Esta es de esas recetas que hacés en casa con cuatro cosas y cero estrés. La cebolla se vuelve dulce y suave, el queso se funde y la masa dorada te da el crocante justo. Además, como la tarta va "al revés", queda súper linda para llevar a una juntada o sorprender un domingo al mediodía.
Ingredientes:
3 cebollas grandes (blancas o moradas)
1 cda de azúcar común
1 cda de manteca
Un chorrito de aceite
150 g de queso cremoso
1 tapa de masa para tarta
Sal, pimienta y orégano a gusto
Paso a paso:
Cortá las cebollas en rodajas no muy finas. En una sartén grande (que después pueda ir al horno o usá una fuente), poné la manteca y un poco de aceite. Sumá las cebollas, sal, pimienta y el azúcar. Cociná a fuego bajo, revolviendo cada tanto, hasta que estén bien doraditas y caramelizadas (unos 20-25 minutos, tranqui, sin apuro).
Cuando estén listas, apagá el fuego y agregá el queso en pedacitos por arriba, que se derrita un poco con el calor residual.
Cubrí todo con la masa de tarta, como si fuese una tapa, y meté los bordes hacia adentro, sellando bien.
Llevá al horno precalentado a 200°C por 20-25 minutos o hasta que esté doradita.
La das vuelta como si fuera una torta y la cebolla caramelizada queda arriba, con ese brillo y ese aroma que te va a dar ganas de comerla de un bocado.
Invertida, dorada y gloriosa. (Foto: The Happy Foodie)
Podés sumarle unas aceitunas negras, tomates secos o un toque de tomillo si tenés a mano.