El 29 de Junio, día posterior a las elecciones, muchos van a preferir, aunque más no sea por cábala, comerse los tradicionales ñoquis poniendo un billete abajo del plato. La incertidumbre acerca del “día después” está basada en los actuales discursos de campaña de la Presidenta, del ex presidente Kirchner y de los más conspicuos integrantes de su equipo, dispuestos a matar cualquier pensamiento distinto al oficial.
Pero la conducta y los discursos de la fragmentada oposición no contribuyen a tranquilizar a nadie.
La locura por los números mantiene muy ocupados a los funcionarios del gobierno. Esta semana el problema fueron las proyecciones que dio a conocer el FMI sobre la evolución de la economía argentina, que según el organismo registrará una caída de 1,5%.
Es tan obsesiva la manipulación de los números que algunos se les escapan. Porque este mes el banco norteamericano JPMorgan publicó sus proyecciones trimestrales, en la cual prevé para la Argentina una caída del 3% para el año 2009. Parece que el gobierno ignoró este dato o no le dio valor a la entidad, que es la que patentó una fórmula para medir el riesgo país.
Si uno ve el contexto, donde Alemania caerá 6%, EE.UU. caerá 4%, el resto de los países europeos retrocederán un 4% promedio, Brasil caerá cerca del 3% y México se debate entre un 3 y 4%, mientras Corea y Japón esperan retracciones del 6 y 7%, los datos de Argentina no son tan malos.
Venimos acostumbrados a una historia donde los países desarrollados se resfriaban y a nosotros nos agarraba una pulmonía, por lo que la proyección del FMI es muy buena, aunque creo demasiado optimista.
Hasta ahora, la economía mantiene un cierto rumbo basada en el consumo interno, ya que las exportaciones e importaciones han caído. El poco crédito disponible está centrado en el consumo, aunque con plazos muy cortos y con una participación activa de las tarjetas de crédito, aunque con tasas más altas.
Panorama hasta el 28 de junio
Los días que faltan para las elecciones no deberían mostrar demasiados movimientos extraños. Justos en este trimestre se acelera estacionalmente la liquidación de divisas por parte de los exportadores de granos, lo que mantiene bien abastecido al mercado cambiario.
La evolución de la economía se mantendrá en los términos actuales. Aunque en los números macro aparezca cierto deterioro no será muy ostensible y será fácilmente tapado por el circo electoral. Una leve mejora en los precios internacionales de la soja permitirá compensar en parte una caída del 30% de la producción por efecto de la sequía.
Independientemente del año electoral, el gobierno ya tendría cerrado el financiamiento para hacer frente al pago de los servicios de la deuda durante el año en curso y, para el próximo, están previstas nuevas refinanciaciones de bonos e, incluso, recurrir a un préstamo del FMI, aunque nada de esto se anunciaría antes de las elecciones.
A partir del 29 de Junio
Claramente, la marcha de la economía, independientemente de la evolución de la crisis internacional, los interrogantes están centrados en el resultado electoral y en el nuevo mapa político que se configuraría.
A partir de esa fecha, el tema de atención será la situación fiscal de las provincias, muchas de las cuales están en una situación crítica y, la posibilidad de volver a emitir cuasi monedas aparece como cada vez más cierta.
Uno puede imaginar tres escenarios básicos posibles para hacer estas proyecciones. El primer escenario, sería que el oficialismo gane en la provincia de Buenos Aires y retenga o aumente la cantidad de legisladores en el Congreso.
En este caso, y con una reivindicación plebicitaria, el gobierno profundizaría el camino actual, donde es previsible espearr nuevos ataques a las empresas, intentos de estatizaciones totales o parciales, mayor intervención y persecución a los que no comulguen con sus principios. Estará lanzada la campaña presidencial de Néstor Kirchner.
El segundo escenario sería la posibilidad que el oficialismo gane en la provincia de Buenos Aires pero por perder en otras jurisdicciones, pierda la mayoría en el Congreso. En este caso, perdería por poco y estaríamos ante una situación de empate virtual.
Este empate podría implicar una parálisis de dos años, en medio de una campaña electoral muy larga por la presidencial, donde no habrá incentivos a la inversión, pero donde el gobierno podría manejar algunas alianzas puntuales sobre determinados temas con una oposición que sumará números en forma inorgánica pero no aparece claramente como una alternativa de poder.
El tercer escenario sería que el oficialismo pierda en la provincia de Buenos Aires y en el resto del país, perdiendo de forma importante la mayoría legislativa y en una situación muy compleja. Este es el escenario más temido porque hay quienes especulan con una renuncia presidencial.
Por otra parte, y dado que la oposición no ha dado muestra de tener una conducta política mejor que la del oficialismo, las dudas en el empresariado y en inversores individuales son mayores, lo que permitiría esperar una fuerte presión para comprar dólares “por las dudas” en medio de un clima de incertidumbre muy grande. Esto generaría mayor fuga de capitales y aceleración de la recesión.
En cualquiera de los tres escenarios, hay que esperar dos años mediocres en todo sentido donde es altamente probable que los Kirchner deban gobernar sin mayorías y sin caja, un escenario al que no están acostumbrados.
El día después nos llena de incógnitas y, si no hay claridad, no habrá dibujo estadístico que pueda disimular la situación.
El problema del día después
En la forma en que se viene desarrollando la campaña electoral, los escenarios económicos parecen tranqulios o con cierta estabilidad hasta el 28 de junio, aunque lucen claramente confusos para el el día posterior, en función de cómo quede dibujado el nuevo mapar de poder.