Los consejeros matrimoniales aborrecen a Ben Bernanke. Candidato firme a santo patrono de los divorciados, el titular de la Reserva Federal (Fed) es, para los matrimonios del mercado financiero, lo que un aviso en vía pública de Luciana Salazar para un marchito automovilista: un ineludible factor de anarquía.
Operadores, agentes, brokers, inversores, analistas, ahorristas ¡y sus cónyuges! tendrán hoy a las 17.15 hs. de Buenos Aires una prueba de fuego en la perinola de los gobernadores de la Fed, donde el nerviosismo seguramente hará de las suyas. Y si bien se oye de fondo el “hagan sus apuestas, señores” los operadores se confiesan en estricto anonimato que en lo que respecta a las apuestas... ¡ya están hechas! y que sólo les resta esperar.
“Un día como el de mañana (por hoy) me levanto muy temprano y antes de hacerme el desayuno ya estoy mirando los mercados en Asia”, dice un enfático operador de la city porteña. “Después me hago un café pero muchas veces estoy tan ansioso que me voy a la oficina antes de hora para revisar las noticias, algo que mi mujer todavía no entiende”, dice y sentencia con una labia oronda: “para operar con éxito, hay que hacerlo a full time”.
“Las decisiones inquietan”, reflexiona otro broker, “pero el mercado es eficiente y en teoría ya las descuenta casi plenamente”, confía, aunque retrocede: “sin embargo siempre hay un gran margen fuera de control sobre todo en los días donde se junta la Reserva Federal. Los precios de los valores no descuentan absolutamente todo ni mucho menos, y siempre dejan un espacio al pánico colectivo”.
Dicen que uno puede ponerle el nombre que quiera: subconsciente, sugestión, efecto contagio pero que siempre se termina hablando de lo mismo: las emociones colectivas, íntimamente ligadas con las particulares. Según los consultados, sólo de esa manera puede llegar a entenderse que un mismo dato hunda los mercados el lunes y dos días después los haga volar.
En la intimidad de la previa –y antes de conocer el veredicto– poco importa lo que hagan: confiesan sacarse los zapatos, jugar al golfito, fumarse los codos, caminar descalzos sobre la alfombra de la oficina, comer mal y frío y hasta atragantarse con varias hamburguesas, uñas, saliva, pelo muerto, caspa, o sencillamente... no comer nada: todo queda reducido a los únicos cinco minutos de silencio donde la reflexión e interpretación se dan la mano con la suerte.
“Cuando llega el momento del comunicado, todo es expectativa”, dice uno. “No sólo hay que tener la información al instante para conocer la magnitud del recorte, sino que también hay que analizar el statement”. ¡Ah!, lo último y de mayor importancia: hay que ver cuál es la lectura que hace el mercado. “Después es cuestión de no ir contra la corriente y empezar a recibir llamados de los clientes que quieren saber qué pasó y qué tienen que hacer”.
Pero hay más en la Biblia de los brokers: “hay que entender que el mercado se basa en los sentimientos humanos, y que éstos, sobre todo el de la masa de inversores, no son aleatorios”.
Antes y después hay de todo. Los lugares de discusión pueden ser lo más variado y van desde la mesa de operaciones, los pasillos, el gimnasio, el baño, la máquina de café, los foros, pero no por eso los pequeños demonios de las blackberrys los dejan en paz. “Más de una vez hasta acelerando por avenida Libertador he revisado precios y posiciones”, confiesa del otro lado de la línea un suicida émulo de Michael Schumacher.
En la traducción a lo que puede pasar hoy, el grueso emocional estará puesto en esta escala: siete de cada diez analistas descuentan que la Fed baje 50 puntos básicos a 3%. Si sale menos, la caída en los precios los dejarán en off side; si sale un mayor recorte el peligro será que el mercado interprete que está todo mucho peor. Por eso frente a la ruleta, y ante la mirada sorprendida del croupier, el grueso de apostadores hace rato que puso todas sus fichas. ¿No va más?
Fuente Cronista
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