder.

Una treintena de legisladores se pronunciaron hoy ya contra la mandataria. En la Cámara se contaba desde temprano con un sesión maratónica, ya que los 81 senadores tienen derecho a una intervención de hasta diez minutos para explicar su decisión. De ellos, 66 habían pedido la palabra hasta la noche de hoy.

Medios brasileños estimaban que los opositores de Rousseff, encabezados por su vicepresidente y actual jefe de Estado interino, Michel Temer, alcanzarán al final casi 60 apoyos. La presidenta reunía en las estimaciones en cambio sólo 20 de los 28 votos que necesita para sobrevivir al proceso de "impeachment".

En caso de que Rousseff sea destituida, su ex socio de Gobierno Temer asumirá el cargo hasta las elecciones de 2018.


El líder conservador del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) preparaba en los últimos días ya su estreno internacional como presidente oficial en la cumbre del G20 que se celebra en China el 4 y 5 de septiembre. Temer, muy impopular entre la población brasileña, quiere volar hacia el país asiático para las reuniones previas de la cumbre apenas se concrete la destitución de Rousseff.

La presidenta, de 68 años, asumió el lunes personalmente su defensa en la que fue posiblemente su última comparecencia como jefa de Estado ante el Senado, con un aguerrido discurso final.

"Estamos a un paso de la concretización de un verdadero golpe de Estado", dijo Rousseff, que acusa a Temer de "traidor" después de que éste se volviera contra ella en marzo para apoyar el "impeachment".

La mandataria se quedó sola en los últimos meses en los bastidores del poder en Brasilia, pero también en las calles. Sólo un 13 por ciento de brasileños apoyaba al Gobierno antes de que Rousseff fuera suspendida en mayo inicialmente por seis meses, con el país sumido en una recesión económica que se espera conduzca este año a una contracción del 3,3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Muchos críticos de Rousseff se congregaron en Brasilia en los últimos días para celebrar su caída con la frase "Chau, querida" escrita en pancartas, una consigna sacada de una conversación telefónica entre la presidenta y su mentor político, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que se ha convertido en el grito de guerra de la oposición.

El juicio contra Rousseff divide desde hace meses al país. Los simpatizantes de la mandataria volvieron a salir hoy a las calles a protestar. 

Los manifestantes se enfrentaron con la policía en la metrópoli financiera Sao Paulo, según el diario "Folha de Sao Paulo". En la ciudad habían sido sido arrestadas ya varias personas el lunes.

El proceso contra Rousseff es controvertido, porque las irregularidades de las que se le acusa ya eran frecuentes en otros Gobiernos. La presidenta está acusada de "delitos de responsabilidad" por las llamadas "pedaladas fiscales", como se conoce en Brasil a los trucos contables para maquillar el déficit público.

Los seguidores de Rousseff sostienen que la oposición usa eso como excusa para dar un "golpe parlamentario" contra un Gobierno salido de las urnas. La propia presidenta rechazó el lunes otra vez el juicio.

"La acusaciones dirigidas contra mí son meros pretextos", dijo Rousseff, que apuntó a las sospechas de corrupción que pesan sobre sus adversarios políticos, entre ellos varios miembros del PMDB.

El proceso de "impeachment" tiene lugar en medio de un escándalo de corrupción en torno a la petrolera semiestatal Petrobras, que salpica prácticamente a toda la clase política brasileña, incluidos el PT de Rousseff.

La presidenta, que no está en el blanco de ninguna investigación, reivindicó el lunes sin embargo su imagen de política honesta, que ni sus más acérrimos rivales han cuestionado abiertamente. 

Por Isaac Risco, Dpa