Primero se difundió desde Medicine & Science que un trabajo científico hecho sobre nueve atletas que habían corrido durante media hora a un paso constante (pero no-lento) a los que se les hizo poner una pierna en un baño de hielo durante 15 minutos. Tras esa exposición a la terapia criofila, se midieron los parámetros fisiológicos en las piernas. Los resultados mostraron que la oxigenación de los tejidos en la pierna que había sido sumergida era mayor que en la otra. Es decir, el baño realmente funcionaba: la reducción de la inflamación en los tejidos musculares se acelera gracias al hielo.
A su vez, la Revista de Ciencia y Medicina en el Deporte midió la eficacia del método pero antes de la actividad física y se encontró que quienes no se habían sumergido en agua helada se agotaban más fácilmente. Por esto hoy más que nunca: ¡sí al baño de hielo!