Los homicidios siempre nos conmueven, pero de alguna manera en nuestro imaginario hay algunos que parecen si bien no tener una justificación, logramos entenderlos, otros sin embargo nos resultan incomprensibles y nos cuestionan como miembros de la humanidad. En este contexto están aquellos cometidos contra “la propia sangre” o al menos en nexos cercanos, así el femicidio genera repudio, pero los parricidios (la muerte de los padres), filicidios (de los hijos) y los fratricidios (entre hermanos), nos cuestionan sobre el sujeto de la locura.
Nuestros orígenes culturales están llenos de referencias a estos crímenes-tabú, como Abraham que acepta la indicación divina de matar a su hijo (Kierkegaard plantea este caso como uno de suspensión de la ética), o Caín y Abel que preconfigura nuestra cultura de manera clara y porque no el origen de nuestra cultura latina en Rómulo y Remo. Todos estos homicidios, fratricidios, poseen un componente que trasciende al acto mismo y deja un impacto definitivo.
Cain y Abel
Foto: Pinterest
En estos días en el Barrio Santa Rita de Rosario, una niña de solo 13 años asesinó con un “arma blanca” dice la crónica, a su hermano de 5 años. La modalidad le agrega ese componente de los crímenes que develan un componente emocional especial, el arma usada para sacrificar a las víctimas. La crónica dice que intervendrán organismos encargados de la Salud Mental, pero la muerte real y las varias simbólicas ya han ocurrido. También dicen que se sospecha una enfermedad mental. Eso nos lleva otra vez a tener una visión escotomizada, fragmentada, concentrada solo en ver si padece una patología, aunque de todas maneras en función de la edad será inimputable; pero ¿es este el real problema o quizás toda la larga historia que esa niña, su hermano asesinado y sus padres cargan por detrás?
La pobreza de la zona, la realidad social de los alrededores de Rosario y del país en general, invitan a abrir el ángulo de nuestro diafragma mental, y la incidencia de esos factores en la salud, entre ellas obviamente la mental. La prevención, el ocuparnos es el único camino, sino seguiremos esperando la criónica del siguiente crimen.
* Enrique De Rosa Alabaster
Psiquiatra Forense Médico Legista MN 63406
Presidente Asociación Argentina de Victimología
@enriquederosa
www.enriquederosa.com