Los datos de la economía aparecen cada vez con más disparidades entre los que proporciona el Estado y los que calculan investigadores privados.
Mientras el ex presidente Kirchner se desgañita gritando que la economía volvió a crecer, mientras consultoras privadas ya marcan dos trimestres consecutivos de retroceso de la economía lo que, técnicamente, indica que el país está en recesión.
Lo real es que la crisis internacional y sus consecuencias aún no se están sintiendo plenamente. Lo que estamos viviendo es, en principio, las consecuencias de decisiones políticas internas equivocadas que generaron una gran desconfianza en le mercado.
Todo comenzó con el conflicto del campo. Este fue el primer evento que movió a los argentinos a cambiar sus inversiones y pasarse a dólares. Posteriormente, y cuando parecía que esa situación podría arreglarse, la estatización de los fondos jubilatorios, agudizo la desconfianza y volvió a acelerar la dolarización de las carteras de inversión.
El último evento, que aceleró la dolarización fue el adelantamiento de las elecciones, en medio de un discurso cargado de agresividad y reconociendo que la situación en octubre estará peor que ahora.
La situación es más grave si se mira el panorama de las finanzas en las provincias. Hay, por lo menos, 18 provincias en situación de déficit y sin posibilidad de financiarlo. Hasta en Mendoza el gobierno está pensando en suspender obras públicas para aumentar salarios a los empleados públicos, mientras otros estudian volver a las cuasimonedas.
Esto significará que no habrá inversión para que el sector privado pueda mantener actividad y empleo, sino que agudizará la recesión. Quieren ser keynesianos y ni siquiera saben cómo hacerlo.
Todo lo que ha ocurrido es cosecha propia del gobierno, pero en esta circunstancia cabe una reflexión. Después de seis años de crecer a tasas promedio del 8% anual, aparecen dos trimestres recesivos y todo se vuelve caótico. ¿Qué hicieron con los aumentos de los ingresos de los últimos seis años para no estar en condiciones de solventar una recesión que, además, no es sorpresiva sino totalmente previsible?
Repase amigo lector tres o cuatro datos más. Después de crecer seis años al 8% promedio aumentó la pobreza y la indigencia. Además, aumentó la mortalidad infantil y, para colmo, tenemos dengue.
Esto nos muestra claramente que el sistema "productivista" no fue más que un pacto corporativo para beneficiar a un sector del empresariado a costa del resto de la comunidad. Socialmente ha sido un nuevo fracaso.
Además, aumentó la brecha entre ricos y pobres, a pesar de las mayores ganancias. El discurso populista se cayó y se hizo pedazos frente a la realidad. Hoy, que no tienen más remedio que comenzar a sincerar las mentiras, comienza la conflictividad social en una espiral que tiene causas de comienzo pero que nadie sabe hasta donde puede llegar.
Frente a este panorama parece obsceno el escenario que nos brindan los políticos, con negociaciones y debates públicos de baja monta, además de candidatos que se presentan para no asumir.
Todos los indicadores muestran que el nivel de desconfianza es el acelerador de la crisis, más allá de las consecuencias del problema internacional, que se verifica en las actividades exportadoras, parte de la parálisis que muestran algunos sectores está relacionado con la caída de la demanda (en muchos casos porque prefieren ahorrar para enfrentar la crisis o porque ya están desempleados), por escasez de crédito, porque los que ahorran sacan pesos del mercado y se pasan a dólares, lo que produce sequía en el mercado.
Pero el dato fundamental, que da pie a la desconfianza es el dato político. El adelantamiento de las elecciones y la forma en que se está llevando adelante la campaña no solo acelera el proceso electoral sino que acelera el previsible deterioro de la economía, que ya no se espera para fines de octubre sino para el 29 de junio.
La recesión que supimos conseguir
La actual recesión, aunque negada por el gobierno, la sienten todos los argentinos, pero tiene sus orígenes en decisiones políticas internas desacertadas que generaron desconfianza en la población y en los agentes económicos.