Catorce meses dan para mucho o para casi nada, y el 'caso Madeleine' ha tenido más de lo segundo que de lo primero. Por eso, es probable que hoy el Fiscal General de Portugal, Fernando Pinto Monteiro, ponga punto final a la investigación de la desaparición de la niña británica, Madeleine McCann, a través de un comunicado previsto para las 17.00 horas.
La falta de pistas, el estancamiento del caso y el cansancio de policías, investigadores y de la propia Justicia son algunas de las razones que llevarán al Fiscal a tomar la decisión de dar carpetazo a uno de los casos más mediáticos de los últimos tiempos.
También se barajan otras posibilidades, aunque ninguna con tanta fuerza como la de archivar la investigación. La Fiscalía podría también abrir nuevas diligencias o investigaciones, o comenzar un proceso judicial, opciones que casi están descartadas después de varios meses sin ningún indicio nuevo sobre qué le pudo ocurrir a la pequeña.
De cumplirse las expectativas de los medios informativos lusos y la Fiscalía pide el cierre del caso, los 'arguidos' o sospechosos serán liberados de esa condición y el siguiente paso será el fin del secreto del sumario, prorrogado ya varias veces, cuando concluya un periodo de posibles apelaciones. De esta manera, Gerry y Kate McCann, los padres de 'Maddie', volverían a ser inocentes después de casi un año como sospechosos.
Lo mismo ocurriría con Robert Murat, el tercer sospechoso del caso. Este británico, de 33 años, y que vive con su madre cerca del apartamento donde desapareció Madeleine, fue declarado sospechoso después de que una periodista inglesa le denunciara por su raro comportamiento. Ahora, y al igual que otros muchos, ha sacado tajada de la historia y varios medios ingleses tendrán que compensarle con más de 700.000 euros por difamación.
Por otra parte, es más que probable que si se archiva el caso el secreto de sumario sea levantado. El contenido de las investigaciones no ha sido hecho público hasta ahora, aunque la prensa portuguesa ha difundido algunos supuestos fragmentos de las conclusiones policiales, que revelan la falta de pruebas concluyentes para incriminar a los sospechosos o esclarecer lo que ocurrió con la niña.
Esta semana algunos medios insistieron en que los análisis de ADN de los presuntos restos de sangre y olor a cadáver de Madeleine, que hicieron a la Policía sospechar de los padres, arrojan un grado elevado de certeza pero no llegan al 100 por 100 necesario para sostener una acusación.
Las autoridades policiales y judiciales lusas apenas han emitido tres comunicados y han comentado el caso en un par de entrevistas, en las que siempre subrayaron que las investigaciones no aportaban pruebas concluyentes contra nadie ni aclaraban lo sucedido el 3 de mayo de 2007.
Aquella noche, nueve días antes de su cuarto cumpleaños, Madeleine McCann desapareció del apartamento donde dormía junto a dos hermanos menores, mientras sus padres cenaban en un restaurante cercano con varios amigos.
Pese a la campaña internacional sin precedentes que se organizó para buscarla, con donaciones de varios millones de euros, la niña nunca fue encontrada y los padres regresaron precipitadamente al Reino Unido en septiembre pasado, cuando la policía los consideró sospechosos de su posible muerte accidental.
Una fundación, un blog, una página web, carteles, pegatinas... La marca en el iris de uno de los ojos de la pequeña recorrió medio mundo y provocó que los McCann entraran en el mismo ojo del huracán de la prensa. Su vida privada, su familia, su capacidad para ser padres, sus empleos... Todo fue criticado, todo salió a la luz.
Kate y Gerry, una pareja de médicos británicos muy católicos, han defendido siempre su inocencia y creen que su hija fue raptada y que las autoridades no deben abandonar su búsqueda, como sucederá si el caso es efectivamente cerrado.
El último intento de la Policía portuguesa por aportar luz a las investigaciones fracasó en mayo pasado, cuando no logró realizar una reconstrucción de la noche de los hechos por la negativa a volver a Portugal de algunos de los amigos que acompañaban a los McCann en sus vacaciones en la costa del Algarve, al sur de Portugal.
Tras ese último intento los investigadores lusos, que habían pasado de colaborar estrechamente con los padres a filtrar todo tipo de sospechas sobre ellos, parecieron arrojar la toalla y reconocer que no podían avanzar en sus hipótesis.
Fuente:Agencias/El Mundo