Francisco: "Jamás fui de derechas"

En una entrevista con la revista jesuita "Civiltá cattolica", el papa Francisco habló de política, del papel de las mujeres y pidió tiempo para hacer las reformas con las que sueña.

La entrevista dará qué hablar. Se trata de 6 horas de charla entre el director de la revista jesuita "Civiltá cattolica", Antonio Spadaro, y el papa Francisco, quien se definió a sí mismo como “un pecador” y negó haber sido "de derecha".

"Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener poblemas serios y a ser acusado de ultraconservador".

"Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas". 

Por si no quedara claro, Bergoglio insistió: “Esta es la definición más exacta. Y no se trata de un modo de hablar o un género literario. Soy un pecador en quien el señor ha puesto sus ojos".

Durante la charla, el papa criticó a una Iglesia a la que considera "obsesionada" con el aborto o el matrimonio gay. También pidió tiempo para hacer las reformas que sueña para "curar heridas y consolar corazones" y no dudó en vaticinar una mayor presencia del "genio femenino" entre las jerarquías del clero.

"No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar".

Gays: "heridos sociales"

Sobre los homosexuales, a los que definió como "heridos sociales", Francisco ha dicho que el deber de la institución que lidera es "acompañarlos con misericordia". Subrayó además que "no podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos".

"En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos 'heridos sociales', porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso".

Fiel a su estilo, ilustró su idea con una anécdota: "Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: 'Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?'. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia".

"Esta es la grandeza de la confesión: que se evalúa caso a caso, que se puede discernir qué es lo mejor para una persona que busca a Dios y su gracia. El confesionario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que podamos. Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?".