Lo vamos a seguir diciendo hasta el cansancio: nada mejor que acercarse a la montaña, dejarse invadir por su prepotencia y caminar, no importa hasta dónde, caminar por ella hasta que nos diga algún secreto.
Dos andinistas sobre una huella y, al fondo, el duro acarreo del Stepanek.
Ya saben ustedes, ha llegado la primavera y, aceptada la evidencia, la nieve comienza a retroceder. Entonces, uno se da cuenta que la vida seguía latiendo por debajo, tímidamente por ahora, pero camino al estallido con el correr de los días...
La primavera abriéndose paso.
Si bien no fueron muchos, no faltaron los visitantes al paraíso poco frecuentado de las zonas un poco más arriba que los turísticos valles cordilleranos. Acá te mostramos algunos de los visitantes del fin de semana. Por cierto, algunos un poco más sacrificados que otros, pero todos con la inocultable sonrisa que deja la montaña.
Y un párrafo para un especial agradecimiento para quien o quienes construyeron un iglú en las faldas de Vallecitos y ahí lo dejaron: como una obra que, como todas, durará el tiempo que el sol así lo decida.
Los dejamos, entonces, con algunos de los protagonistas de la llegada de la primavera en nuestra montaña.
Toda la facha: Javier, Armando, Opi y Antonio, motoqueros de altura.
Laura y Katia Troncoso, con Patricia Ortega, salieron a caminar hasta La Veguita.
La familia Valdivieso, de Jujuy, recorriendo la cordillera de Los Andes.
Diego Carbonell fue a caminar a El Infiernillo para descansar del infierno de los tribunales...
Descalzos: Juan Pablo, la pequeña Luciana, Nati y Paula, hijos y sobrinos de Javier Bustos, el preparador físico del Tomba.
Fernanda y Marcela Díaz, hermanas disfrutando de Vallecitos.
Una vista de El Infiernillo, durante este fin de semana.
Nos pidió salir en la nota y le dimos el gusto.