Mitos sobre la Inflación

En estos días de aumentos de precios, donde el impacto en el bolsillo se siente cada vez más, se escuchan muchas opiniones, de las más originales y disparatadas.

Tratemos de ver los mitos e incongruencias que se dicen sobre el mal que aqueja a la economía argentina. Para empezar definamos el término como lo hace cualquier manual de economía, la inflación es el proceso de suba generalizada y persistente del nivel general de precios de una economía. Es decir, hay inflación cuando suben todos los precios (o la mayoría) y el aumento es continuado (no uno, ni dos meses sino mes a mes durante un largo período).

A partir de eso analicemos algunas opiniones que se dicen por ahí:

Hoy la culpa es de la vaca, ayer del tomate y mañana vaya uno a saber. Si volvemos a la definición nos damos cuenta de la falacia. La suba de un producto, muchas veces en forma estacional, no implica una suba generalizada. Lo que ocurre es que los fuertes incrementos de precios en algunos bienes ponen de manifiesto el proceso inflacionario. Si solo subiese la carne, habría una suba moderada del nivel general de precios.  

El gobierno no tiene la culpa de la inflación (Moyano dixit). En un país que no tuviese dinero y el comercio se hiciese por trueque sería imposible que haya inflación. Para que se dé este proceso, si o si tiene que haber dinero. En Argentina el encargado de su emisión es el Banco Central, que tiene injerencia del gobierno de turno. Además si el gasto público mantiene tasas de crecimiento que rondan, dependiendo el mes entre el 30 y 40% anual, aumentando así la demanda de bienes y servicios, es de esperar un impacto sobre los precios.

La culpa es de los monopolios. Cuando los mercados tienen pocos oferentes (uno solo en el caso del monopolio) los precios tienden a ser más altos. Pero, una vez más, volvamos a la definición de inflación, la suba de precios debe ser continuada. Como bien demuestra la teoría económica, el “monopolio” puede poner precios más altos, pero no tiene la capacidad de subir los precios todos los meses.  Más aún, ¿por qué motivo este proceso se daría en Argentina y no en otros países del mundo?

Para frenar la inflación hay que hacer un ajuste. Probablemente una política antiinflacionaria implique bajar la tasa de crecimiento del gasto público, pero NO necesariamente reducirlo en términos nominales. Es decir, en lugar que crezca al 30 - 40% anual, que lo haga al 15 o 20% (mayor por ejemplo a la suba de las jubilaciones). Tener un Instituto de Estadísticas creíble, que muestre la evolución de los precios, y por ende permita formar mejores expectativas futuras es parte de una política contra la inflación. Eso tampoco implica ajuste.

Seguramente hay muchas más opiniones delirantes. Es cierto que es un fenómeno complejo, cuya resolución requiere de la articulación de políticas, pero si erramos el diagnóstico difícilmente acertemos en la solución. Para el cierre, una frase de Franklin Fisher: “Es muy difícil ser experto en un tema que todos entienden. Y más complejo aún serlo en un tema que todos creen que entienden. En ese aspecto, no envidio a los directores técnicos de fútbol, pero ser un economista no es algo muy distinto".

En dos años los alimentos y la educación aumentaron más de un 50%

La inflación en Santa Fe registro el mayor valor desde 2008, liderada por el alza de los alimentos que en un año acumulan una suba del 30,4%. Cuando se analiza con una perspectiva de tiempo más larga los resultados son llamativos. En forma simplificada, para comprar la misma cantidad de bienes que se adquirían con 100 pesos hace dos años, hoy se necesitan $ 144,60, llegando a $ 156,50 si se trata de alimentos.

En los últimos días resonó con fuerza en distintos medios de comunicación el dato de febrero de inflación en Santa Fe: 3,6% mensual, el mayor valor desde marzo de 2008. Comparado con el mismo mes de un año atrás, la suba de precios al consumidor alcanzó el 19,9%.

Si bien hay un acostumbramiento de estos guarismos, no dejan de ser preocupantes. Por un lado, se observa una aceleración en las tasas de crecimiento, es decir tasas de inflación cada vez mayores. Por el otro, la suba del precio de los alimentos entre febrero de 2010 y 2009, que tienen una participación del gasto de consumo mayor en las personas de menores ingresos, fue del 30%.

Asimismo, cuando se analiza la evolución de los precios con una perspectiva de tiempo más larga se llega a resultados sorprendentes. Por cierto, en forma simplificada y aproximada, para comprar la misma cantidad de bienes que se adquirían con 100 pesos hace dos años, hoy se necesitan $ 144,60, llegando a $ 156,50 si se trata de alimentos.

En ese período la suba la lidera el rubro educación (con un alza de 57,5%), seguida de alimentos, mientras que las menores subas se dieron en Atención Médica y Gastos para la Salud (+28,3%) y Transporte y comunicaciones (+31,9%). Para el resto de los rubros los datos se presentan en la Tabla 1.

Tabla 1

Rubro                                              Un año atrás     Dos años atrás
 
Nivel General                              19,9%                44,6%
 
Educación                                    18,4%                57,5%
 
Alimentación                              30,4%                56,5%
 
Vivienda y servicios básicos 14,5%               41,2%
 
Indumentaria                               11,7%                39,6%
 
Esparcimiento                             11,7%               39,5%
   
Equipamiento y mantenimiento del hogar 12,2%    32,5%
 
Transporte y comunicaciones  11,9%           31,9%
 
Atención médica y gastos para la salud 15,2% 28,3%
 

Así, para el 2010, las estimaciones de consultoras privadas ubican a la suba de precios entre el 20 y 30 por ciento anual.

Fuente: ON 24