¿Le conviene al mundo la renuncia de Mubarak?

Un análisis pormenorizado se hace cada vez más necesario para entender el foco del conflicto en los estados árabes. Egipto, nuevamente se ha erigido como el catalizador de nuevas formas de entender la democracia.

Preguntas y respuestas de una nación que se encuentra de nuevo en la boca del mundo. Foto: AP/Boston Globe
Preguntas y respuestas de una nación que se encuentra de nuevo en la boca del mundo. Foto: AP/Boston Globe

Con el paso del tiempo, se suma una mayor cantidad de noticias contradictorias relativas a la situación de Egipto que han empezado a llamar la atención sobre la conveniencia internacional de la dimisión del presidente egipcio, Hosni Mubarak.

Desde las declaraciones llevadas a cabo por el primer ministro de Israel, Simón Pérez, en el que temía que la lejanía del poder de Mubarak podría caldear los ánimos en Oriente Medio, la opinión internacional ha empezado a considerar otros carices de esta problemática.

Otro caso a tener en cuenta, son las tibias declaraciones del aún más tibio presidente norteamericano. Las pronunciaciones a favor de la democracia, no exteriorizan una voluntad que prevea una posición al respecto.

A esto se le suman los discursos por cadena nacional egipcia emitidos por la Iglesia Copta, en la que instan a las masas que abandonen las marchas y vuelan a los hogares. El pedido de los clérigos, se sustenta en el temor de que el alejamiento de Mubarak le deje el camino libre a los Hermanos Musulmanes y su declarada intransigencia.

Entonces: ¿hasta qué punto le conviene a la sociedad internacional el fin del régimen instaurado en el Cairo? ¿Beneficia en algo a la Región? ¿Será posible una transición democrática en un país que no cuenta con una tradición constitucional?


Las naciones musulmanas

Los dichos de Pérez aún no paran de retumbar en los oídos de quiénes tienen intereses en Medio Oriente.

Una paz construida, a pesar de pequeños conflictos aislados y alejados de las principales fuentes energéticas, se ha constituido en la base de un equilibrio más que anhelado.

El conflicto palestino-israelí y su incidencia en las fronteras, como en el Líbano con el grupo Hamas, no se mantiene estancado tanto gracias a las políticas de ambos gobiernos, sino más bien a la presión que ejerce el gigante egipcio.

El modelo de país fuertemente armado y conciliador, ha servido hasta el momento, como barrera de los fugaces y disminuidos alzamientos armados de grupos extremistas dispersos en esa zona tan conflictiva.


El frente interno

A las preocupaciones del patriarca Shenuda III, por las posibles represalias de grupos radicales musulmanes, se suma el problema multiétnico que ha caracterizado a Egipto dentro de la región.

No son pocos los credos y las agrupaciones políticas que temen que una salida furtiva de Mubarak del poder, deje al país a merced de un sin fin de conflictos que no puedan resolverse por las vías democráticas.

Esto se debe fundamentalmente a la falta de tradición del pueblo egipcio en materia electoral y de derechos civiles.

Es que los ejemplos no abundan en ese lado del globo. Son pocos los países que han avanzado en materia de derechos humanos, y sobre todo en la superación de costumbres que dañan el respeto hacia las instituciones.

Esta falta de madurez democrática, sumada a la polarización de ciertos grupos extremistas que gozan de cierta adhesión y respaldo, y la inestabilidad creciente de la región, torna bastante complicada la situación del país.

Por lo tanto, no está de más que volvamos a la pregunta original e intentemos replantear hasta qué punto es positiva la presión que se hace para que Egipto, cambie tan bruscamente de gobernantes.

La respuesta se irá deshilvanando con el paso de los días y el acondicionamiento de los ánimos. No es una tarea menor la que enfrenta esta tierra, cuna de civilizaciones.

Por: Horacio Yacante