Si para estimar la recolección, que comenzará en el Norte en noviembre y terminaría a mediados de enero próximo, se utilizaran los altos porcentajes de recolección sobre lo sembrado y los rendimientos de 2800 kilos por hectárea de la cosecha anterior, se estaría frente a una próxima cosecha del orden de los 12 millones de toneladas, muy inferior a los 16 millones del ciclo anterior, ventila esta noche TotalNews.com.ar.
Con todo, sería un número optimista a la luz de la fortísima sequía reinante y la escasa predisposición de los productores al uso de fertilizantes y de otros atributos de la alta tecnología por su desfavorable relación insumo- producto. El Gobierno intentará cargar toda la responsabilidad por esta tan magra recolección a la sequía y no al peso de las decisiones oficiales, pero la realidad indica que el grueso de las siembras ocurrieron con anterioridad al grave déficit hídrico mencionado.
Estos 12 millones de toneladas se repartirán en los 5,5 millones que se lleva el consumo interno y el resto irá a la exportación, cuyo principal mercado es Brasil, con un requerimiento normal de entre 6 y 7 millones de toneladas, que en el país vecino reciben una preferencia arancelaria del 11 por ciento por su condición de miembro del Mercosur. De ser así, ambos componentes de la demanda agotarían las existencias, fruto de la recolección mencionada. La realidad, en cambio, indica que la participación de otras naciones demandantes restará abastecimientos a Brasil, tal como ocurrió en el ciclo anterior, pese a que su cosecha local alcanzó los 16 millones de toneladas. Es por eso que este país recurrió a la eliminación parcial de la citada preferencia para abastecerse en otros mercados, como Canadá y los Estados Unidos.
Nada bueno presagia la escasa recolección de trigo. En el orden general, ingresarán menos divisas al país y menos aportes al Tesoro Nacional, que se abastece con nada menos que el 28 por ciento del valor de estas exportaciones. Los productores, por su parte, no contarán con un ingreso estratégico no solamente por su magnitud, sino también por su participación en el calendario rural, que tiende a equilibrar su programación financiera.
Todo repercute en la economía del interior, en la industria de la maquinaria agrícola, en el transporte y en todas sus manifestaciones económicas y sociales. Se suma a ello que la reiteración del déficit de abastecimiento al mercado brasileño afecta la vigencia de la preferencia arancelaria y estimula allí la producción triguera, al debilitar la columna vertebral de nuestras exportaciones a Brasil, donde el vecino impulsa un programa de expansión agrícola, apoyado con cuantiosos fondos federales.
Por si todo esto fuera poco, existen interrogantes respecto de las próximas cosechas de soja, maíz, girasol y sorgo, es decir las cuatro quintas partes de la producción nacional de granos, que están comenzando ya sus siembras en el norte del país.
Tan lamentable reducción de uno de los cultivos estrella de nuestra hasta ahora pujante agricultura de granos debería constituir una potente alarma en el seno de la política económica. La decisiva participación en las decisiones oficiales de la Secretaría de Comercio Interior y de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuaria (Oncca), constituyen malos presagios para el crecimiento de las producciones que son pilares de la evolución próxima del sector más productivo y competitivo del país. Sólo una inmediata y oportuna rectificación gubernamental aventará los graves riesgos existentes.
Baja y preocupante siembra de trigo
Como se venía pronosticando con motivo del desaliento de los productores ante las decisiones oficiales en la materia, ha habido una bajísima siembra de trigo que, según las estimaciones, alcanzó sólo 4,5 millones de hectáreas, un 22 por ciento menor a los 5,8 millones del ciclo anterior, en el cual comenzaba ya a manifestarse el mencionado desaliento. Todo repercute en la economía del interior, en la industria de la maquinaria agrícola, en el transporte y en todas sus manifestaciones económicas y sociales.