Cuando se habla de crisis financiera mundial, el efecto que prevén analistas de distinto perfil y procedencia es el mismo: el comercio internacional es el primero que se resiente. Por eso MDZ organizó un After Office con cuatro exportadores locales de los sectores económicos más diversos.
El objetivo del encuentro fue analizar qué está sucediendo con la comercialización de productos mendocinos al exterior, el futuro que avizoran los empresarios y el modo en que enfrentarán lo que viene. En esta oportunidad los invitados fueron cuatro:
José Spitalieri, presidente de la Asociación de Productores, Empacadores y Exportadores de Ajos, Cebollas y Afines de Mendoza (Asocam), quien es titular de la firma exportadora Gispe S.A.
Luis Robbio, gerente general de Belatrix, empresa mendocina considerada modelo en el desarrollo de software, que provee creaciones informáticas a grandes empresas de Estados Unidos.
Fernando Güizzo, gerente de exportaciones de Frutas Güizzo, una de las primeras empresas que comenzó a exportar frutas en fresco a Europa y lo ha sostenido e incrementado mediante la evolución en variedades de cerezas, ciruelas, durazno y uvas de mesa.
Mario Bustos Carra, titular de la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo (CCECuyo), una entidad que presta servicios a los exportadores de la región.
Apenas terminadas las presentaciones de rigor cayó la primera bomba sobre la mesa de la cava del restaurante Azafrán, el punto elegido para el encuentro.
“En ésta época hace un año habíamos sacado un millón de cajas; pero ahora el ajo está en el campo, sin vender y hay cerca de 35 mil obreros parados”, salió de boca de Spitalieri y dejó a todos sin palabras. Entonces, aprovechando el silencio, el titular de la cámara de los ajeros continuó: “No se dan cuenta de que si se para el campo, se detiene también el consumo en las ciudades”.
En un principio, los mismos empresarios llevaron la conversación hacia lo que parece haber sido el tema del año: el conflicto con el campo, que en muchos casos perjudicó al negocio exportador tanto o más de lo que, hasta ahora, ha hecho la crisis financiera internacional, que estalló meses después.
Bustos Carra, de la Cámara de Comercio Exterior, fue mucho más allá en el tiempo: “El primer ataque del gobierno contra el agro fue hacia el campo mendocino, el 5 de noviembre de 2005 cuando le quitó el reintegro a las exportaciones de ajo y de aceite de oliva”, dijo.
El argumento que en ese momento utilizó la Nación fue que esos productos (típicos de la economía provincial) forman parte de la canasta familiar, agregó Spitalieri, bien enterado del tema: “Estamos viendo la posibilidad de hacerle un juicio al Estado por eso. Hay que aclarar que el reintegro no es un subsidio sino un componente de impuestos que se calcula sobre el precio total del producto”.
“Es decir que si agregás mano de obra pagás más impuestos. Si metieras el ajo en bolsas, no más pagarías menos”, completó Bustos Carra.
Allí intervino Fernando Güizzo para manifestar que la principal dificultad de invertir en Argentina se presenta a la hora de planificar en el largo plazo.
Oídos sordos
En el restaurante de calle Sarmiento el tiempo transcurrió rápido, entre quejas y anécdotas que compartieron los exportadores. Un tema recurrente en la reunión con los empresarios fue la poca o nula respuesta que han recibido del gobierno provincial con respecto a problemas de cada sector.
En ello insistió especialmente Bustos Carra, quien ya da por hecho que las provincias vecinas continuarán recibiendo beneficios impositivos por promoción industrial. Contó ofendido, que el gobernador Celso Jaque se resiste a concederle una audiencia a la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo.
Y Robbio expuso que, en particular, a la tecnología no le dan la importancia que sí tienen el sector en otras provincias como Córdoba.
Las oficinas del estado nacional tampoco los atienden de la manera que ellos quisieran. Spitalieri, quien dijo haberse reunido “con todos, menos con la presidente” contó que los funcionarios de Buenos Aires le han respondido “pero usted es de Mendoza, en Mendoza tienen mucha plata”.
Un tema que involucra tanto a los estados provinciales como nacional es la política exportadora. En este sentido los empresarios admiran la manera en que operan otros países. “Los embajadores chilenos son agregados comerciales”, expuso Robbio quien trabajó durante 30 años en la empresa de Pescarmona. “Para los argentinos llegar a la embajada significa el retiro”, agregó otro de sus colegas para marcar la diferencia que existe entre ambos países.
Güizzo contó la experiencia de haber sido llevado a ferias en el mundo por organismos estatales que fomentan el comercio exterior, conseguir buenos contactos, posibilidades de ventas para colocar su producción de frutas y –al mismo tiempo- trabas fitosanitarias con países, que llevaría años resolver.
En eso Spitalieri extrajo de la carpeta que llevaba consigo un articulo impreso de Bonaire Group titulada “China eleva reintegros a las exportaciones para rescatar a sus empresas” y consiguió generar así otro silencio de horror.
Con todo, los empresarios dan a entender que el lugar que cada uno ostenta en el mercado internacional fue conseguido con esfuerzo propio. Por ello, con más razón, temen desaprovechar clientes al ser desfavorecidos por el tipo de cambio.
Para no perder fuerza en el negocio, Belatrix está haciendo “un esfuerzo de marketing infernal”, contó el ingeniero.
El empresario frutícola explicó en este sentido que prefiere perder márgenes de ganancia con tal de cuidar el mercado: “Vamos a tener que ajustarnos el cinturón para no perder 15 años de trabajo en el mercado. Si te retirás un año aparecen 20 en tu lugar. Permanece el proveedor que haya hecho bien las cosas”.
Aún así Güizzo puso el toque de optimismo que faltaba en la mesa al hacer hincapié en que ciertos cultivos como el de cereza ofrecen mejor sustentabilidad en el mediano y largo plazo porque existe una fuerte demanda insatisfecha en el mercado del norte, durante la época de cosecha en el hemisferio Sur.
Cuestión de empleo
La exportación es un proceso íntimamente integrado a la situación socioeconómica de la provincia y no una actividad que afecta a un grupo de privilegiados de grandes empresas, como a veces se la muestra.
Las ventas al exterior, durante los últimos años, permitieron a las compañías locales reinvertir en sus empresas y, por lo tanto, crear nuevos puestos de trabajo. De modo que ahora, cuando se da vuelta la tortilla, parece inevitable que las empresas ya no apuesten en nueva tecnología o maquinaria y que, al mismo tiempo, comiencen prescindir de empleados.
Y aunque el despido o suspensión de personal, así explicados, parecen naturales y previsibles en el contexto actual, los empresarios observan que la sociedad no es conciente de lo que está sucediendo o por suceder.
Luis Robbio, quien estuvo las últimas semanas visitando personalmente a sus clientes en Estados Unidos para conocer lo que sucede allí de primera mano, convoca casi a diario reuniones con los 150 ingenieros de su empresa para explicarles que el futuro de su negocio es complicado.
“La gente va a seguir consumiendo alimentos, pero nuestro producto… no se”, manifestó el empresario preocupado porque los pedidos de desarrollo de software que estaba por comenzar en estas fechas se cayeron por completo, aunque no ocurrió lo mismo con los proyectos en proceso.
Robbio está realmente inquieto ante lo que ha podido advertir personalmente en los Estados Unidos: “Mi hijo vive en una ciudad cerca de Miami, es impresionante ver la cantidad de carteles de remate que hay en todos lados. Allá no se habla de otra cosa que de crisis”.
Spitalieri también tiene de qué sorprenderse. En la última semana mantuvo una reunión con el secretario general del sindicato de trabajadores frutihortícolas, quien le pidió un incremento salarial del 30 por ciento bajo amenaza de quemar gomas frente a los galpones de empaque:
“Que vayan, no van a encontrar a nadie trabajando porque todo está parado”, le respondió el ajero.
Quien aportó una mirada positiva con respecto a la mano de obra fue el gerente de exportaciones de Frutas Güizzo, en el sentido de que para la cosecha de cerezas que está comenzando ha conseguido toda la mano de obra que años anteriores no pudo.
¿Y el futuro?
Un sector gravemente marcado por la incertidumbre es el olivícola, contó Bustos Carra. En los últimos años han crecido las plantaciones de aceituna a tal punto que hicieron caer el valor del aceite de oliva en el mundo.
En el rubro del ajo Spitalieri agregó que el mercado volvería a moverse dentro de un mes y Robbio dejó en claro que el panorama para la tecnología se enturbia a partir del anuncio de estatización del sistema previsional: “Eso nos quita credibilidad como nación, el gobierno alteró las reglas del juego y de eso se entera todo el mundo. Y la imagen del gobierno es, inevitablemente, la imagen del país”.
Güizzo balanceó la charla una vez más con un buen augurio. Como graduado en administración de empresas, toma los cambios como componentes propios de trabajar en un mundo globalizado. Considera que sigue existiendo rentabilidad para el productor que sepa adatarse al rubro que le provea mayor rentabilidad. El empresario frutícola observa cada año como “una nueva partida de ajedrez”, un desafío.
En fin, en la mesa coincidieron en que, en general, el futuro exportador no es promisorio. Eso quedó claro en la palabra de los empresarios: Argentina tiene un tipo de cambio que, como durante el 1 a 1, ahora desfavorece nuevamente las exportaciones (y ya incentiva las importaciones). Este hecho que se suma a un sistema estatal que, cada vez con mayor frecuencia, ha trabado el negocio exportador. Entonces la única frutilla que le faltaba a este postre viene a ser la crisis financiera internacional, que terminó con el famoso “viento de cola” (el consumo mundial en crecimiento) que los economistas advirtieron en los últimos años.