Dany Jiménez es uno de los periodistas especializados en música más importantes del país.Con más de 30 años en los medios, tanto gráficos como radiales, se convirtió en uno de los divulgadores de rock más respetados de las últimas décadas.
Pero tantos años en el medio también exige una reinvención. La industria de la música cambió, como también cambiaron los hábitos de consumo y acceso a la información.
Dany, el hombre de radio que se supo hacer un lugar en la noche de Vorterix durante más de una década detrás de su programa Delicias de un charlatán, supo que su lugar como comunicador no solo se acotaba a los medios de comunicación. Así, gracias a las redes sociales, comenzó una interacción con sus seguidores que lo llevó a encarar otros proyectos: charlas, talleres y hasta un city tour por los lugares emblemáticos del rock nacional.
Actualmente, es el director musical de la emisora creada por Mario Pergolini y lo acompaña en las mañanas de Maldición va a ser un día hermoso, además se encarga de la programación musical de Vorterix. Esta faceta en particular, la de curador musical, es la que lo trae de regreso a la provincia de Mendoza. Jiménez será parte de los festejos este jueves por un nuevo aniversario de la calle Arístides Villanueva y estará pasando una exquisita selección de música.
Con esta excusa como disparador, Dany se prestó a un mano a mano con MDZ Online donde hablamos sobre su amor por el periodismo, sus inicios y los cambios en la industria musical.
Dany Jiménez y Mario Pergolini en el estudio de Vorterix.
- Luego de varias visitas a la provincia de Mendoza con tus charlas sobre historia del rock, esta vez venís en modo curador musical. Vas a estar pasando música. ¿Disfrutás de esa faceta?
Creo que diste en la clave. Lo que hago es “pasar música”. Es muy diferente al laburo que hace un DJ todos los fines de semana y que básicamente trabaja de eso. Es como que hay una cuestión profesional muy importante y me parece fuerte adjudicarme el mote de Dj en relación a los que se dedican realmente a eso. Yo no lo hago de manera regular. Me encanta el concepto de pasar música, que de alguna manera es musicalizar un momento. Es como armar una playlist de Spotify para aquel que, en este caso, lo pueda disfrutar en la calle mientras camina o charla con otro. Me gusta mucho porque uno va viendo cómo, a partir de lo que vas programando, podés ir moviendo el pulso de la gente que está ahí presente. Es una experiencia increíble. Por eso pienso que el laburo de DJ es un laburazo.
- Pero pasar música también tiene sus dificultades. Dentro del universo de canciones que existen solo podés elegir algunas. ¿Cuáles?
Lo complicado es que uno no sabe los gustos del que está ahí. No sabés si le gusta Bruno Mars o le gusta The Clash. Por eso para estás ocasiones tan especiales tengo algunas playlists que no fallan, donde hay momentos de música funk, momentos de soul, luego pasas por la música disco y ahí ya podés meter algo de electrónica. Vas armando el arco sonoro para ir construyendo el clímax que querés generar. Pero básicamente es elegir temas que les gusten a la gente y lograr que se muevan un poco.
- Hablando un poco sobre la profesión del periodista. Reconozco que somos muy afortunados los que podemos trabajar de lo que nos gusta. Pero cuando se une el laburo con el hobby, hay momentos donde dejás de disfrutarlo. ¿Te pasa? Como que no cortás nunca.
Dios le da pan al panadero. Esta es una frase acuñada por mí que explica un poco esto. Debo reconocer que tanto laburo hecho te aplaca un poco las ganas. La última vez fui al Music Wins Festival, no a laburar, y lo disfruté. Al no estar en modo laburo, te relajás más. Cuando estás laburando hay detalles que tenés que reparar si o si: ¿cómo se armó la lista de canciones?, ¿hubo invitados?, ¿tocaron temas viejo o temas nuevos?, ¿cuál es el concepto estético que usaron en el escenario?, ¿cambiaron de instrumentación? Todos estas cosas las tenés que tener en cuenta a la hora de una cobertura. Estar muy atento a todo lo que pasa. Cuando vas en modo espectador te podés entregar un poco más. Pero es verdad que llega un punto, después de tantos años laburando en recitales y festivales, que te vas dando cuenta que disfrutás más un concierto en un lugar chico que un estadio o festival. A mí me genera más adrenalina un recital para 200 personas. Esa experiencia de tener a los músicos al lado. Eso se pierde en escenarios grandes o festivales.
Dany Jiménez junto a Mario Breuer.
Te doy un ejemplo. El show de Rammstein en River. Me tocó verlo al lado de Skay Bellinson y la Negra Poly (guitarrista y manager, respectivamente, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) y me acuerdo que la Negra comenta que lo que veía era como la ópera del siglo 21. Y la verdad es que yo en un momento no sabía si el sonido del bajo era el instrumento o si lo hacía el teclado. Sonaban como cinco guitarras pero arriba del escenario habían dos. Y me acuerdo que le dije a Skay que me gustaría verlos a estos pibes en un lugar chiquito. Es decir, con el tiempo fui descubriendo en los lugares pequeños una mayor conexión musical, mucho más cercana y verdadera.
Pero volviendo a la pregunta, sí, a veces cuesta, pero en una es como que te desligas de estar alerta, aunque no podés dejar de estar alerta del todo. Yo me voy de vacaciones a Santa Teresita o a Mendoza, donde vos quieras, y vas a un parador y están tocando dos pibes. A mí me cuesta no ver que están tocando, porque yo como soy músico, encima paso música y escribo sobre música. Digo “che, que bueno esos dos temas que pegaron”, “metieron un bit parejito”,”mirá qué interesante eso”, “mirá el acorde que está haciendo”, entonces sí, me cuesta un montón despegarme de lo laboral en algún sentido. Es inevitable.
- En tu caso particular vos unís las dos facetas: el periodista y el músico. ¿Cómo lo vivís internamente?
Yo empecé casi las dos cosas al mismo tiempo. Comencé a escribir fanzines para mis amigos a los 17 años. Ya tenía un alma periodística que después, con el paso de los años, fui cultivando. Pero a la vez empecé a tocar y también a hacer radio. Todo a la misma edad. Entonces para mí son cosas que van muy de la mano. Si bien tengo cada una en su casillero, y es muy real que la banda que tengo es poco conocida y me hice más un nombre como periodista, pero como son cosas que las empecé a hacer casi al mismo tiempo las vengo desarrollando de la misma manera.
El tema es que después del 2001, una de las bandas que tenía dejó de tocar y en 2003 empecé a laburar para Rolling Stone. A partir de ese momento me entregué totalmente al periodismo.
Dany Jiménez en su faceta como músico. Aquí, como invitado de Funky Torinos.
Pero vos sabés que me costó un montón sacarme el famoso aura de “el periodista que se muere por tocar”. Me acuerdo de un show de Kapanga en la Trastienda. Los invitados eran Andrés Jiménez de A.N.I.M.A.L, Piti de Las Pastillas del Abuelo y yo. Y estábamos los tres en el camarín y yo, como que los miraba y decía “estos son músicos en mayúsculas y yo soy periodista que viene a tocar”. Y me acuerdo que vino Maykel y me dijo “no boludo, vos estás acá porque cantás bien. Legitimate como músico y relajá, boludo”.
Me llevó un tiempo entenderlo y creérmela un poquitito. Eran mambos míos. Ahora como que relajé y puedo disfrutar más mi faceta como músico.
- Siempre fuiste un melómano, desde muy chico. Por la edad que tenés pudiste atravesar el cambio de la industria del formato físico al actual formato digital. ¿Qué pensás sobre la forma en la que se consume hoy la música? Esto de tener a disposición lo que quieras en el momento que quieras.
Si yo tengo toda la música que quiero a disposición en el momento que quiero, como es ahora con las plataformas digitales, yo soy feliz.
Yo pasé un montón de tiempo, hasta el 2001 que llegó el caño bruto de internet, para poder acceder a música que siempre quise escuchar, incluso música que no conocía, y la verdad que lo celebro. Vos pensá que antes solo podías comprar cinco discos al mes y podías escuchar ocho como máximo porque alguien te los grababan o prestaban. Imaginate si yo ahora te digo que solo podés escuchar nada más que cuatro discos al mes, te volvés loco. Que vos tengas a disposición toda la música que querés escuchar es innegociable.
Sí me alegra el hecho de haber vivido el momento donde el disco era un objeto preciado, porque había toda una aventura en la persecución de ese material. Yo he viajado 15 kilómetros porque me enteré que en un barrio tal alguien tenía un disco de Jethro Tull o iba a un lugar acá en Buenos Aires, en el Parque Rivadavia, a comprar cassettes grabados. Y creo que esa aventura de la persecución de la música o del arte en formato de un vinilo, era fantástica porque implicaba un montón de cosas. Esto es como tener una discoteca muy grande, parecido a aquel que tiene una bodega gigantesca, son tus tesoros.
Sumado a esto hay otra cosa muy valorable. La música salía de lo que vos tenías en la mano. Es decir, salía o de un disco o de un cd o de un cassette. Si no salía del objeto, no salía. Vos te comprabas un vinilo y hasta que no llegabas a tu casa y lo ponías solo tenías el arte del vinilo, nada más. No sabías cómo sonaba hasta que lo pusieras en la bandeja. Dependía del objeto. Yo creo que esa persecución romántica del objeto, por lo menos para mí, era fabulosa y agradezco haberla vivido.
De hecho yo creo que se me metió tanta música en la cabeza porque soy de una generación donde el cassette tenías que escucharlo completo. Era así. Tenías que esperar que terminara y después ponías el otro lado. No podías elegir el track, algo que si podías hacer en el vinilo o el cd. Entonces, para llegar al tema cinco del lado A que te gustaba, tenías que pasar por cuatro temas anteriores. Tenías esa experiencia sensorial y auditiva que te iba preparando para esa canción.
- Pero hoy se perdió un poco el tema del disco como concepto.
Si, es verdad. Los artistas hoy piensan en un single, que generalmente tienen un video, y entonces ya ese tema te tira hasta el próximo mes y medio, hasta la próxima canción que vas a lanzar. La obra quedó un poco de lado. Yo también reconozco que me cuesta escuchar discos nuevos completos. Es una experiencia que ha cambiado y se ha modificado, pero también al mismo tiempo creo que se acaba más rápido. Yo no sé si se están haciendo muchas obras para la posteridad. Hoy recordamos discos de hace 15, 20, 30 o 40 años atrás. Pero creo que tiene que ver con los consumos y con la forma en la cual nosotros consumimos entretenimiento y consumimos contenido. Pasa también en las series. “El jugo de calamar”. La gente se tiraba de los balcones por verla. Y hoy ya pasó. No sé si en diez años vamos a hablar de esa serie como un ícono.
- Y la escena actual, ¿cómo la ves?
Yo creo que ahora estamos viviendo un cambio en la escena. Yo hace muchos años no veía una escena como la que hay actualmente en Buenos Aires de post-punk por ejemplo. Doom mujer, Mujer Cebra, El Club Audiovisual, Winona Riders, La Real Academia, Riel, Plenamente, Socorro. Hay un montón de bandas y con muchas mujeres al frente. Hacía un montón que no veía una escena rockera así a nivel general, pero digo, en Buenos Aires puntualmente, está sucediendo.
- Entonces el rock no está muerto
Lo que no está hoy es la cultura rock. Vos ves un show de Trueno y es un concierto de rock, estilísticamente hablando. Después está mezclado con trap y un montón de otras cosas. Pero digo, estilísticamente es lo mismo. Yo creo que esa cuestión de cultura rock es la que se corrió después de 60 años. Hay que estar seis décadas a la vanguardia o al menos como movimiento recurrente.
Después, bandas de rock, hay un montón. Yo te puedo nombrar como 30 bandas que hacen rock y que no las conoce nadie… y son buenísimas.
Lo que perdió el rock es ser un estilo prioritario. Pero antes era inevitable. Hoy no. Lo que pasa es que hoy habría que preguntarle a los pibes y las chicas nuevas por qué no eligen el rock como primera opción y por qué eligen el rap o el trap. Básicamente es una cuestión de elección. Al rock no le sirve que Las Pelotas siga siendo una banda referente. Sirve para que estén, por el legado, por lo que son. Lo que al rock le sirve es que salgan pibes de 19 años haciendo propuestas que sean irreverentes y refrescantes.