Ningún periodista ha estado en los últimos quince años más veces frente a frente con El Gitano. En recitales, durante extensas giras, en estudios de grabación y hasta en la mítica casona de Banfield, Graciela Guiñazú (de Crónica TV y autora del libro Sandro, el ídolo que volvió de la muerte) lo entrevistó una docena de veces y fue testigo privilegiado de cómo fue avanzando su enfermedad.
Aquí relata cinco momentos clave: la confesión de su mal, cómo comenzó a usar oxígeno para cantar, su regreso a los escenarios tras un paro cardiorrespiratorio en el 2002, sus confesiones tras el último show y cómo influyó el amor de Olga en su lucha por sobrevivir.
Madrugada del sábado 19 de septiembre de 1998. Roberto Sánchez, enfundado en su bata búlgara de Sandro, invita a pasar a su camarín del teatro Fundación Astengo de Rosario, una hora después de debutar con "Gracias… 35 años de amores y pasiones", recital que marcó su vuelta, tras 727 días sin poder cantar.
El ídolo está sentado de costado al espejo, de frente a unos pocos testigos, entre ellos su amigo, el periodista Héctor Ricardo García, el creador de Crónica TV, y yo, como enviada del canal.
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