En el Ejecutivo nacional apuestan a que el proyecto de la reforma tributaria esté terminado antes de que termine este mes y que tenga la menor cantidad de modificaciones posibles. Es decir, que salga lo más parecido al texto original que presentó Nicolás Dujovne.
Sin embargo, en el Ejecutivo se abren a ciertas discusiones y para esperanza del sector vitivinícola, una de las principales modificaciones podría estar en el impuesto que se aplicará al vino. Es que en el Gobierno está dispuestos a discutir el tema, pero no a retirarlo del todo.
La Casa Rosada podría hacer algunos posibles retoques en las alícuotas o la posibilidad de hacerlos más graduales. Según iProfesional, no consideran que será necesario hacerconcesiones en los impuestos a la renta financiera, la venta de inmuebles, las deducciones de ganancias para autónomos, la reducción de ganancias del 35% al 25% para las utilidades reinvertidas, la devolución del IVA de inversiones, el pago a cuenta del impuesto al cheque y la reducción de aportes patronales.
Donde sí se harían cambios y en la que es considerada la madre de todas las batallas, es en el impuesto al vino y otros productos. Por ahora el proyecto considera el aumento de los impuestos internos a los vinos y sidras de 0 a 10%; del whisky, coñac y otras bebidas blancas, de 20 a 29%; de cervezas, del 8 a 17%, y de champagne de 0 a 17%.
Sin embargo, al abrir las puertas a estas negociaciones, también se les exigiría a los gobernadores que reduzcan los impuestos a los ingresos brutos, a los sellos y aduanas internas, para bajar la presión tributaria en un 1,5 o 2% del PBI en 2023. Éstos son 150.000 a 200.000 millones de pesos.