La transformación ocurre en la estación de tren subterráneo de la Séptima Avenida y la Calle 49, en una esquina tranquila junto al ascensor.
José Luis Vásquez se quita la chaqueta y los zapatos y saca su disfraz de una bolsa de lavandería. Se pone grandes zapatos negros, pantalones rojos brillantes y una camisa blanca con un corbatín amarillo. Lo último que se pone es la cabeza, destaca el diario The Wall Street Journal.
Transformación completa: de inmigrante indocumentado peruano con un conocimiento tenue del inglés al personaje estadounidense quizá más emblemático de todos los tiempos, Mickey Mouse.
"Con el disfraz, la gente se me acerca, me abraza, me besa, me sonríe", dijo recientemente en castellano mientras trabajaba en la esquina de Broadway con la Calle 48 oeste. "Cuando no tengo puesto el disfraz, la gente no me habla. No te ven", agregó Vásquez, de 42 años.
Vásquez es parte de una comunidad de inmigrantes —en su mayoría indocumentados— que se ganan la vida tomándose fotos con turistas en las esquinas del centro de Nueva York. Al haberse evaporado los empleos con el bajón económico, más inmigrantes se han visto obligados a suplementar sus ingresos con el trabajo, o incluso hacer que sea su ocupación de tiempo completo.
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