Perú: el pasado que persigue a Keiko Fujimori

Hace diecinueve años Alberto Fujimori, el padre de la candidata presidencial, tomaba una decisión que fue aplaudida, por aquel entonces, por la mayoría de los peruanos: disolvió el Congreso y cerró el Poder Judicial. Ese último domingo de vacaciones escolares, la mayoría de los padres de familia se dieron con la sorpresa de que al día siguiente sus hijos no podrían asistir al colegio hasta nuevo aviso por decisión del presidente de la Republica.

Aquella noche, el ingeniero Fujimori utilizó la cadena nacional para difundir la noticia que desencadenaría el rechazo del mundo entero. Perú se sumergía aún más en una crisis económica e institucional que lo alejaba de las posibilidades de atraer inversiones extranjeras.
 
Ese último domingo de vacaciones escolares, la mayoría de los padres de familia se dieron con la sorpresa de que al día siguiente sus hijos no podrían asistir al colegio hasta nuevo aviso por decisión del presidente de la Republica.
 
El mensaje no había terminado de ser difundido cuando tanques y portatropas del Ejército copaban los principales edificios públicos de la ciudad: el fantasma de los golpes militares de los años setenta pasaba por la mente de muchos peruanos que habían visto retroceder al país debido a esas interrupciones de la democracia. Fue una señal de alarma de lo que vendría después.
 
En la actualidad, Keiko Fujimori niega la posibilidad de cerrar el Congreso y excusa a su padre calificando a los congresistas de 1992 como "egoístas", lo que había motivado la drástica decisión. Años más tarde, aquel "autogolpe" puede jugar en contra de su candidatura.
 
Uno de los principales cuestionamientos hacia la congresista es su falta de experiencia política (tiene 35 años), aunque también le reprochan falta de veracidad en algunas declaraciones.
 
Los detractores de Keiko creen que indultará al ex presidente, que actualmente purga una condena por delitos de lesa humanidad cometidos en Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), aunque la candidata niega categóricamente que en caso de llegar al poder perdone a su padre.
 
Su labor parlamentaria no la avala. En las elecciones del 2006 fue elegida como congresista. Sus números como legisladora la comprometen: tiene 400 inasistencias y sólo logró que se le aprueben cinco propuestas, es decir, una por año. Fujimori se defiende argumentando que se ausentó 180 días por maternidad y aduce que su bloque partidario ostenta muchos más proyectos de ley aprobados.
 
Uno de los puntos que aún no han sido aclarados por Keiko y su familia es el pago de su educación y la de sus hermanos. En 1993, viajó a Estados Unidos para estudiar en la Universidad Estatal de Nueva York. Luego se trasladó a la Universidad de Boston donde obtuvo el título en Administración de Negocios en 1997. Según las declaraciones juradas presentadas por su padre y ratificadas por ella, esa costosa educación se pago con la venta de un inmueble. La contradicción surge cuando se verifica el año de trasferencia de la mencionada casa: 1999.
 
El sueldo del presidente Fujimori -declarado por él mismo- ascendía a dos mil soles peruanos, es decir, 700 dólares según el tipo de cambio de ese momento. Sin embargo, se calcula que la educación de Keiko costó alrededor de 219.481 dólares, cifra similar a la que habrían gastado por sus hermanos Hiro, Sachi y Kenyi.
 
La detención del máximo líder de la agrupación terrorista Sendero Luminoso, la estabilidad económica del Perú y la apertura de las inversiones son logros con los cuales Keiko Fujimori puede sumar puntos a su favor.
 
Esta corriente política, así como tiene fervorosos seguidores, también tiene acérrimos detractores, y el voto anti-Fujimori puede ser clave a la hora de determinar las aspiraciones de Keiko, una de las mejor posicionadas para entrar al ballotage.