No es un mito. Las papas fritas afectan tu salud más de lo que crees. El problema no es la papa, es el aceite y la frecuencia. Comerlas seguido suma grasas y calorías que elevan el colesterol y dañan el corazón. Aun así, no hace falta eliminarlas: el punto está en cómo y cada cuánto las consumes.
Colesterol y papas fritas
El riesgo aparece cuando se vuelven hábito. Estudios señalan que comer papas fritas más de dos veces por semana se asocia con mayor riesgo de salud a largo plazo. Esto se debe a que la fritura suma grasas saturadas y compuestos dañinos.
Una porción frita puede duplicar las grasas frente a una cocción al horno. Incluso 100 gramos pueden superar las 200 calorías y subir hasta 13 gramos de grasa. Ese exceso impacta directo en el colesterol LDL. Entonces, ¿cada cuánto comerlas? La recomendación más aceptada es clara: una vez por semana o menos. Y en porciones pequeñas. Algunos expertos hablan de entre 6 y 15 papas por ocasión.
La forma de preparación marca la diferencia. Las frituras industriales o de comida rápida son las más dañinas. Tienen aceites reutilizados, más sal y grasas de baja calidad. La mejor forma de comerlas es en casa. Con aceite nuevo, sin recalentarlo y evitando freír en exceso.
Otra opción mucho mejor es hacerlas al horno o en freidora de aire. Hay un dato poco conocido: acompañarlas con tomate o kétchup con bajo azúcar ayuda a reducir efectos dañinos. Esto se relaciona con el licopeno, un antioxidante que actúa en el organismo.