El último año de mandato y el contexto global

La complejidad de la economía obliga a entender el contexto global para llegar a comprender el caso argentino. La primera parada es EE.UU., que crece generando poco empleo, con una política fiscal expansiva y una monetaria agresiva a través del quantitative easing estructurado para bajar la tasa de interés de largo plazo.

Foto: web
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La complejidad de la economía nos obliga a entender el contexto global para llegar a una buena comprensión del caso argentino. La primera parada obligada es EE.UU., que crece generando poco empleo, con una política fiscal expansiva y una monetaria agresiva a través del quantitative easing estructurado para bajar la tasa de interés de largo plazo. Las ganancias corporativas están aumentando y no parece haber riesgo de una recaída, pero Obama ya recibió la advertencia electoral, entre otras cuestiones, por un desempleo récord desde 1981. El fenómeno del Tea Party no debe ser despreciado y es una crítica al Estado de Bienestar como "ogro filantrópico", según la conocida expresión de Octavio Paz.

Europa ha impulsado el rescate a las economías frágiles defendiendo al euro. Alemania empuja al continente, pero no logra sacarlo de la anemia. Una gran pregunta es si China bajará la tasa de ahorro desde el 40% actual. Así como EE.UU. es el "consumidor de última instancia", China actúa como "ahorrador de última instancia". Sigue faltando en el sistema mundial el "prestamista de última instancia".

Con miras a la próxima reunión del G-20 en Seúl, hay expectativas de que surja una mayor coordinación mundial, aunque no hay que esperar mucho de este encuentro ni de la agenda del FMI. Está pendiente un nuevo Bretton Woods, y será clave en el futuro que el consenso evite las guerras cambiarias y el proteccionismo.

La región

En un contexto global frágil, éste ha sido un muy buen año para América latina y las perspectivas son positivas para 2011. Sin embargo, hay amenazas que deben ser controladas, como las burbujas y la excesiva apreciación cambiaria. Las aventuras populistas están acotadas en la región y el país líder en esta estrategia (Venezuela) es el único que decrece en PBI, con alta inflación.

Hay tres países de la región que son modelos. Uno es Brasil, que logró que 40 millones de personas dejaran la pobreza durante la gestión de Lula y, como dato anecdótico, que 10 millones de personas viajen en breve por primera vez en su vida en avión. Una devaluación importante en Brasil puede descolocar la macro de los vecinos. Aunque se espera que el ajuste sea suave, es un riesgo latente. El segundo caso es Chile, que se prepara para alcanzar el PBI per cápita de los países desarrollados en 2020. Es una meta ambiciosa que coronaría 30 años de crecimiento sostenido. Perú, con Alan García como líder en una versión 2.0, es la estrella desde mediados de los 90, sosteniendo la política de mercado que impulsó Fujimori.

Pese a los logros y avances queda mucho por mejorar. La región sigue atrasada en el campo de la innovación, el sistema universitario es mediocre, con algunas excepciones, la base de las exportaciones es aún muy primaria y, salvo el caso de Chile, la competitividad sistémica y la productividad de la región están en la mitad de tabla para abajo en el conjunto de países.

El caso argentino

El clima de negocios local sigue siendo adverso en un contexto de baja competitividad. Es notable el contraste con los datos favorables de la macro. Este contexto frágil que también se manifiesta en un riesgo país elevado explica que hoy la tasa de inversión sea 5 puntos del PBI menor a la ideal.

Los términos del intercambio, según FIEL, explican la mitad del crecimiento del período. Es una oportunidad que puede seguir varios años dependiendo de la evolución de China y Asia emergente. La industria está al nivel de 2008, pero termina una década en la que no ha habido una renovación del parque industrial. Han faltado proyectos de mayor escala. La industria se amesetó en la gestión de Cristina Kirchner. La inflación alta y el dólar planchado continuarán erosionando la competitividad, lo que pone a algunas ramas de la industria en riesgo. El Gobierno niega el problema inflacionario y esto genera menor inversión, puja distributiva y pobreza.

No existe brecha externa. Sobran los dólares gracias a la soja. Tampoco hay brecha fiscal (el déficit es sólo del 2% del PBI), pero la brecha social es relevante. El Gobierno terminará su gestión con una pobreza superior a 30% y una caída del ingreso real promedio. El 30% de los empleados formales perdió poder adquisitivo y mucho más los otros sectores. La distribución del ingreso se ha deteriorado desde la democracia; la relación entre el 10% más rico de la población y el 10% más pobre era cercana a 10 cuando asumió Alfonsín y hoy es de 35. Otro problema estructural está en el sistema educativo, que no mejora pese al mayor gasto.

Estamos ante un panorama frágil. Parece que no habrá en el año que queda correcciones de fondo al núcleo duro del "modelo". Terminará el kirchnerismo su gestión de ocho años con más de 7% de crecimiento promedio, contra 4% aproximado de Menem, y con dos visiones sobre lo que pasó en la economía. El ciclo político influirá en el económico con mayor fuerza a partir de la muerte de Néstor Kirchner. El Gobierno quedó debilitado y se abre una oportunidad para la oposición, hasta ahora con poca creatividad en sus propuestas, y para el oficialismo, si sabe rectificar el rumbo.


Fuente: Eduardo Luis Facchia en Diario La Nación