Libia y la primavera árabe

La iniciativa adoptada por una coalición de países árabes y occidentales, incluyendo España, para resolver la crisis en Libia, en ejecución de las resoluciones 1970 y 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ha de inscribirse en el marco de los acontecimientos que tienen lugar en la ribera sur del Mediterráneo. Cierto, era suficiente para justificar dicha intervención, basada en un mandato expreso de Naciones Unidas, el imperativo humanitario de frenar los ataques del régimen libio sobre su propia población.

Ahora bien, incluso más allá de la razón ética, reflejada en el principio de la "responsabilidad de proteger", la reacción de la comunidad internacional ha de entenderse, para cobrar pleno sentido, en un contexto más amplio. De no haber decidido frenar a tiempo la represión ejercida por el régimen del coronel Gadafi, se corría el riesgo de que la todavía frágil "primavera árabe" quedara condicionada, puede que fatalmente, por la prolongación de un estado de virtual guerra civil en Libia, con sus resonancias en la región. La plena comprensión de lo que estamos viendo en ese país requiere, por tanto, que hagamos un breve ejercicio de memoria y de analogía histórica.

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