Lo bueno, si es breve, dos veces bueno. Es por ello, estimados amigos, que llegamos al final (por ahora) de la columna “Soy Emprendedor”. Desde ya muchas gracias por haberme acompañado a lo largo de estas siete entregas y prometo volver en no mucho tiempo con nuevo material y experiencias para compartir. En los sucesivos artículos que hemos desarrollado hemos visto temas relacionados con los aspectos macro o generales con la tarea de emprender, pero hay dos que todavía no hemos tocado y también son muy importantes:
- ¿Cuándo comenzar con una negocio particular? y
- Lo hacemos solos, con socios y cuál es la mejor manera de elegirlos.
A estos dos tópicos vamos a dedicar está entrega del final de nuestro primer ciclo.
a) ¿Cuál es le mejor momento para emprender?
Desde una perspectiva puramente del negocio, los resultados obtenidos del Plan de Negocios (que vimos en la entrega anterior) determinan si nuestro proyecto es viable o no y si es el momento indicado para ejecutar y llevar a la práctica nuestro emprendimiento. El Plan de Negocio responderá, entre muchas otras, preguntas tales como:
- ¿Es el momento de mercado indicado?
- ¿Podré competir, sobrevivir y alcanzar mis metas?
- ¿Cuánto capital voy a necesitar y cómo lo voy a conseguir?, etc.
Igualmente, ahora me quiero referir al momento personal indicado para comenzar con un nuevo negocio. Y en la respuesta claramente tenemos dos tipos de factores que influyen en este proceso de decisión:
Factores Internos, por ejemplo:
- Cuán contentos estamos con nuestra actividad actual.
- Qué evaluación hacemos de nuestras propias capacidades y si consideramos que las estamos aprovechando o no.
- Cuán motivados y preparados nos sentimos para comenzar un nuevo camino, un nuevo reto, que probablemente tenga, al menos por algún tiempo, más dudas que certezas.
Factores Externos:
- Cuál es el nivel de ingresos necesarios para mantener mi nivel de gastos, y obviamente aquí influye muchísimo si tenemos o no familia que mantener.
- Si tenemos ya otro emprendimiento o trabajo en relación de dependencia.
- Cuán importante es la oportunidad que se nos presenta y si esta puede perdurar o no en el tiempo (si es ahora o nunca).
- Si vemos algún hecho en el horizonte temporal que haga peligrar la estabilidad de nuestro trabajo actual, etc.
Como vemos, la temática está íntimamente relacionada con lo que desarrollamos algunas artículos atrás sobre cuáles eran las causas que nos llevaban a emprender un negocio propio. En este sentido, por ejemplo estar descontentos con nuestra actividad actual, tiene tanto que ver con que puede ser el momento donde uno debería cambiar de actividad, como con que además en el por qué de una decisión como esta.
Igualmente una persona que se encuentre en esta situación también evaluará por ejemplo su aversión al riesgo, y puede que decida cambiar de actividad pero no para iniciar un nuevo negocio sino para buscar un nuevo trabajo en relación de dependencia.
He visto muchos casos de muy buenas ideas que no se convierten en emprendimientos por el entorno que rodea a la persona que la ha desarrollado. Muchas veces por ejemplo el transitar una crisis matrimonial impide tomar este tipo de decisiones que sin duda puede llegar a modificar el esquema financiero, temporal y relacional de la familia.
En general y sobre todo para los emprendedores primerizos, lo que sugiero es acotar el riesgo. Para ello lo primero que se debe hacer en desarrollar la idea de negocio en el formato de Plan de Negocio. Si esto nos arroja más certezas que dudas, recomiendo seguir adelante con un esquema mixto de transferencia de recursos personales.
Esto quiere decir que si estamos trabajando en relación de dependencia, tratemos de comenzar con el emprendimiento sin dejar de realizar nuestra actividad actual. Por supuesto esto implica mucho más esfuerzo, porque deberemos duplicar el tiempo que asignamos al trabajo en general, deberemos afrontar más costos iniciales en el emprendimiento como el de alguna persona que nos suplante, etc.
Este doble esfuerzo se debería realizar hasta que veamos las suficientes señales de que nuestro emprendimiento está tomando la dirección deseada, en cuyo caso ya podemos desprendernos de nuestra actividad inicial. Si lo que vamos recibiendo en cambio son señales negativas, podría ser conveniente acotar el riesgo, retirarnos a tiempo sin grandes pérdidas, y seguir con nuestra actividad habitual hasta que surja una nueva oportunidad.
Obviamente que solamente hemos dado un ejemplo de las muchísimas combinaciones que se pueden dar en cuanto a situaciones personales, entorno y cómo encarar el nuevo emprendimiento. El momento “ideal” para lanzarnos como tal muchas veces no llega nunca, y hay casos que debemos comenzar aún en el caso que corramos un riesgo alto al inicio.
Igualmente el consejo final es buscar el momento y el modo “adecuados”, que si bien no son el “ideal”, tampoco nos lleva a tomar riesgos que pueden afectarnos no sólo a nosotros, sino también a nuestro entorno.
b) ¿Emprendemos solos o con socios?
En mi propia experiencia personal, en mis comienzos, todos los emprendimientos que he llevado adelanto los he compartido con uno o más socios. Obvio que esto no significa que este sea el ideal, pero quería compartirlo con ustedes.
Algunos factores a tener en cuenta para tomar la decisión de si buscamos socios o no para nuestro emprendimiento son los siguientes:
- ¿Cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir?
Como ya dijimos, emprender, y sobre todo por primera vez, es una actividad con no muchas certezas y donde el éxito no está para nada asegurado. Si comienzo sin socios, todo el éxito será mío, pero si fracaso, todos los costos serán sólo míos. Si el riesgo de lo que estamos emprendiendo es alto, no sería malo compartirlo con potenciales socios. Si el riesgo es alto, pero hemos desarrollado un plan de negocios de alto nivel que nos arroja muchísimas probabilidades de éxito, puede que la opción sea animarnos solos. Si el riesgo del emprendimiento es bajo, queda en cada uno hacerlo acompañado de socios o no.
- ¿Contamos con todas las capacidades necesarias para emprender con éxito?
Este tema es muy importante y generalmente una de las causas principales para buscar socios. Muchos negocios nacen de, además una idea u oportunidad, la sinergia que se produce entre diferentes aptitudes de las personas, me refiero al famoso “yo (que estudié para chef) me ocupo de la cocina y vos (que sos contador) de la administración y las ventas”. Si bien este es un ejemplo extremo, sirve para graficar como nacen muchas de las sociedades de emprendedores. No es malo hacerlo de esta manera, siempre y cuando, contemos con el Plan de Negocio que respalde el emprendimiento.
- ¿Contamos con el capital necesario?
Si estuviera escribiendo para un diario en USA, probablemente este ítem hubiera sido el primer punto a desarrollar en este apartado. Es que en el país del norte es casi un ritual salir a buscar socios capitalistas para llevar a la práctica ideas de negocios (y muchas veces esto se vuelve en sí mismo el fin del emprendimiento). No es necesariamente el caso de nuestro país. Pero sí seguro pueden haber emprendimientos (como los inmobiliarios) donde el capital necesario es realmente una barrera muy alta dados los grandes montos de dinero que requieren. En casos como este sin duda se necesita sumar socios que aporten capital, ya sea en forma directa o través de otras figuras como fideicomisos.
- Nos han invitado a participar del proyecto de otra persona.
Puede pasar que no seamos nosotros los que tenemos la idea innovadora, sino otra persona, pero puede pasar que poseamos alguna aptitud (capital, inteligencia, capacidad de gestión, conexiones empresariales o gubernamentales, etc.) que nos hace “atractivos” para ser invitados a participar en un emprendimiento, generalmente como socios del socio-fundador.
¿Socios o Empleados?
Hay que ser muy cuidadosos y reflexionar al momento de tomar la decisión de emprender con socios. Debemos tener en cuenta que un socio nos va a acompañar durante toda la vida del emprendimiento, y que esta relación puede pasar por muchas fases (buenas y malas) durante este periodo. En este sentido debemos tener en cuenta que es más fácil terminar la relación con un colaborador que con un socio.
Puede ocurrir que nuestro emprendimiento sea inviable si no buscamos un socio, ya que nuestra idea es capital-intensiva y nosotros no estamos en condiciones de endeudarnos por ese monto de dinero, lo cual nos lleva inevitablemente a buscar otras fuentes de financiamiento, por ejemplo con socios.
Los socios, como ya dije, son en principio socios hasta que la sociedad se extinga o alguno decida vender su capital accionario. Si bien al principio compartirán los riesgos del inicio del negocio con nosotros, también compartirán nuestro éxito. Y conozco muchas casos de personas que han iniciado negocios en sociedad que se han vuelto muy exitosos, y en el tiempo se han dado cuenta que “vendieron” muy cara la ayuda que recibieron al inicio, en términos de porcentaje accionario. Y esto lleva a disgustos, conflictos y puede acabar con la empresa misma.
Mi consejo es que hay que evaluar bien la decisión, pero siempre recomiendo buscar socios en los siguientes casos:
- Si nuestro proyecto es inviable ya sea técnica, comercial o financieramente sin socios.
- Si el riego implícito del proyecto es alto y no queremos asumirlo solos.
- Si no estamos en condiciones de incurrir en costos fijos de personal al inicio.
- Si la sociedad comercial es la continuación de otro tipo de sociedad, como una amistad o una relación.
- Por una cuestión de personalidad, es decir puede que te sientas mejor compartiendo la conducción del proyecto.
En el resto de los casos, depende de cada uno. Particularmente me guío mucho por el rol que ocupo dentro del emprendimiento. Si la idea de negocio es propia, hoy por hoy prefiero invertir en colaboradores o asumir riesgos medidos. Si la idea es de otra persona y soy invitado a participar, generalmente acepto ceder la mayoría accionaria al dueño original de la idea, ya que conozco la motivación que esto genera en el largo plazo.
Repito que cuando comencé a emprender, siempre preferí hacerlo con socios, y principalmente no por una cuestión de riesgos o aptitudes, sino porque la sinergia que se generaba en el marco del trabajo diario con mis socios hacía que nos motiváramos mutuamente para seguir adelante e ir por más.
La decisión, mis queridos amigos, depende de cada uno de ustedes.
Hay muchísimo más para hablar sobre este tema, pero sería un artículo demasiado extenso para este medio, por lo que los voy a dejar planteados dos tips más para que los tengan en cuenta:
- ¿Qué condiciones debería tener un buen socio?
- ¿Son nuestro familiares o amigos los mejores candidatos a socios?
Nuevamente, queridos lectores, gracias por acompañarme, hasta pronto.
Dedicado a Juan Pedro (mi angelito) y Thiaguito (mi pequeñito hermoso).
A Lulita y Manu (siempre en mi corazón).
A Martincito (que ya llega!).