Playa, samba o caipirinhas. Todo el mundo conoce sus maravillas, pero Brasil ofrece también pequeñas pesadillas a sus ciudadanos y visitantes, que llegarán por miles durante el Mundial de fútbol de 2014.
Las carencias de los aeropuertos, el tráfico en las grandes ciudades y los problemas de los cajeros con algunas tarjetas internacionales son problemas con los que Brasil convive a diario y que, probablemente, se incrementarán durante el mes que dura el torneo futbolístico.
"Lo que me preocupa son los aeropuertos, cómo vamos a recibir a las personas que van a venir. El mundo va a estar en Brasil", advirtió a dpa el ex futbolista Denilson, campeón del mundo con Brasil en 2002 y actualmente comentarista en la televisión Bandeirantes.
Grandes proyectos de reforma, modernización y ampliación no se han completado, lo que obligará al gobierno a adoptar esquemas especiales para asegurar que los problemas no afecten a las delegaciones y visitantes esperados para el Mundial.
La Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC, el ente regulador del sector), anunció un conjunto de medidas que incluirán sanciones a empresas, propietarios de aviones y hasta pilotos que dejen de cumplir las normas y horarios de aterrizajes y despegues.
"La crítica a los aeropuertos es absolutamente legítima. Son aeropuertos muy malos, como espacio, atención y todo. Lo que va a pasar es habrá un esfuerzo colectivo del pueblo, de la nación, para ser hospitalaria, para ser agradable, que corrige mucho de esto", dijo a dpa el ex vicecanciller brasileño Marcos de Azambuja.
No son "hospitalarios" muchos de los cajeros automáticos con los que los visitantes se encuentran en los aeropuertos de las principales ciudades brasileñas.
"Problemas de lectura en la banda magnética" u "Operación cancelada" son algunos de los mensajes que devuelven las máquinas expendedoras cuando no se utilizan tarjetas locales, lo que dificulta el acceso al dinero en metálico a quienes llegan de fuera.
Tampoco es precisamente fluido el tráfico de ciudades como Río de Janeiro y Sao Paulo, donde millones de vehículos transitan por sus calles cada día.
Las colas de coches pueden llegar a medir más de 100 kilómetros en los días más pesados de tráfico a la salida y entrada de Sao Paulo, una megalópolis de 11 millones de habitantes, la más grande de Brasil.
Tanto es así, que en los últimos tiempos aumentó a gran ritmo el negocio de los "helitaxis", que trasladan por el aire de azotea en azotea a los que pueden permitirse pagar el servicio.
Río no es mucho mejor, pues la ciudad-balneario está encajada entre la playa y la montaña.
"El tráfico está muy complicado acá, especialmente por la mañana y por la tarde", admite Beto, un veterano taxista, que cree que la situación empeorará aún más durante el Mundial.
"Sí, porque habrá mucha gente en la ciudad. Se cerrarán muchas calles y se va a complicar mucho el tránsito. Si hay protestas, será todavía peor. Nadie logrará moverse."
Las pequeñas pesadillas de Brasil
Todo el mundo conoce las maravillas del país organizador del mundial. Pero no todo es playa, samba o caipirinhas: Brasil también ofrece pequeñas pesadillas a sus ciudadanos y a los turistas que en los próximos días llegarán por miles para vivir el gran evento deportivo.