En medio del temblor del sistema financiero internacional, Argentina lanza una señal de certidumbre con la oficialización de la renegociación de los bonos que no ingresaron en 2005 en el canje de la deuda en cesación de pagos, en búsqueda de financiamiento externo y recuperación de la confianza.
Semanas atrás, el gobierno argentino había anunciado sorpresivamente la cancelación de la deuda con el Club de París, pero la medida fue considerada insuficiente si no era acompañada por una solución al problema de los tenedores de bonos que no aceptaron la reestructuración de hace tres años ("holdouts").
El anuncio llegó la semana pasada en una conferencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante el Council on Foreign Relations en Nueva York y fue confirmado con la firma este lunes de un acuerdo con los bancos Barclays, Citi y Deutsche Bank.
La propuesta implicaría una quita cercana al 66 por ciento e incluirá la nueva refinanciación de vencimientos de deuda pública en 2009 y 2010.
Argentina declaró la cesación de pagos en los últimos días de 2001 y en 2005 llevó a cabo la reestructuración de deuda más importante de la historia moderna.
El "default" con el influyente Club de París y los "holdouts" mantuvo sin embargo al país sudamericano alejado del financiamiento externo, por lo que acudió a su superávit, el mercado local y a Venezuela para conseguir fondos que le permitieran cumplir con sus compromisos.
Pero el panorama que plantea la agenda de vencimientos de los próximos años, sumado a las tasas de interés cada vez más caras que demanda el presidente Hugo Chávez -en agosto pasado adquirió bonos con rendimientos cercanos al 15 por ciento- y proyecciones de un superávit más exiguo, urgieron al gobierno argentino a buscar la normalización de su situación frente a los acreedores y recuperar el acceso al crédito en el mercado financiero internacional.
El contexto global podría no obstante dificultar el proyecto. La crisis en el sistema financiero mundial siembra de incertidumbre nuevas operaciones que involucren la emisión de nuevos títulos y la fijación de tasas de interés, por lo cual los costos podrían ser mayores a los previstos originalmente por Buenos Aires.
Además, así como el aislamiento en que quedó Argentina en los últimos años la protegió en parte de la crisis en los mercados financieros internacionales, una recesión generalizada, la contracción del crédito y la caída de los precios de los commodities implicarían un revés para los ingresos públicos y la actividad económica nacional.
El alto nivel de extranjerización de las grandes compañías que operan en el país, más del 60 por ciento de las 500 empresas más importantes, también llevaría a una reducción de las tasas de inversión y una desaceleración del ritmo de crecimiento, por lo cual el futuro de la operación permanece abierto.
La nueva reestructuración de la deuda argentina en cesación de pagos entró en fase de análisis, mientras espera la aprobación de los organismos de control y los bancos comienzan a captar bonistas, entre ellos varios "hedge funds" que llevan años litigando ante cortes de Estados Unidos, hasta el momento sin resultados concretos.
"Para nosotros la propuesta es interesante sobre todo por el contexto internacional que se vive", aseguró el jefe de Gabinete al confirmar el acuerdo con los bancos. La reapertura de la negociación de la deuda "le muestra al mundo que Argentina, en la medida que crece y en la medida que puede, cumple con sus obligaciones de pago".