Mirtha volvió con las mismas mañas y poca sal

La Chiqui tuvo en su mesa a parte del elenco de Guapas, la ficción que mañana estrena El Trece. Un debut de Legrand con poco impacto.

Y finalmente se produjo el anunciado lanzamiento de Mirtha Legrand en el Trece. Después de más de treinta años sin hacer sus almuerzos en ese canal, la Chiqui debutó con un programa liviano y con poco condimento.

Ni bien hizo su saludo al público, la legendaria conductora se encargó de agradecer a Daniel Vila y a las autoridades de América, en un acertado dardo hacia Jorge Rial y todos los que hablaron de la falta de agradecimiento de Mirtha con respecto a ese canal. Acto seguido; al elogiar la suntuosa escenografía que le preparó la gente de El Trece, en alusión al sector del estudio en el que ella hace la previa de la mesa, dijo: "¡Qué escritorio grande!, no como la mesita chiquita que tenía antes de la que tanto me quejaba". Así, de un minuto a otro, pasó de agradecer a los directivos de su anterior casa (América), a tratarlos de precarios y amarretes.

Con un diseño de Jorge Ibañez, la Señorísima recordó al recientemente fallecido modisto. "Yo voy a hacer ahora mi programa, y me voy expresar libremente. Tal vez más adelante llore". Ese clima de emoción se vio automáticamente neutralizado cuando Legrand leyó un cartón con sus palabras de despedida a Ibañez. Llama la atención que ella, toda una conocedora de atmósferas lacrimógenas, haya optado por un formato tan estructurado para referirse al tema.

La introducción se hizo larga, cosa habitual en el almuerzo inicial de cada temporada. Más allá de su indudable oficio, a Mirtha le costó entrar en ritmo y no tardó en verduguear a los técnicos y asistentes en el estudio. "Ríanse chicos, yo necesito clima. Bueno que tampoco sea forzado". Demás está decir que, a partir de ahí, toda referencia de la diva fue "forzosamente" festejada.

Después de una extensa lista de agradecimientos a todos los que mandaron flores, bombones y tarjetas por el retorno; Mirtha presentó a sus invitados. El primer almuerzo 2014 se planteó como promoción de la tira Guapas que El Trece estrena mañana. Y allí se sentaron a la mesa: Araceli González, Carla Peterson, Isabel Macedo, Mauricio Dayub y Dady Brieva.



El almuerzo transcurrió mayormente con fluidez. Mirtha volvió a hacer gala de su vitalicio oficio de interruptora, y como es habitual se transformó en absoluta protagonista del programa dejando poco margen de lucimiento a sus invitados. Los pasajes más distendidos y anécdoticos de los actores sentados a la mesa fueron el punto más rescatable. Por supuesto no faltaron los temas de rigor: drogas, inseguridad, bullyng, tocs; los últimos dos tópicos abordados a partir de productos televisivos y teatrales protagonizados por dos de las figuras presentes.

¿Y los momentos incómodos?. La Legrand auténtica es esa que hunde su tenedor en el ojo del comensal. Esa aparente maniobra es, para bien o para mal, su marca registrada. Lo primero que le dijo a Araceli González: "Se te ve feliz con tu nuevo matrimonio. Lástima que no me invitaste a la fiesta de casamiento, y yo que tenía el regalo y todo". A lo que Araceli simplemente pudo responder: "Mirtha no me hagás sentir mal". La ex de Suar no fue la única damnificada, en un momento el pinchazo fue para Carla Peterson: "Lousteau (marido de la actriz) nunca me saluda. Me lo encuentro cada tanto y nunca ni hola señora". Embate que Peterson minimizó con naturalidad y altura.

¿Y la Mirtha anti oficialista?. Todos esperaban el momento de diatriba "legranesca" contra nuestra presidenta. Aparentemente habrá que esperar al próximo domingo, cuando se sienten a la mesa Lanata y Longobardi. Por ahora la conductora se limitó a decir: "Yo no he venido a este canal a criticar al gobierno. Cuando lo tenga que hacer, lo haré. Pero no me han contratado para eso como muchos dicen por ahí".

Una mesa que, sin cortes comerciales, se extendió durante más de dos horas y media. Con números favorables de rating, y una sensación final de gusto a poco. Veremos cómo sigue la cosa. Ya que la Señora no quiere quedarse en su casa en pantuflas, podría al menos ponerle más sal y pimienta a su almuerzo dominguero. Sabemos que ella puede. Será cuestión de poner el plato más a punto.