Quien quiera comprender la transformación geopolítica vivida por el mundo en los últimos 50 años recibirá un curso intensivo este miércoles, cuando Barack Obama haga su primera visita oficial a Berlín como presidente de Estados Unidos medio siglo después del legendario viaje que hizo John F. Kennedy en 1963.
El célebre "Ich bin ein Berliner" (Soy un berlinés) pronunciado entonces por Kennedy podrá inspirar a Obama en el discurso que ofrecerá ante la emblemática Puerta de Brandeburgo junto a la canciller Angela Merkel. Pero aunque a Obama le guste mostrarse como un nuevo Kennedy, los paralelismos no pasarán de lo simbólico.
Si en 1963 Alemania y Estados Unidos iniciaban un romance agitado y crucial en un mundo bipolar, hoy viven un amor de madurez, sólido, previsible y por momentos aburrido. Berlín ya no es el corazón de la Guerra Fría, sino la ciudad más efervescente de Europa. Y el destino ya no se juega en Alemania, sino en Asia o en Sudamérica.
"Las expectativas concretas de la visita son más bien pocas", explica por eso Josef Braml, experto para Estados Unidos de la Sociedad Alemana de Política Exterior.
Fuentes de ambos gobiernos destilan el mismo escepticismo. "A Washington le interesa impulsar la relación transpacífica más que la transatlántica", formula Braml.
Los hechos apoyan esa visión. Obama esperó más de cuatro años para hacer su primera visita oficial a Berlín. El demócrata es el primer presidente estadounidense en décadas que tarda tanto en viajar a la capital alemana.
Su segundo mandato comenzó en cambio con fuerte acento latino y pacífico. Este año viajó a México y Costa Rica y recibió en la Casa Blanca a los presidentes de Chile, Sebastián Piñera, y de Perú, Ollanta Humala, con los que impulsa la Asociación Transpacífico (TPP) para liberalizar las economías de la región Asia-Pacífico.
También se espera en Washington en los próximos meses a la brasileña Dilma Rousseff y posiblemente al uruguayo José Mujica. Obama mandó además al vicepresidente Joe Biden a Colombia, Brasil y Trinidad y Tobago y al secretario de Estado John Kerry a la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Guatemala.
Otro motivo limita las expectativas de la visita, según el experto Braml. "Obama es un presidente que tiene las manos atadas en materia de comercio, energía y economía. Está bloqueado por el Congreso".
"Por eso, importa poco que su relación personal con Merkel sea buena o mala. Lo que importa son las estructuras y los intereses de cada país. Y las nuevas estructuras indican que Estados Unidos tiene más intereses económicos en Asia y el Pacífico que en Europa".
Pese a todo, el encuentro que mantendrán Merkel y Obama a mediodía del miércoles en la Cancillería no deja de ser una cumbre entre dos de los líderes más poderosos del mundo y entre dos países que siguen viéndose como aliados cruciales, al menos a nivel político.
Según la agenda confirmada por Berlín y Washington, ambos analizarán la escalada en Siria, respaldarán el inicio de las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos y comentarán la crisis en la eurozona.
Obama también explicará a la líder cristianodemócrata (CDU) el escándalo por el espionaje de la Inteligencia estadounidense a internautas, un tema siempre sensible para un país obsesionado con la privacidad y las libertades civiles como es Alemania.
Por la tarde, Obama se reunirá con el principal rival de Merkel en las elecciones generales del 22 de septiembre, el socialdemócrata Peer Steinbrück. Los analistas coinciden en que esa cita no eclipsa el efecto positivo que la visita tendrá para la canciller en plena campaña electoral.
A partir de entonces llegará el terreno en el que Obama se mueve con mayor destreza: el simbólico. El primer presidente negro de Estados Unidos pronunciará un discurso ante unos 4.000 invitados ante la Puerta de Brandeburgo, símbolo del Muro que dividió Alemania y el mundo durante tres décadas, pero también de su reunificación.
"Hablará en la parte oriental, algo que habría sido imposible hace 50 años", destacó Ben Rhodes, consejero adjunto de Seguridad Nacional de Obama. "Es un verdadero símbolo de la amistad que todos hemos forjado juntos".
El presidente, reconocido orador, centrará su discurso en la historia conjunta de la OTAN y los desafíos que la Alianza Atlántica afronta en el siglo XXI, anticipó Rhodes.
El discurso es también una pequeña revancha personal de Obama. En 2008 ya intentó hablar ante la Puerta de Brandeburgo, entonces como candidato demócrata a la presidencia, pero Merkel no se lo permitió.
Entre tanto la primera dama estadounidense, Michelle Obama, visitará el sitio conmemorativo al Muro de Berlín y el Monumento del Holocausto junto con sus dos hijas. Más detalles simbólicos en una jornada que ofrecerá más atractivos a medios y curiosos que a analistas y políticos.
Fuente: Pablo Sanguinetti, Dpa.