por Leandro Mattanó
Todos la conocemos y la admiramos como una de las bandas más espectaculares de la historia del rock. Pero…¿de dónde salieron semejantes músicos? ¿Cómo se formó la banda que inventó el rock como hoy lo conocemos?
Sin duda para desentrañar la génesis de la formación de Led Zeppelin tenemos que empezar por un hombre que nació en Heston, Middlesex, Inglaterra, luego se crió en Surrey, y que fue un niño ermitaño, hijo único y solitario. Lo conocemos hoy como Jimmy Page y cuando era niño se volvía loco con Elvis, con Chuck Berry, y con Buddy Holly. Luego de pasar por varias guitarras españolas y por una Hoffman Senator, finalmente convenció a su padre para que le comprara una copia barata de la Fender Stratocaster, de marca Grazioso. Sus aptitudes para la guitarra eran increíbles, ya en 1961 tocaba con “Neil Christian and the Crusaders”, y comenzó a ganar dinero tocando, convirtiéndose en el mejor guitarrista de sesión de Londres.
Se hizo famoso entre los músicos, incluso primero que Eric Clapton y Jeff Beck. Se dedico a mejorar los sonidos de guitarras malos de otras bandas, asesorado por el luego genio del sonido, Glyn Johns. Se agregó a una lista de guitarristas de estudio, y tocó en innumerables discos, sin que hasta el día de hoy muchos lo sepamos y quizás ni él recuerde.
El músico de estudio tenía un acuerdo tácito de anonimato y parece que a los Kinks no le hizo gracia que la prensa musical londinense rumoreaba que el riff de “You really got me” había sido hecho por Page. Recientemente, en un documental en el cual charlan Jack White, The Edge, y Jimmy Page se lo preguntaron y dijo: “mmm… algo recuerdo haber hecho en ese tema….”.
En determinado momento se cansó de ser músico de sesión y aceptó una de las tantas invitaciones a formar parte de un grupo: The Yarbirds, que habían perdido a Eric Clapton, y habían sumado a Jeff Beck, amigo de la infancia de Page.
En junio del 66 Page debutó como bajista de The Yardbirds pero duró poco en esa función. Debido a la inconstancia de Beck, pasó a la guitarra, y cuando Beck se fue, pasó a ser el amo y señor de los Yarbirds, ya con su famosa Telecaster 58 pintada psicodélicamente.
En esta época se filmaron las escenas de “Blow Up” de Antonioni, donde salen los Yarbirds rompiendo una guitarra a lo Who. Por un tema de representaciones, los Yarbirds quedan a cargo de una persona fundamental en la historia de Led Zeppelin: Peter Grant, de gran porte, que había sino extra en la película “Los Cañones de Navarone”. Un personaje de película. Sin él, Led Zeppelin no hubiera sido lo que fue.
Tratando de sacar un single, Micky Most (socio de Grant) traía a las sesiones a otro músico: un tal John Paul Jones, gran bajista e instrumentista al cual le llovía trabajo, pero que también estaba cansado de ser sesionista y al que Page lo conocía por haber tocado incluso juntos en algunos álbumes.
Los viejos Yarbirds se desarmaron y Page buscaba un cantante para el grupo. Le habló a un tal Terry Reid y éste le dijo que no podía, pero que conocía a alguien que podía recomendarle. Page le dijo a Jones: “Veo a ese cantante que me recomendaron y te aviso”. Era Robert Plant, que venía de estar en la “Band of joy” (que recientemente volvieron e hicieron un disco juntos).
Plant tenía barbita perilla, bigote, ropa de terciopelo y collares; con esta “Band of joy” tocaban psicodelia de San Francisco, y sus grupos preferidos eran Buffalo Springfield, Moby Grape, admiraba a Arthur Lee y su grupo Love por el álbum Forever Changes.
“Band of joy” tuvo tres versiones, y a la última se le había unido un baterista: un tal Bonzo. Luego Plant formó un dúo con Alexis Korner (el padre del blues blanco inglés), y tocó por Inglaterra hasta que se unió a una banda, los “Hobbstweedele”, en honor a la Trilogía de El señor de los Anillos de Tolkien que todo buen hippie leyó por esta época.
La voz de Plant era impresionante. Nunca Page había escuchado algo igual: ese aullido primitivo, esa voz, tenía todo lo que necesitaba el grupo: una voz blanca de blues como la de Rod Stewart (que cantaba en el Jeff Beck Group, y que había sido un modelo a buscar por Page, que luego, obvio, superaría) pero más loca, más salvaje. Le dijeron: “Te llamamos en una semana”.
Al aceptar la invitación, Plant le dijo a Page que conocía a un baterista que tenía que escuchar. Si, era Bonzo. Convencerlo no fue fácil. Lo vieron tocar, se volvieron locos, Bonzo tocaba con Tim Rose (aquel de la versión de “Hey Jude” antes de la que hizo Hendrix), y con varios más. Ganaba buen dinero, era el mejor baterista de Birminghan y pensaba que los Yarbirds eran algo de pasado. Al principio, no quiso saber nada.
Peter Grant le mando 8 telegramas para que se uniera a estos “New Yarbirds” hasta que un día contestó aceptando la invitación: el Zeppelin levantaba vuelo.
Se juntaron los cuatro, ensayaron y lo que empezó a fluir fue mágico. Había ahí reunidos un guitarrista profesional, que hacía libremente y sin indicaciones, sus primeros riffs, como él quería, sin ritmos predictados; un multiinstrumentista, bajista, tecladista, también profesional, que tocaba de todo lo que le pusieran en la mano, y lo hacía todo bien; un baterista salvaje que había aprendido de chico con una batería hecha de latas, que con las de verdad rompía los tambores por la potencia con que tocaba, que modificaba su batería con papel de aluminio para que sonara más potente, que tocaba con los “palillos” más grandes que existían, que hacía solos de batería con las manos y que tenía como ídolos a Keith Moon y a Ginger Baker; y un cantante con una voz única, irrepetible, desgarradora y amante del blues blanco y de la psicodelia americana. ¿Qué más se puede pedir?
Hicieron una primera y famosa gira por Escandinavia que empezó en septiembre de 1968 todavía como los “New Yarbirds” y ya sonaban “Train Keep a Rolling”, “Dazed and Confused”, entre otros. Fue el comienzo de la química. Ya sabían que la banda no se iba a llamar así y ahí fue que Page recordó que una vez el bajista de los Who les había hablado de un nombre para una banda: Lead Zeppelin (Zeppelin de Plomo), y para que los americanos no lean Leed, le sacaron la “a”, naciendo así el nombre de la banda que reinventó el rock tal como lo conocemos.
Luego, historia conocida: Led Zeppelin I, II, III, el mal llamado IV, “Houses Of The Holly”, “Psychical Graffiti”, “Presence”, “In through the out Door”, “Coda” y una serie de recopilaciones y directos que nos siguen volviendo locos a mas de 30 o 40 años de sus apariciones.
La historia en sí de Led Zeppelin es encantadora, una banda con códigos, cuatro genios, insustituibles, a punto tal que, desaparecido Bonzo, decidieron poner fin a la banda. Solo volvieron con el hijo de Boham tocando la batería, y en contadas ocasiones, casi siempre en homenaje ya sea al Sello Atlantic (su sello), y hace unos años, a su fundador.
La idea era conocer de donde salieron estos músicos, como se formó la banda, y por último, el consejo no está de más: ¡no dejen de escucharla nunca!