Perlitas del After Office

El más puntual
Fue Fernando Güizzo, pero también fue el último en irse. Estaba muy entusiasmado contando sus percepciones sobre la crisis.

El más pesimista
El lugar lo pelearon entre Mario Bustos Carra y José Roberto Spitalieri. Ambos dieron visiones muy negras del futuro de las actividades con las que están vinculados.

El más optimista
Fue Fernando Güizzo, quien reconoció la crisis, pero la entendió como parte de los ciclos de la actividad y dijo: “los productores que tengan bien administrada su explotación, que estén integrados y tengan buena productividad podrán sortear el año, pero con muy poca rentabilidad".

Cuidado con Brasil
A tal punto beneficia el valor del real a los exportadores brasileros que ya está llegando a Mendoza cebolla y zapallo “anco” desde Brasil, contó uno de los empresarios en la charla.

¿No seremos parientes?
"Sabés que mi segundo apellido es Güizzo", le comentó Luis Robbio al exportador de frutas.
-¿En serio? ¿Así, con diéresis y doble zeta?
-Sí, igual. No hay muchos Güizzo en Mendoza...
El tema familiar los mantuvo entretenidos un rato, pero se fueron de la reunión sin haber encontrado bisabuelos en común.

Don Pelado
Spitalieri contó que en Rodeo del Medio lo conocen como “Don pelado”, y que a diario lo van a ver obreros de la zona a pedirle trabajo. “Don Pelado, no tendría un trabajito para darme, aunque sea dos días y negro. Necesito para comer”, suele ser el pedido del último tiempo, que refleja una realidad social que nunca se percibe claramente desde la ciudad.

Otro mundo
Luis Robbio, titular de Belatrix, contó que estuvo averiguando en Estados Unidos los trámites para constituir una SRL. La respuesta fue que en 24 horas tenía la documentación para poder contratar personal y abrir cuentas bancarias, algo que Argentina luce imposible de conseguir.

Ronda de chistes
Nada mejor que un chiste ocurrente y atinado para cortar el clima de preocupación que, a pesar del vino y la buenas tablas de fiambres, se volvía cada vez más espeso. Robbio intervino con un cuento que compara la mentalidad del estadounidense con la del argentino ante el dinero. Luego de disculparse por el lenguaje poco protocolar que iba a usar, contó algo así:
Pasa un yanqui en un Mercedes y un compatriota que iba caminando lo mira pasar y le grita: “Ya vas a ver, hijo de p… yo voy a tener un auto como ese”. La misma situación se repite en Argentina: a un hombre que conduce el mismo automóvil de lujo le grita otro argentino que pasa caminando: “Ya vas a ver, hijo de p… ya vas a andar a pata como yo”.