Proyecto Power llegó a Netflix con la promesa de ser una película de acción distinta. La trama parte de una idea: una píldora que otorga superpoderes por cinco minutos, aunque con efectos impredecibles. Esto bastó para atraer a un público amplio que busca efectos llamativos y un elenco popular.
Una película particular
La historia sigue a un policía decidido a combatir el crimen en una ciudad donde la droga del poder circula sin control. Lo acompaña una joven rapera que quiere rescatar a su madre, mientras que un exsoldado busca respuestas sobre su hija desaparecida. Entre estos tres personajes, se arma una cacería repleta de balas, explosiones y persecuciones.
Sin embargo, la película cae en algunos errores típicos. El primero es su guion predecible, que desde el inicio marca el camino hacia el desenlace sin dejar lugar a grandes sorpresas. Las situaciones parecen armarse con fórmulas conocidas que no logran engañar al espectador atento a los detalles.
Otro aspecto que llama la atención es cómo de repente aparecen discursos sociales o problemas personales de los protagonistas. En vez de integrarse de manera natural en la trama, estos momentos parecen añadidos a la fuerza. Esto corta el ritmo de la acción y genera cierta desconexión con el desarrollo de los personajes.
El elenco logra sostener la película gracias a sus interpretaciones. Jamie Foxx, Joseph Gordon-Levitt y Dominique Fishback hacen un buen trabajo, aunque en ocasiones el guion les juega en contra.