Una flor para María Gabriela Epumer

Fue una artista talentosa, llena de creatividad y carisma. Estaba pasando su mejor momento y Mendoza la estaba esperando para verla en el Quintanilla. Hace nueve años que Mapu se fue, pero sigue acá gracias a sus canciones.

en Twitter: @wgazzo

Era la que brillaba. Ya le había sucedido en Viudas e Hijas de Roque Enroll, esa legendaria banda formada por María Gabriela en la guitarra, Mavy Díaz en voz, Claudia Sinesi en bajo, Claudia Rufinatti en teclados y Andrea Alvarez en la batería.

Su voz era distinguible y si bien en ese grupo hacía coros, se encargó de escribir la mayoría de las canciones junto a Mavi Díaz.

Convengamos que su historia familiar tenía mucha música: su abuelo fue guitarrista del tanguero Agustín Magaldi; su hermano Lito tocó en Spinetta Jade y Madre Atómica, entre otros grupos; su tía (hermana de su madre) es Celeste Carballo. Y su bisabuelo fue nada menos que un cacique mapuche.

Con las corcheas y las fusas en su sangre, la chica no tardó en mostrar su talento y recién a fines de 1983 pudo dar el salto con Las Viudas.

Después varios años de giras y discos, la banda llegó a su fin. Fue guitarrista de las bandas de Celeste Carballo, Sandra Mihanovich, colaboró con Spinetta, estudió con Robert Fripp hasta que apareció la mano mágica de Charly García, que la invitó a ser la guitarrista principal de su banda. En ese rol se mantuvo desde 1994 hasta su muerte.

Fue allí, en esa popularidad que le dio García, que el mundo rockero argentino empezó a apreciar todo el talento musical de María Gabriela.

Mientras tanto, intentaba llevar adelante una carrera solista. Editó los discos A1 Señorita Corazón, Perfume y el EP Poquetpop y se mostró con su banda ate miles de personas en el Campo de Polo porteño, en el Hot Festival (2001) nada menos que antes de Oasis y Beck.

Le gustaba mucho Mendoza. Tenía muchos amigos y cada vez que estaba en la provincia la pasaba muy bien. Incluso, en marzo del 2003, pasó de visita por acá porque quería organizar un show. Se enamoró del teatro Julio Quintanilla. Decía que era el lugar “justo” para hacer un show íntimo y poderoso a la vez.

En la mañana del 30 de junio del 2003 nos despertamos con la noticia que María Gabriela, Mapu, había muerto. Tenía 39 años. Fue víctima de un paro cardiorrespiratorio mientras era atendida en el hospital Francés.

Nueve días antes de morir se le había dicho que padecía gripe, al ser visitada en su casa por un servicio de emergencias que le recetó antibióticos.

Pero un día más tarde la homeópata suspendió esa medicación y el 28 de junio la cantante concurrió a la guardia del Hospital Alemán, donde dos médicas, una clínica y una radióloga, volvieron a diagnosticarle gripe.

Un día más tarde, Epumer fue atendida por el jefe del sector, que le recomendó reposo en su domicilio y finalmente el lunes 30 murió en el Hospital Francés.

Hasta el día de hoy no se sabe bien que pasó. Nadie dijo porqué murió María Gabriela. Pero lo cierto es que su voz se acalló y su guitarra dejó de sonar. Hoy sólo hay discos –inconseguibles como “Compilady”- que la recuerdan.

Pero aquellos que la conocimos bien la mantenemos viva en nuestro corazón.

Vaya una flor para la bella María Gabriela, Chipi Chipi, la dama que nos supo conmover con su guitarra y su canto.