El diseñador mendocino Facundo Rodríguez Navarro, creador de la cuenta de Instagram Tacón y Mantilla, combina su vocación de camarero de la Virgen con una mirada disruptiva sobre la moda mendocina y la identidad queer.
MDZ fue recibido en la intimidad de su hogar para realizarle la entrevista. Nos abrió las puertas de su departamento —un espacio meticulosamente diseñado donde los tonos de las paredes, los cortinados y un imponente espejo biselado de marco barroco dorado crean una atmósfera única— luciendo un impactante vestido rosado de su autoría, cuya pollera requirió más de cinco metros de tela y horas de confección, combinado con tacón blanco, aros a juego, un maquillaje delicado y un voluminoso rodete. En el living, presidiendo la escena, se erigía una imagen de la Virgen realizada y vestida por él mismo; ver a Facundo acomodar el cabello y los pliegues del manto con devoción absoluta transmitió desde el primer minuto un profundo respeto hacia su arte.
"Bueno, mi relación con la Iglesia Católica es desde niño, desde que nací prácticamente. Viene un poco por mi abuela, mi nona Angelita, que yo la suelo nombrar mucho en mis redes. Ella un poco es la mecenas de este artista y también la inspiración, y ha sido la que me ha acompañado en el camino de la fe. Yo soy una persona católica y practicante", comenzó relatando con la seguridad y calidez que caracterizan su tono de voz.
Mirá la entrevista completa que MDZ le hizo a este destacado diseñador mendocino que viste a las vírgenes
Esa conexión profunda con su devoción por la popular figura se consolidó en su infancia a través de un gesto de curiosidad artística. Movido por el deseo de comprender la estructura oculta bajo los mantos de las imágenes religiosas, moldeó con sus propias manos un modelo de arcilla inspirada en una estampa tradicional. "Yo quería saber qué tenía debajo la Virgen, debajo de la pollera. No por una cuestión con otro sentido, sino porque quería saber qué tiene una Virgen debajo de una pollera. Entonces, bueno, como pude me imaginé, la hice... era un palito literal hecho de arcilla", rememoró entre sonrisas al recordar cómo plasmó de forma rústica su primera aproximación al arte sacro.
"Y ahí yo empecé a mirarla a la Virgen con ojos de diseñador, con ojos de modista también, y bueno, empecé a investigar más de esto. Ya existía internet, estamos hablando del año, no sé, 2007, 2008, por ahí", explicó sobre el momento exacto en que nació el cruce entre su vocación religiosa y la Licenciatura en Diseño de Indumentaria y Textil, algo que abarcó prácticamente toda su vida, sus 32 años.
Los ornamentos sagrados y la vestimenta litúrgica
Su primer contacto con las imágenes en un templo formal se dio en la iglesia de Santo Domingo. "Se me puso en la cabeza que quería vestirla, entonces empecé como de a poquito a acercarme a la señora que la vestía y bueno, y así fui yo haciéndole vestidos ad honorem, y un poco eso también me ayudó a agarrarle la maña", relató sobre el oficio que en España se conoce como camarero.
"Porque yo siempre insisto que vestir una Virgen es un maniquí, más allá de la carga devocional que le colocamos los devotos, no deja de ser una estructura diseñada para ser vestida", detalló el profesional, añadiendo que al día de hoy es su trabajo, revelando que ya ha vestido a más de 20 imágenes religiosas.
Al abordar su presentación personal, que genera curiosidad al lucir prendas tradicionalmente femeninas sin abandonar sus rasgos masculinos ni usar pelucas, Facundo argumenta: "Yo soy un hombre, biológicamente soy un hombre que simplemente tuvo un encuentro con la moda también un poco poco convencional, y a raíz de eso se desarmaron todos los tabúes que yo mismo también había armado en torno a esto, que es simplemente tela, justamente".
Un puente entre el espacio eclesiástico y las redes
Sobre la creación de su perfil digital, expresó: "Surgió esta cuenta que es Tacón y Mantilla. Tacón es justamente porque yo amo los tacos, y mantilla por la Virgen, justamente. A mí no me gusta que me digan influencer, yo siempre digo que soy comunicador porque es lo que hago", marcando el afán de generar reflexión y responder al odio con maestría argumentativa.
"Ese es el mensaje. Si yo puedo, otro puede, y me ha llegado el testimonio de personas que encuentran en mí un sitio seguro, es decir, se ven tan solas pero piensan... Personas que piensan: 'Si no estoy solo, o sea, en alguna parte del mundo hay o un Facundo o hay un similar a un Facundo que tiene las agallas para ser básicamente, profundamente y plenamente feliz'", afirmó con soltura sobre el impacto de su trabajo.
Frente a la visibilidad de su perfil en Instagram, surgió de manera inevitable el interrogante sobre el impacto que su estética femenina pueda generar dentro del ámbito eclesiástico. En ese sentido, MDZ le planteó una pregunta profunda para poner en contexto la relación entre la Iglesia y la diversidad de la comunidad LGBTIQ+: "Lo que se interpreta como un varón con ropa de mujer es travestismo. ¿Esto te ha generado algún conflicto con la Iglesia? Sabemos que la comunidad gay en general no se siente abrazada por la Iglesia, de hecho es una institución que nos ha rechazado durante mucho tiempo. No sé si vos has ido a vestir a una Virgen vestido con ropa femenina o cómo interpreta la Iglesia o la gente que te llama para vestir a una Virgen lo que hacés en redes y que vos te muestres en la sociedad como te vestís".
A partir de este planteo, Facundo profundizó sobre su labor actual en el templo de la Virgen de la Merced, en el centro mendocino. "Yo actualmente estoy como camarero de Nuestra Señora de la Merced en Ciudad. La Merced se caracteriza por buscar al oprimido y al marginado. En esa iglesia me siento muy seguro; el último Viernes Santo fui con un vestido negro por la tradición española del luto, y una señora muy mayor me dijo emocionada que le recordaba a su bisabuela. Yo pensé que me iba a juzgar, pero no fue así", relató con profundo respeto sobre la aceptación y el cariño recibido en el templo.
Finalmente, el diseñador reflexionó sobre las tensiones y los prejuicios que aún persisten tanto dentro como fuera de la institución, reafirmando que su fe trasciende cualquier etiqueta superficial. "Comprendo que la Iglesia somos todos; entramos todos, gente muy buena y también gente que me ha hecho sufrir mucho por mi orientación. Pero yo voy vestido como soy porque para mí la Virgen es una figura materna que no me juzga. Obviamente el comentario negativo va a estar, pero no importa lo que vestimos, sino de qué está revestido nuestro corazón", concluyó, dejando en claro que Tacón y Mantilla se erige como un puente indispensable entre la fe católica y la comunidad queer.