Aunque el término “peige” llega desde el exterior, su esencia ya está instalada en Argentina. Diseñadores locales trabajan con neutros cálidos, beiges rosados y colores naturales que responden al paisaje y a la luz mendocina. Una tendencia que no se copia: se adapta y se vuelve identidad en el interiorismo contemporáneo.
El “peige” ya existe, pero con otro nombre
El color “peige” —una fusión entre rosa y beige— no se nombra así en Argentina, pero su concepto está plenamente vigente. Aquí se traduce en neutros cálidos, beiges tostados y colores tierra suaves que reemplazan al blanco frío y al gris plano. Más que una moda, es una evolución hacia espacios más habitables y emocionales.
Mendoza potencia esta tendencia natural
El contexto mendocino —paisaje árido, luz intensa y fuerte vínculo con lo natural— favorece estos colores. Por eso predominan variantes como beige rosado, arena, topo o greige cálido. Todos generan calma visual y acompañan materiales nobles como madera, piedra y textiles orgánicos, logrando interiores coherentes con el entorno.
Cómo lo aplican los diseñadores argentinos
Lejos de usar un único color, los profesionales trabajan en capas: combinan distintas intensidades dentro de una misma gama. El color se integra a los materiales y no se percibe aislado. Así, el “peige” se convierte en una herramienta para crear profundidad, calidez y una estética atemporal adaptada a la vida cotidiana.