Las finanzas públicas mendocinas al borde del abismo

Por MDZEl comunicado de prensa que emitió esta semana el Consejo Empresario Mendocino advierte que la provincia está a un paso de entrar en crisis y dio a conocer su preocupación. Se incrementaría el gasto público más de lo previsto.

Todos los informes son coincidentes: la inflación es el principal problema de la economía argentina. Excepto para el Indec, claro. En Mendoza, las mediciones son mas serias y reflejan lo que, de todas maneras, los argentinos ya saben: los precios crecerán no menos de un 20% en el 2007.

Lo sindicatos estatales piden un lógico aumento salarial debido a que se está deteriorando el poder de compra.

Pero, por otro lado, entre los expertos es un secreto a voces que hay un desborde del gasto por sobre los ingresos y que si no se corrige urgente esta tendencia, tendremos nuevamente déficit fiscal.

El CEM advirtió en un muy duro comunicado de prensa esta preocupación y mencionó como ejemplo el caso de la Ciudad de Buenos Aires. Pasadas las elecciones los vecinos tendrán que pagar más impuestos para cubrir el rojo de las cuentas públicas.  La entidad empresaria también pidió coherencia a los dirigentes políticos que promovieron y votaron una Ley de Responsabilidad Fiscal que prohíbe aumentos antes de las elecciones. Varios de ellos son los mismos que hoy se muestran dispuestos a no cumplirla, casi como si no supieran de qué se  trata.

Algunos números pueden ilustrar mejor el problema.

Si la Provincia otorga en las próximas semanas un aumento del 10% adicional a lo que ya subió a los estatales, tendrá en el 2008 un piso de $2.800 millones de gasto total en salarios contra un total de $2.000 millones que se gastarán en el 2007. Una herencia de $800 millones de mayores gastos sin que todavía se discutan los aumentos para el 2008.

En este contexto, un incremento del 20% en marzo del 2008 podría llevar a la provincia a una situación límite. Y para entonces ya no habrá soluciones razonables.

La primera víctima del desequilibrio financiero será la obra pública. Y luego seguirá la falta de insumos en los servicios básicos. Aparecerán los bancos salvadores que con un “modesto” costo en tasas de interés y comisiones nos prestaran el dinero que necesitamos. Algunos propondrán aumentar los impuestos y la mayoría mirará para el costado o, peor aún, querrá sacar réditos políticos de la situación. Todo esto es historia conocida. Es la repetición de todos los vicios de los ‘80 y los ‘90. 

¿Podremos esta vez cambiar la historia?

La respuesta ya no tiene que ver con la economía sino con la política o, quizá, con la lucidez y la integridad. O simplemente con decir y asumir la verdad.

El Gobierno, como cabeza de la provincia, es el principal responsable. En los últimos tres años dejó pasar una oportunidad histórica para hacer las transformaciones que pide a gritos la vetusta estructura del Estado mendocino. Ahora debe explicar que los tiempos cambiaron, que la época de las vacas gordas y los ingresos siempre crecientes está llegando a su fin.

Los sindicatos podrían acompañar sus justas reivindicaciones con una mirada más prudente de la realidad financiera y una postura más firme y explícita frente a los desordenes administrativos y el malgasto de muchas áreas de Gobierno.

Los candidatos y los partidos de la oposición, todos ellos por su historia, también son responsables de lo que nos pasa y no pueden hacer demagogia ni pretender obtener votos con las necesidades de los empleados públicos.

El Gobierno, los partidos políticos, los candidatos y los sindicatos deben llegar a un acuerdo basado en la realidad y explicarle a los mendocinos cuál es la verdad y cómo vamos a solucionarla, sin patear la pelota para adelante. Es indispensable que no rehuyan más a la postergada Reforma del Estado. La necesitamos para tener muchos mejores servicios para la población y funcionarios públicos eficaces y bien pagos, a un costo que pueda ser solventado por la sociedad mendocina.

¿Podrán hacerlo?, ¿querrán hacerlo?

Los ciudadanos debemos exigirles que lo hagan. Que tomen compromisos concretos y asuman su responsabilidad como dirigentes. Que no nos arrastren más a situaciones limites de las cuales siempre se sale mal y perjudicando a los más pobres.  De ellos depende que esta vez no repitamos la historia.