El debate respecto de los tributos municipales en la Ciudad de Mendoza lleva de la mano otro que afecta seriamente a nuestro país: la constante degradación de las instituciones republicanas.
El aumento o no de las tasas municipales en todo caso constituye un síntoma que puede responder a diversos factores: la inflación creciente, la proximidad a un proceso electoral en ciernes con la consiguiente necesidad de aumentar la recaudación para encarar obras de corte electoral, etc.
Ahora bien, el verdadero problema es la franca retirada del legislativo en la fijación de las políticas tributarias y su absoluta ausencia respecto del control al ejecutivo en esta materia, apartándose del espíritu sostenido en nuestras Constituciones.
Emilio Bertolini, consejal de la Capital.
Hace ya varios años, aunque se ha incrementado notoriamente en el último lustro, que el acto de aprobación de la ordenanza tributaria municipal por parte del Concejo Deliberante implica un mero acto formal desvirtuado por la lógica partidocrática y donde en verdad no se discuten políticas sino que se certifica, cual escribanía, un acto emanado del ejecutivo municipal.
A esto hay que agregar la creciente concentración de poder que demanda el ejecutivo Municipal lo que habitualmente se materializa en amplias delegaciones legislativas sin limitación alguna de tiempo, materia, etc. avaladas por una mayoría automática y que van desde potestades para aumentar los impuestos, hasta tomar crédito, implantar o suprimir tributos.
De manera que el Concejo Deliberante, donde están representados los distintos sectores y siendo quien debe legislar en esta materia, permanece totalmente ajeno al gobierno municipal y sobre todo al control que constitucionalmente debe ejercer respecto del Ejecutivo comunal.
En fin, la capital no escapa a la lógica que ha dominado al gobierno nacional los últimos tiempos, donde la centralización del poder en el Ejecutivo a través de los llamados “superpoderes” ha minado seriamente la calidad institucional y el federalismo. Pero también y sobre todo nuestra democracia en virtud de la exponencial concentración de poder de los Ejecutivos en desmedro de los órganos colegiados: congresos, legislaturas y concejos deliberantes.