Una crisis de largo plazo

El discurso de Obama, que podría considerarse de izquierda visto desde el votante tradicional de Estados Unidos, deberá acomodarse en el camino a una recesión que será más larga y profunda de lo que se supone. Mendoza, la Argentina, deben tomar sus previsiones.

La crisis financiera desatada en pleno corazón de los Estados Unidos se está expandiendo a todo el mundo y, como si fuera una pandemia, tendrá distintos efectos según el grado de protección que cada país haya desarrollado. Pero las proyecciones más serias, que aún se manejan en terreno reservado, anuncian una recesión que durará por lo menos dos años. Es decir, 2009 está perdido y, si tenemos suerte, la reactivación empezaría en el último trimestre de 2010.

Lo primero que debemos reconocer es que estamos atravesando la crisis económica mundial más grave del mundo en los últimos 80 años. Dicen que las crisis son oportunidades, y por eso muchos países quieren aprovecharla para reordenar el juego global. En Europa sueñan con un nuevo Bretton Woods, pero también China ha pedido mayor presencia.

Incluso, con mucha inocencia, muchos sueñan que el electo presidente norteamericano Barack Obama, será permeable a esta demanda del mundo. Nada más errado. El joven presidente, si bien tiene un discurso casi de izquierda (en términos norteamericanos) sabe que su gobierno no puede ir demasiado en esa dirección.

Los primeros dos años de Bill Clinton fueron así y le significó un duro revés en las primeras elecciones. Ahí fue cuando acuñó la famosa frase “es la economía, estúpido” como respuesta a un asesor respecto de las causas de la derrota y el nuevo camino que debía emprender.

Todo el equipo de asesores económicos de Obama está integrado por gente con fuertes intereses, contacto e influencia en Wall Street. No será el mercado de capitales la víctima de su gestión sino posiblemente uno de los focos del salvataje.

Es que Obama es, ante todo, norteamericano. Con su discurso proteccionista y keynesiano, solo hará lo que le interesa a Estados Unidos. Obama no reproduce el modelo paternalista de los republicanos, pero mantiene el estilo típico de la cultura de su país “somos el país más grande y lo seguiremos siendo”.

Obama y los norteamericanos solo reconocerán tener menor poder y cederán ciertas posiciones si su propia crisis los somete públicamente. Pero antes darán batalla. Si usan los métodos tradicionales, es indudable que la situación tendrá una mejora transitoria para luego caer y profundizarse.

Por esta razón es que los países deberían haber tomado las medidas idóneas para enfrentar la crisis, que se agudizará con el proteccionismo norteamericano, sobre todo para aquellos que dependen de las compras del país del Norte. Que nadie espere un jardín de rosas, porque Obama llega en medio de demasiadas expectativas de la población y muy cortoplacistas.

Técnicamente, es imposible que el nuevo presidente cambie el giro de la crisis rápidamente, pero políticamente tendrá un problema cuando no pueda explicar la extensión de la recesión y la profundización de la tasa de desempleo y la pobreza. El pueblo le pide soluciones rápidas que él no podrá dar. El anuncio el viernes de la suba del desempleo a 6,5% es grave, pero más grave cuando se toma conciencia de la pérdida 1.200.000 puestos de trabajo en los diez meses de 2008.

Incluso, poniéndole números a los compromisos públicos, se calcula que el paquete de ayuda fiscal que Obama ha comprometido puede llegar a 500.000 millones de dólares adicionales, lo que elevaría el déficit fiscal de EE.UU. a 8% del PBI. De seguir en esta tendencia de emisión de deuda y de moneda, el dólar debería caer muy fuerte en el mediano plazo frente al resto  de las divisas. Cuanta más moneda se emita, su valor tenderá a cero, y eso lo saben los especialistas.

De todos modos, las definiciones del electo presidente de EE.UU. son bastante contundentes para entender en medio de qué situaciones estamos. El viernes, en su primera conferencia de prensa, Obama dijo que “estamos ante el mayor desafío económico de nuestra vida” y que a pesar de las medidas que adopte, salir de la crisis “no será rápido ni fácil”.

Argentina no está blindada

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha pretendido dar una imagen de que la Argentina, gracias al intervencionismo a que es sometida, no acusará los efectos de la crisis. Incluso, tuvo la imprudencia, en la Asamblea de las Naciones Unidas, de mofarse de la crisis norteamericana y, en ese ámbito, habló del “efecto jazz”. Muy ocurrente y poco graciosa.

De todos modos, la crisis, para Argentina, puede ser leída desde dos puntos de vista. Desde lo internacional, parece haberse estabilizado el precio de los granos. La soja habría encontrado un piso en 300 dólares la tonelada. El dólar sigue medianamente fortalecido ante el euro, lo que implica que no hay que extrañarse que tienda a devaluarse nuestra moneda.

La crisis tendrá consecuencias en el campo de las exportaciones, aunque el problema será más comercial que cambiario. Brasil, por ejemplo, ha conseguido estabilizar el real ante el dólar en 2,10, que es razonable para nuestras exportaciones. El problema es el efecto pobreza generado por la crisis y la iliquidez y la falta de crédito a nivel mundial.

Pero vista desde el punto de vista del análisis de las políticas del gobierno, la crisis se ve mucho más grave. Mientras en el mundo los gobiernos intervienen para tranquilizar y ordenar los mercados, en nuestro país el gobierno interviene para alterar los mercados, sembrar desconfianza y producir una crisis propia innecesaria.

Apenas apareció crisis, y vista con los impactos internacionales, creíamos que Argentina tendría un crecimiento del 4% en 2009 y del 2% en 2010. Hoy, a la luz de las acciones del gobierno (generando desconfianza innecesaria) podemos esperar cifras menores.

Y Mendoza debería tomar cuenta de esta situación. Pensar en un crecimiento del 4% parece optimista, a pesar de que la mayoría de este guarismo sea por arrastre estadístico. Lo que queda claro es que la previsión de gasto público es muy alta y es muy poca la obra pública prevista. La mayor inversión vendría de la Nación, pero está sujeta a la evolución de las finanzas nacionales que hoy son una incógnita.

También habrá que prever la situación de las finanzas municipales, que ya venían mal antes de la crisis. Los intendentes suelen ser los “paragolpes” de los reclamos sociales, sobre todo en los más alejados de la capital. Los jefes comunales son los que reciben las demandas más urgentes y los que deben dar la cara ante situaciones complejas, pero lo hacen sin recursos y esto deberá preverse.

De todos modos, el acuerdo del viernes entre Jaque y los intendentes para usar el Fondo anticíclico ahora parece una medida apresurada. La verdadera crisis aún no llegó. Ahora, con un poco de plata, intentarán llegar a fin de año, pero para cuando llegue la verdadera crisis se quedarán sin salvavidas. En ningún momento han pensado en acciones que favorezcan la actividad económica, lo que significa que se están fabricando su propia crisis.

Lo más importante es entender es que la crisis es muy grave, es de larga duración y requiere inteligencia, planes y liderazgo. Hasta ahora no se ven.