Dólares enterrados salen a flote

Aseguran que gracias al precio del dólar paralelo, más argentinos deciden cambiar billetes en avanzado estado de deterioro. Un proceso largo.

Escondidos en un colchón, en alguna lata de recuerdos o incluso enterrados en una maceta o en el jardín de una casa. Todo escondite parece válido para atesorar dólares. El problema es que ninguno de esos depósitos garantiza la conservación física de los billetes.

Por eso hay cada vez más argentinos que se encuentran con la situación de tener dólares, pero en pésimo estado de conservación, cuestión que les complica cambiarlos. Una de las opciones es cambiarlos en el mercado, pero siempre a  un valor menor al nominal (aseguran que se compran a cerca del 85% del valor).

El otro camino es el proceso oficial de cambio, para lo cual hay que recurrir a la Reserva Federal de Estados Unidos. Según una nota publicada en el diario Perfil, cada vez aparecen más argentinos planteando el problema.

Es que con el cepo al dólar y el aumento del precio del “blue” muchos quieren aprovechar para cambiarlos.

“El problema consiste es que los componentes de lino de ese tipo de papel absorben la humedad, aun dentro de un frasco cerrado, y los que peor la pasan son los que eligen las macetas. Hay casos de dólares quemados, cortados y escritos, entre otros”, explica el artículo.

Si no se consigue venderlos en el mercado ordinario, es decir en casas de cambio que admitan esos papeles (aún con descuentos) el otro camino es la vía oficial para reemplazar los billetes dañados por nuevos; pero el proceso puede llevar hasta dos años de demora. Para ello debe intervenir un banco local que tenga conexión con la Reserva Federal.

Los billetes deben viajar a Estados Unidos.Luego de pasar distintos controles y de separarlos según el deterioro, desde Estados Unidos se depositan los nuevos billetes en una cuenta del banco que hizo la gestión. Generalmente el proceso tiene un costo igual al 5% del valor total de la operación.

Según la nota de Perfil, Argentina y Rusia son los principales demandantes de ese servicio, como signo de la costumbre de ahorrar en dólares de las dos sociedades.