En el servicio, que recuerda la llegada de Cristo a Jerusalén la semana antes de ser crucificado, el pontífice pidió a los fieles a rechazar la codicia y el egoísmo.
"¿Nuestra fe es lo suficientemente pura y abierta?," preguntó el Papa, sentado en un estrado frente a la Basílica de San Pedro, usando vestimentas de color rojo, blanco y dorado.
"¿Tal vez dejamos que los ídolos, a través de distintos medios, entren en el mundo de nuestra fe?," añadió.
Hablando a miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro en un día nublado, el Papa recordó la rabia de Cristo al encontrar cambistas y mercaderes en el patio de un templo de Jerusalén como un recordatorio de la codicia que debe ser erradicada.
Presidiendo el tercer Domingo de Ramos de su pontificado, su predecesor Juan Pablo II falleció después de la Pascua del 2005, Benedicto XVI encabezó una procesión de cardenales y obispos que llevaron hojas de palma en la Plaza de San Pedro para comenzar las celebraciones.
Posteriormente el Papa bendijo las ramas de palma y olivo, símbolos de paz, con agua bendita. El pontífice cerró las celebraciones con un emotivo llamado para poner fin a la violencia en Irak, recordando la muerte de un obispo caldeo católico secuestrado cuyo cuerpo fue encontrado la semana pasada en la norteña ciudad de Mosul.
El Domingo de Ramos marca el comienzo de la Semana Santa de ocho días que culmina el Domingo de Pascua, la fecha más intensa en el calendario litúrgico de La Iglesia Católica Romana.
El Jueves Santo, el Papa presidirá dos misas para conmemorar la Ultima Cena de Cristo con sus apóstoles.
El Viernes Santo el pontífice llevará a cabo dos servicios conmemorando la pasión y muerte de Cristo, incluyendo una procesión de Via Crucis (Camino de la Cruz) alrededor de las antiguas ruinas del Coliseo Romano.
El Papa llama a examinar la fe
Benedicto XVI llamó a los católicos a considerar si los deseos mundanos han corrompido su fe, en la conmemoración del Domingo de Ramos ante una multitud.