Por Timothy Geithner, Tharman Shanmugaratnam y Wayne Swan*
La economía mundial se está fortaleciendo. Luego de un año y medio de crecimiento económico positivo, estamos poniendo más distancia entre nosotros y las profundidades de la crisis financiera. Tomará más tiempo para reparar totalmente el daño, pero los desafíos que enfrentamos ahora son menos intimidantes que los que enfrentamos en el peor momento de la crisis y durante el período inicial de la recuperación.
Aunque más manejables, los desafíos que enfrentamos ahora están ligados a trabajar por el bien común en un mundo con condiciones económicas muy diferentes. En las vísperas de la cumbre de líderes del G-20 en Corea del Sur, el mundo enfrenta dos transiciones muy diferentes hacia el crecimiento estable.
Las principales economías desarrolladas crecerán de manera más lenta a medida que reparan el daño de la crisis financiera. Las recuperaciones que se producen luego de las crisis financieras son siempre duras y lentas. Cuanto más grandes hayan sido los excesos financieros, más profundo es el agujero generado y más difícil trepar para salir de él.
A medida que las personas naturalmente cambian para ahorrar más y repagar sus deudas, el gasto se recupera más lentamente. Mientras las instituciones financieras reducen su apalancamiento e incrementan reservas contra las pérdidas, el costo de tomar créditos será más alto por un tiempo. Estos ajustes ralentizan el crecimiento en el corto plazo pero son un paso necesario para mejorar las perspectivas de un crecimiento más sostenible en el mediano.
En cambio, las economías emergentes han visto en general fuertes recuperaciones y están creciendo rápidamente. Estas economías están en etapas diferentes de lo que debería ser un período sostenido de rápido crecimiento, con una productividad al alza y niveles de vida e ingresos más altos. Luego de una crisis en la cual el capital se fue de esas economías cuando el comercio colapsó y la aversión global al riesgo se incrementó, ahora enfrentan el desafío opuesto: grandes ingresos de capital, impulsados fundamentalmente por la expectativa de un crecimiento económico relativamente rápido. Es mejor tener este tipo de problema que la alternativa, pero los ingresos de capital generan presiones en particular en los mercados de activos que deben ser administrados cuidadosamente y con una gama de políticas.
Los profundos desafíos económicos dejados por la crisis en las economías establecidas y la perspectiva de una rápida expansión de las economías emergentes requieren una nueva agenda de cooperación económica internacional. Ya pasamos el momento en el que las políticas públicas en el mundo estaban dirigidas exclusivamente a evitar una depresión económica.
Ahora enfrentamos diversas transiciones hacia un camino sostenible de crecimiento liderado por el sector privado.
Esta recuperación de dos caminos dominará la economía global por un largo tiempo. Conlleva riesgos y desafíos más variados que los de los últimos dos años de gestión de la crisis.
Cuatro objetivos definen esta nueva agenda de cooperación global.
En primer lugar, debemos trabajar juntos para fortalecer el crecimiento económico global. El rápido crecimiento de las economías emergentes está impulsando el precio de los commodities y muchas de esas economías están endureciendo su política para reducir el riesgo de inflación interna. Sin embargo, estas economías emergentes, aunque están creciendo rápidamente, colectivamente representan solamente alrededor de un tercio de la producción global y el crecimiento global todavía no es lo suficientemente fuerte.
El principal riesgo para el mundo no es la inflación en las economías avanzadas, en donde las expectativas de inflación están estables en niveles relativamente bajos, sino que las economías avanzadas tengan un crecimiento inferior al esperado. Esas economías deben buscar formas de fortalecer sus bases para el crecimiento de largo plazo, incluyendo impulsar la innovación y desarrollar más habilidades en su fuerza laboral, eliminar los impedimentos para el ingreso al mercado y proveer incentivos más fuertes a la participación de los trabajadores.
En segundo lugar, debido a este riesgo, necesitamos lograr un equilibrio en el patrón de desarrollo entre los distintos países. El equilibrio es importante no como un fin en sí mismo, sino debido a que es crítico para un crecimiento global fuerte y sostenido y para la futura estabilidad financiera. Al fin de cuentas estamos tratando de elevar el crecimiento mundial y no solamente cambiarlo de lugar, para así lograr que sea fuerte, sostenido y equilibrado.
A medida que las economías más grandes que previamente acumularon grandes déficit lidian con el legado de la crisis, y mientras Estados Unidos continúa incrementando los ahorros y reduciendo la toma de créditos, el crecimiento futuro en las economías emergentes y en las que tienen superávit tendrá que cambiar su base de las exportaciones a la demanda doméstica, como está ahora ocurriendo en China, Brasil, India y otros de estos países. Para ayudar a facilitar esta transición, los ministros de finanzas del G-20 y los gobernadores de los bancos centrales acordaron el mes pasado en Gyeongju, Corea del Sur, apoyar el traslado de la demanda desde las economías con déficit a las de superávit y prevenir la reaparición de excesivos desequilibrios externos que podrían amenazar el futuro crecimiento y la estabilidad.
Este marco debe reflejar adecuadamente las circunstancias y realidades prácticas de cada país pero puede proveer un útil sistema de alerta temprana antes de que los desequilibrios desestabilicen el crecimiento.
En tercer lugar, para ayudar a hacer más suaves estas transiciones necesitamos un nuevo marco de cooperación para permitir que las tasas de cambio reflejen los fundamentos económicos y respalden las reformas estructurales que se necesitan. Los temas cambiarios algunas vez fueron dejados a los Estados Unidos, Europa y Japón, pero eso ya no dará resultado en la nueva economía mundial. Las monedas de las principales economías avanzadas están hoy en términos generales alineadas entre sí. Sin embargo, de la misma forma que deben seguir trabajando juntas para promover la estabilidad entre las monedas de reserva, también necesitan las economías emergentes permitir que sus tipos de cambios reflejen el crecimiento sustancial que han alcanzado durante la última década y responder más flexiblemente a las fuerzas subyacentes en el mercado.
En la reunión del G-20 en Gyeongju, todos nosotros nos comprometimos a no embarcarnos en devaluaciones competitivas de nuestras monedas. La historia económica sugiere que las economías que tienen éxito en transformar su productividad, verán una apreciación de sus tipos de cambios reales a lo largo del tiempo, en respaldo de la mejora en sus niveles de vida.
Y finalmente, necesitamos continuar con nuestros mercados abiertos y trabajar para expandir el comercio y mantener un equilibrio entre los países. El crecimiento en las economías emergentes todavía depende del acceso a productos y servicios de las economías avanzadas. Y las economías más establecidas continuarán beneficiándose del aumento de la demanda en las nuevas economías emergentes. Durante la crisis, el G-20 actuó con efectividad para evitar que las medidas proteccionistas restringieran el comercio, y necesitamos reafirmar ese compromiso esta semana.
Hemos progresado mucho con respecto a establecer las bases para una recuperación sostenida, liderada por la inversión y la innovación, financiada por ahorros domésticos más altos y con un sistema financiero más estable. Y estamos determinados a enfrentar los desafíos que están ante nosotros con la misma decisión y con el mismo espíritu de asociación. Nuestros países continuarán trabajando con los socios del G-20 para construir un marco más fuerte para la cooperación multilateral para asegurar un mundo de prosperidad mutua.
* Geithner es el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Tharman es ministro de Finanzas de Singapur y Swan es el Tesorero de Australia.
Fuente: The Wall Street Journal.