El año en que el "método Moreno" tuvo su máxima expresión

El "Supersecretario" protagonizó duras batallas, intentó controlar los precios de los productos  y anticipó con un gesto lapidario la salida de un ministro. Siempre fue respaldado por el matrimonio Kirchner y obtuvo cada vez más poder. Su imagen adoptó gran notoriedad y consecuente un fuerte  rechazo, incluso, en lugares públicos, junto a su esposa, protagonizó incidentes que terminaron en golpizas.

Foto: Agencias
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El funcionario emblema del kirchnerismo y de un modelo de gestión, Guillermo Moreno, tuvo un 2008 agitado, en el que protagonizó duras batallas, intentó controlar los precios y anticipó con un gesto lapidario la salida de un ministro, pero siempre fue respaldado y obtuvo más poder.

Tuvo el privilegio de ser el único integrante del Gabinete nacional ratificado públicamente por la presidenta Cristina Kirchner y representó más que ningún funcionario el pensamiento del matrimonio más poderoso de la Nación, pero especialmente el de Néstor Kirchner.

Dueño de un estilo poco ortodoxo y sumamente directo, reflejó claramente una manera de administrar y manejar la economía, en una tarea en la cual confrontar se convirtió en una tarea habitual y hasta buscada.

Hombre de máxima confianza de Kirchner y del ministro Julio De Vido, acostumbrado a capear todo tipo de temporales, y sobre todo los choques de tipo personal, Moreno vivió en este 2008 un mayor protagonismo que lo situó en el centro de los debates y las polémicas de todo tipo, aún en áreas donde supuestamente no tenía injerencia.

En el marco de un Gobierno que a pocos meses de asumir empezó a debilitarse a raíz de un conflicto con el campo que empezó en marzo y aún perdura con menos fuerza, el titular de Comercio Interior fue adquiriendo mayor poder y notoriedad y a actuar con una vehemencia difícil de aceptar.

Así, pese a las limitaciones de su cargo, asumió bajo su responsabilidad la política de precios, incluyendo el criticado manejo del INDEC y las negociaciones con el empresariado.

Tan lejos llegó que cuando la Presidenta elaboró el proyecto de ley sobre retenciones móviles fue al Congreso a defender la postura del oficialismo y no se privó de hablar de política macroeconómica.

En esa ocasión, como un virtual ministro de Economía, habló del tipo de cambio, de las tasas de interés, del comercio internacional, del superávit fiscal y de casi todas las variables macroeconómicas.

Convertido casi en un ejecutor de la política macroeconómica y a la hora de enfrentar a los empresarios, casi no dejó rubro sin intervenir.

Tomó parte en el conflicto ganadero –fue protagonista de la crisis con el campo-; del sector lácteo –estableció un precio para la leche-; del petrolero –dispuso sanciones por no vender combustibles-; del energético –intervino ante los apagones- y hasta se encargó de hacer un control minucioso en las cuotas de colegios privados y de medicina prepaga y de autorizar aumentos puntuales.

Incluso llegó a enfrentarse con una asociación de usuarios. Denunció penalmente a la titular del Centro de Educación al Consumidor, Susana Andrada, quien había hecho públicas amenazas y presiones por parte de Moreno.

"Hay cosas que no se pueden hacer dulcemente", dijo en su defensa el jefe de la CGT, Hugo Moyano, al ensayar una especie de justificación del accionar de Moreno con los productores ganaderos.

Su imagen adoptó tanta notoriedad y consecuente rechazo público, que hasta tuvo que retirarse de un restaurante cuando fue increpado por algunos de los concurrentes. En esa oportunidad, quien reaccionó fue su esposa, en un incidente en el que no faltaron algunos empujones y hasta golpes.

Con tanto alto perfil, no fue esa la única escena de cierto tinte violento en la que le tocó participar: se llegó a comentar que en plena Casa de Gobierno intercambió insultos con el ex ministro de Economía, Martín Lousteau y hasta golpes, aunque luego desmentidos. Los enfrentamientos verbales y de hecho también se produjeron con productores tamberos y ganaderos.

En una recordada escena que todo el mundo vio durante un acto en Plaza de Mayo el primero de abril, Moreno mantuvo una acalorada discusión con Lousteau y luego se pasó la mano por el cuello, anticipando un final que se produciría poco más de veinte días después, el 25 de abril, tras las críticas que públicamente le dirigió públicamente Kirchner.

Moreno tuvo con Lousteau dos enfrentamientos: el primero se produjo apenas asumió con el precio de la leche, en el que se impuso el Secretario de Comercio. Y el otro estuvo vinculado con la nueva metodología para la medición de precios del INDEC, en la que también el funcionario cercano al ministro de Planificación salió vencedor.

Desgastado en su función, la salida de Lousteau se produjo tras un discurso que en un acto realizó el ex Presidente, en el que descartó de plano el proyecto del titular de Hacienda para enfriar los precios que consistía en cierta manera en desacelerar la marcha de la economía y morigerar el gasto. La idea ni tan siquiera fue analizada y selló su suerte.

En lugar de Lousteau asumió Carlos Fernández, un hombre con bajo perfil y casi a la medida de lo pretendido por el Gobierno. Esa forma de ejercer el cargo, le facilitó la tarea a Moreno para asumir mayor participación.

Con ánimo más combativo que conciliador y en un doble juego habitual en el Gobierno, el mismo día en que se confirmaba una reunión con el campo para retomar el diálogo, el 6 de abril, Moreno presentó un escrito en tribunales de Comodoro Py para sumarse como querellante en una denuncia contra los ruralistas.

En ese escrito imputaba a Carbap y parte de la Mesa de Enlace Agropecuaria (Sociedad Rural, Confederaciones Rurales y Federación Agaria) de violar leyes de abastecimiento, de seguridad de la Nación y de impedir el normal funcionamiento del transporte.

Pocos días después, en el inicio de las negociaciones, la dirigencia del campo volvió a denunciar "presiones y amenazas" por parte de funcionarios "vinculados al comercio de ganados y carnes", en la que todos los ojos apuntaban al Secretario polifuncional.

"Existe un monje negro que impide negociar", se quejó en aquel momento el presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, en obvia referencia al controvertido funcionario, detestado por la dirigencia del campo.

Cuando el conflicto con el campo subió de tensión y nacieron los "cacerolazos", Moreno estuvo allí y tuvo una activa participación en la noche del domingo 15 de junio, cuando con un grupo de manifestantes ingresó en la Plaza de Mayo, acompañado de cerca por el campeón mundial de kickboxing, Jorge "Acero" Cali.

Luego de ese episodio, en el que lograron desalojar a quienes protestaban contra el Gobierno, entró a la plaza el ex presidente Kirchner para dar su apoyo público a su esposa.

Ante las órdenes de Moreno, otro grupo de manifestantes fue a Olivos para disuadir allí a quienes esa misma noche realizaban un "cacerolazo" frente a la residencia presidencial.

La crisis financiera mundial lo ubicó nuevamente en el frente de batalla: Moreno garantizó a gremios de la industria de la carne que no habría despidos y participó activamente en los planes para incentivar el consumo.

Cuando se anunció el programa para alentar la compra de autos nuevos, tuvo un apoyo público de la Presidenta y se enfrentó con la ministra de Industria, Débora Giorgi, por el mecanismo para la adquisición de los vehículos. Obviamente se impuso su idea.

Otro logro de la gestión Moreno

Además de los superpoderes que ostentó, Moreno contó con el enorme privilegio de haber sido el único funcionario ratificado públicamente en su puesto por la jefa de Estado. Ocurrió en plena crisis con el campo y durante la primera conferencia de prensa que ofreció Cristina Kirchner como mandataria.

Cuando todo hacía presumir que tenía las horas contadas en el Gabinete por el embate que por esas horas emprendió todo el frente opositor, la Presidenta le dio un respaldo firme y terminante a la gestión del "Supersecretario".

"Cumple un rol fundamental en este Gobierno. Sin él, sería imposible gobernar y estaríamos en una economía en la que se haría muy difícil manejar algunas variables económicas", aseguró el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

El respaldo del titular de la cartera política sólo fue una muestra del apoyo incondicional con el que cuenta un funcionario que simboliza no sólo una forma de gestión sino el pensamiento económico del matrimonio que dirige el país hace más de cinco años.