Hace que la gente quiera saber de ella. Que si es virgen, que si se casa, que cuánto gastó en su casamiento o quién le hizo el vestido (fue Claudio Cosano, por cierto). Nadie escapa a la Wandamanía, tal como le llaman a este fenómeno creado alrededor de semejante explosión mediática. La pregunta es, ¿quién eligió a quién? ¿Fue el público el que se enamoró de Wanda, o al revés?
Estas cavilaciones que se ha planteado minutouno especulan que puede que sea el público el que la elige cuando sintoniza los programas de la tarde o entra a las páginas de Internet para ver las escenas exclusivas (que se van repitiendo medio por medio a medida que pasan los días). Pero también puede ser que sean los propios medios los que eligen a la ex niña virginal y actual señora de López.
Para la socióloga y analista de medios, Laura Etcharren, Wanda Nara es nada más y nada menos que una “construcción periodística” que fue legitimada por el público que sigue con fruición cuanto programa o publicación haya con su imagen. Pero si bien los medios pueden construir una imagen tan rápido como pueden tirarla abajo, Wanda tuvo la habilidad de mantenerse en escena el tiempo suficiente para hacer carrera como mediática.
“Ella se impone”, explica Etcharren, quien se refiere a las primeras movidas de Nara en los medios: mostrarse en los supuestos boxers de Maradona y después sostener con toda porfía que era virgen. “Juega con una dualidad brutal que pega en el imaginario colectivo”, señala Etcharren. "La gente la consume para salir de la vorágine diaria y entretenerse".
El resto es historia. Los medios ven el rating que produce esta chica de vocabulario simple y mucho “ángel”, como dice Etcharren. “Ella no quiere ser la próxima Norma Aleandro, sólo quiere salir en los medios y le salió bien porque entra bien en la televisión, donde se muestra pícara e inocente a la vez”, razona la socióloga.
De más está resaltar lo agudo de la mirada de Wanda sobre su propia evolución mediática: en una nota para la revista “Gente” avisó que se terminó su época de desnudos ahora que “tiene su nombre”, y el de su marido. Para los que la miran por TV, se trata de la historia de la Cenicienta completa con boda (no casamiento, boda), charla con la prensa a la salida de la iglesia y hasta tacos con campanillas a modo de zapatitos de cristal para ir al registro civil.
Wanda: una construcción mediática argentina
Se impuso en los medios y el público la compró como si se tratara de la última Barbie. No aspira a ser una gran artista, sólo quiere aparecer en la televisión. ¿Quién eligió a quién? ¿Fue el público el que se enamoró de Wanda, o al revés? Aquí el análisis, acompañado de fotos y videos.