Argentina, principios de 1996. El entonces presidente Carlos Saúl Menem arrancaba su segundo mandato tras vencer por amplio margen al opositor José Octavio Bordón, impulsado por su enorme popularidad y los efectos de la convertibilidad, con promesas de un futuro más próspero para los ciudadanos. En contraste, la economía argentina arrancaba en recesión luego de la caída del PBI del 2,8% en 1995, en medio de un escenario de alta volatilidad donde la paridad peso-dólar esbozaba sus primeros síntomas de estrés. Sin embargo, a lo largo de 1996 los indicadores se recuperaron y la economía retomó una senda alcista que duraría unos años más.
Mientras la sociedad argentina avanzaba entre idas y vueltas, con esperanzas de bienestar en un modelo gubernamental que imitaba la 'moda neoliberal' de esos años, un periodista mendocino entrevistaba a un prometedor empresario, heredero de un emporio empresarial de envergadura y que por aquel entonces, además de dirigir una poderosa empresa automotriz, iniciaba su gestión como presidente de un importante club de fútbol.
Hace más de veinte años era inimaginable que Mauricio Macri, un hombre carismático pero distante, que había sorprendido a todos en las elecciones del club Boca Juniors, fuera a convertirse algún día en la cabeza del Estado argentino.
Macri ostentaba por aquellos años la gerencia general de SOCMA (Grupo Macri) y estaba a cargo de la fabricante automotriz Sevel Argentina (subsidiaria de Peugeot hasta 1999); además arrancaba su primer año como presidente de Boca Juniors (que duraría hasta 2007) y aún se recuperaba de los traumas del secuestro extorsivo que sufrió en 1991. Casado en segundas nupcias con la modelo Isabel Menditeguy, el hijo de Franco Macri atravesaba un auge de popularidad y su nombre comenzaba a tomar vuelo propio, aunque renegaba de los flashes y se alejaba del frivolismo que luego caracterizó la segunda mitad de la década.
La entrevista realizada por Luis Abrego y que salió publicada en el número 72 de la entonces más periodística revista mendocina Primera Fila, bajo el polémico título 'Pobre niño rico', refleja un Macri sintético, frío, esquivo y muy pragmático, cuyo discurso iba en la dirección empresarial de mediados de los '90: menemista a rajatabla, expectante al futuro y convencido de las políticas aplicadas por el Gobierno, sin advertir (como la mayoría de los argentinos) las graves consecuencias que acarrearían.
Tapa del número 72 de la Revista Primera Fila, publicado para la edición de febrero de 1996. "Por un Boca ganador" fue el título de portada. (Revista Primera Fila - Biblioteca Pública General San Martín)
De todos modos, ese empresario y flamante dirigente deportivo también evidenciaba signos de optimismo, simpleza, sinceridad al menos discursivamente, ingenuidad e interés en abordar la transparencia y la ética como ejes de sus acciones en lo deportivo y lo empresarial; cualidades que explotaría con mayor eficacia varios años después gracias a la ayuda de coachings, asesores y la aparición esencial del consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba.
"No importa si uno se considera un poderoso o no. Lo importante es estar en capacidad de hacer cosas para crecer, incorporar tecnología, generar empleo e insertar a Argentina en el mundo", reflexionaba un Macri que hace veintidós años aspiraba a la política pero ni sopesaba llegar a la primera magistratura de su país.
Experiencia "única"
El periodismo ofrece a sus trabajadores momentos únicos, ya sea por la trascendencia de los entrevistados; por las repercusiones públicas de un artículo de fuerte impacto; o por la experiencia excepcional vivida durante la obtención de información o de un reportaje. Abrego confiesa a MDZ más de veinte años después que el encuentro con Macri fue "uno de los más raros" que tuvo en su carrera profesional.
"Nos citaron en una oficina en Buenos Aires a las 9 de la mañana, donde llegamos puntuales. Más de una hora después salió Macri y nos dijo que se le había complicado muchísimo la agenda, que entendía que nosotros habíamos viajado desde Mendoza, y que si no nos molestaba hacer la nota arriba del auto mientras él iba a otra actividad", narra Abrego.
Luego de tomar el ascensor y llegar al estacionamiento, el periodista mendocino experimentó una secuencia digna de cualquier cortometraje surrealista: "Advertimos antes de subirnos al auto que había movimientos raros alrededor de él, dándonos cuenta que eran sus guardaespaldas; de hecho hubo una pequeña discusión porque al fotógrafo (Rodolfo Solari) no lo quisieron subir al mismo auto que Macri y yo. Al comenzar la marcha, dos vehículos escoltaban el automóvil principal; el fotógrafo fue en el de atrás y yo me subí junto con Macri en un auto de alta gama con chofer".
"En un momento, cuando apenas salimos, me dijo 'yo no he desayunado, tengo hambre', entonces le da indicaciones al chofer para que pare en un AutoMac. Durante toda la entrevista, mientras iba charlando conmigo, Macri estaba comiendo papas fritas", añade entre risas.
Todas las previsiones siempre son pocas, ya que aún está fresco el recuerdo del secuestro: "Fueron 15 días de vacaciones forzadas que no quisiera volver a vivir nunca más en mi vida", dice [Macri] cerrando el tema. No le gustan las entrevistas, ni las fotos, pero aquí estamos, escribió Abrego en 1996, introduciendo al lector a un reportaje ambivalente y contradictorio, donde el entrevistado intercaló amabilidad e incomodidad, frescura con cierto rechazo a las preguntas, y decoro con obligación.
"Macri se mostró muy fresco -recuerda el periodista en 2018-. Pudiendo tener otra actitud, me llamó mucho la atención que estuviera muy cordial siempre, pero a la vez demasiado distante. Sin ser descortés, marcaba una distancia como que tal cosa no le interesaba, o estaba incómodo y hablaba conmigo porque lo tenía que hacer. Hice un esfuerzo muy grande para intentar sacar algo de ese encuentro, mientras trataba de deducir dónde íbamos en viaje y cómo iba a volver con el fotógrafo".
El actual presidente era uno de los empresarios más buscados por los medios debido a su sorpresiva victoria en las elecciones para presidente de Boca Juniors en 1995. (Revista Primera Fila - Biblioteca Pública General San Martín)
Niño rico, vida pobre
- ¿Qué tipo de educación recibió, la del hijo de un inmigrante, o la de un niño rico?
- (Vuelve a hacer un largo silencio) Yo diría que más cercana a la de un niño rico...
- ¿Eso lo ves como una falencia de parte de tus padres?
- No, para nada. Digo niño rico, porque vengo de una familia con buena posición: fui a un buen colegio, me gradué en la universidad, pero no tengo ningún problema con eso. En casa las cosas siempre fueron manejadas dentro de la simpleza, siempre se le dio mucha importancia a mantener la humildad y a no hacer diferencias por la posición económica.
El reportaje traza un perfil del Macri de los '90 en el que, según cada mirada individual, pueden encontrarse enormes diferencias o sutiles paralelismos con el presidente de hoy. Según Abrego, el entonces empresario se mostraba "como un tipo frío, que generaba una distancia sin ser desconsiderado, poniendo una barrera. Esa sensación sobrevoló toda la experiencia, incluso a mí me hizo reflexionar y derivó en el título de la nota. Días después, a la hora de redactar la entrevista, pensé en que ese tipo tiene toda la guita del mundo, podría estar haciendo una vida súper relajada y además es el presidente de uno de los clubes más importantes del mundo, pero tiene que vivir con custodia, ni siquiera puede comer tranquilo en un local, debe aguantar a un periodista, etcétera. No era para envidiarlo en absoluto".
Menemista, como (casi) todos
- Se está discutiendo, desde la oposición, la posibilidad de salir de la convertibilidad. Como un empresario ligado al presidente [Carlos Menem], ¿qué evaluación hace del plan económico y la gestión de Menem en general?
- No hace falta salir de la convertibilidad, es muy peligroso. Argentina no está madura en términos de estabilidad, la hiperinflación aún está presente en el recuerdo de la gente, y sería necesario dejar pasar un tiempo más. La competitividad argentina ha ido creciendo, se está trabajando sobre la productividad y los costos. Ha habido deflación, y por lo tanto hay que seguir trabajando sobre esa línea que es la correcta.
- ¿A la hora de las internas entre Menem y Cavallo, el grupo SOCMA para quien toma partido?
- Es una lástima que caigamos en la ineficiencia, por ruidos entre los dos hombres claves del país. Juntos, son un buen equipo, pero no hay dudas que es el presidente el hombre más importante en un país. Cavallo ejecuta la política de Menem.
"Por los años '90 Macri era uno de los tipos que elogiaban el modelo del menemismo, como la gran mayoría de los grandes empresarios en esos años", señala hoy el destacado periodista. Y, por ende, Abrego destaca esa permeabilidad de adaptación a los tiempos que corren como una de las virtudes del ahora presidente del país: "Macri ha tenido una modificación en su pensamiento político. Discusiones aparte, su gobierno no es lo que fue el de Menem, porque intenta hacer pie en cosas distintas, que en aquella época hubieran sido malas palabras".
"Macri es un liberal en el sentido económico, y en ese momento veía que ese gobierno estaba llevando adelante un programa liberal, lo cual era cierto", acota.
Luego de la entrevista en el automóvil, Macri posó sonriente en una mesa de metegol antes de participar en un asado sindicalista. (Revista Primera Fila - Biblioteca Pública General San Martín)
El político oculto
- ¿Pero, le interesa la política?
- No sé. Estoy haciendo experiencia, yo siempre dije que me iba a dedicar a la política en algún momento de mi vida. Si me adapto, lo haré. Una cosa es dar órdenes en una empresa donde se es dueño, y otra negociar y discutir como sucede en la política. Yo voy a intentar hacer las cosas según mis parámetros, sin transar con nadie y diciendo la verdad. Si fracaso es porque no sirvo para esto, pero yo no voy a cambiar mi estilo para poder hacer política.
Al igual que para muchos argentinos en 1996, Mauricio Macri era solo un empresario relativamente exitoso que tenía ganas de presidir un club de fútbol, mentalizado más en las finanzas de la institución de sus amores que en construir una incipiente carrera política. En el periodismo flotaba la misma sensación y Abrego no fue la excepción: "En ese momento no lo veía como un futuro político". Su percepción sobre él cambiaría rotundamente en el año 2014, cuando lo entrevistó en el marco de la Vendimia: "Ahí lo ví como presidente, lejos de lo que creían la mayoría de mis colegas", se sincera.
Observado a la distancia más de veinte años después, el entonces empresario acompañado por su círculo íntimo, cuyos integrantes hoy ocupan varios cargos institucionales en la estructura del Estado nacional, ya maniobraba muy perspicazmente en los ámbitos de la política. "Me acuerdo que el otro compromiso que Macri tenía luego de nuestra entrevista era ir a un asado de algún sindicato con tipos de alta jerarquía gremial, algo que me llamó muchísima atención. Visto en perspectiva actual, evidentemente ya estaba tejiendo lazos con un sector del peronismo y el sindicalismo", analiza Abrego.
Cero cancha en comunicación
- ¿Cómo imagina el resto de su vida?
- Si me tengo que poner a imaginar tanto, y como son tantas las cosas que quiero hacer, tengo miedo de que me estalle la cabeza. Bueno, listo, porque me estás matando.
"Creo que Macri sufrió la entrevista, más allá del tenor del interrogatorio, por esa situación de ir encerrados en un auto con alguien que le tiraba preguntas cada vez más incómodas", explica Abrego.
Hacer un reportaje en determinadas circunstancias especiales no suele repetirse dos veces, y los protagonistas cambian tanto que, si volvieran a coincidir en una situación similar, sería en formas completamente diferentes. "Han pasado muchos años y él no es el mismo, tiene otras responsabilidades y tiempos, y yo tampoco soy el de entonces. Me parece que de ninguna manera podría darse lo que se dio en ese momento", considera Abrego abriendo los recuerdos imborrables de una entrevista a un empresario que, décadas después, sería la máxima autoridad de un país que, lamentablemente, sigue arrastrando los mismos problemas.
Macri y el periodista mendocino Luis Abrego, fotografiados tras bajarse del automóvil de alta gama luego de viajar más de 40 minutos entre la Ciudad de Buenos Aires y la localidad bonaerense de San Justo. (Revista Primera Fila - Biblioteca Pública General San Martín)
La entrevista completa
POBRE NIÑO RICO - Periodista: Luis Abrego (secretario de redacción de Primera Fila). Fotografías: Rodolfo Solari
Extrañas paradojas las que depara el periodismo. La única forma de hacer una entrevista con Mauricio Macri (36), era a bordo de su auto, en el camino de una reunión y otra, cubriendo un trayecto de más de 40 minutos entre Capital Federal y San Justo, en la provincia de Buenos Aires. Obviamente, aceptamos la propuesta y nos embarcamos en el Peugeot 405 Diyon, de vidrios polarizados y comandado por un chofer guardaespaldas. Detrás, otro Peugeot, un 504 con dos custodios y nuestro fotógrafo. Todas las previsiones siempre son pocas, ya que aún está fresco el recuerdo del secuestro: "Fueron 15 días de vacaciones forzadas que no quisiera volver a vivir nunca más en mi vida", dice cerrando el tema. No le gustan las entrevistas, ni las fotos, pero aquí estamos, en el asiento de atrás con el zar de la industria automotriz argentina y presidente de Boca. Casi nada.
DESPACIO, Y EN PRIMERA
- Hace cuatro años se hablaba de inversiones por 926 millones de dólares para ingresar a la cadena mundial de producción de Fiat y Peugeot, ¿esto ya se ha producido?
- Con Peugeot hemos avanzado mucho. Estamos en medio de la inversión del 306 para abastecer todos los mercados del Mercosur y de terceros países. En breve definiremos la gama de productos hasta el 2000, que involucrará utilitarios y seguramente la marca Citroën.
- En el '99 se terminan los subsidios para la industria automotriz nacional. ¿Sevel está preparada para competir con los productos importados?
- Hemos unificado el régimen automotriz con Brasil. Eso nos permite consolidar el desarrollo de la industria local, con mercados más ampliados. Después del 2000 vamos a definir con Brasil cómo competir con el resto del mundo. Esto va a depender de si los países siguen funcionando en bloque o hay una mayor apertura.
- Se está discutiendo, desde la oposición, la posibilidad de salir de la convertibilidad. Como un empresario ligado al presidente [Carlos Menem], ¿qué evaluación hace del plan económico y la gestión de Menem en general?
- No hace falta salir de la convertibilidad, es muy peligroso. Argentina no está madura en términos de estabilidad, la hiperinflación aún está presente en el recuerdo de la gente, y sería necesario dejar pasar un tiempo más. La competitividad argentina ha ido creciendo, se está trabajando sobre la productividad y los costos. Ha habido deflación, y por lo tanto hay que seguir trabajando sobre esa línea que es la correcta.
- ¿A la hora de las internas entre Menem y Cavallo, el grupo SOCMA para quien toma partido?
- Es una lástima que caigamos en la ineficiencia, por ruidos entre los dos hombres claves del país. Juntos, son un buen equipo, pero no hay dudas que es el presidente el hombre más importante en un país. Cavallo ejecuta la política de Menem.
REGULANDO, Y EN SEGUNDA
- Sus empresas facturan más de 2.500 millones de dólares al año. ¿Eso lo hace sentir un hombre poderoso?
- (Piensa, y hace un largo silencio) No importa si uno se considera un poderoso o no. Lo importante es estar en capacidad de hacer cosas para crecer, incorporar tecnología, generar empleo e insertar a Argentina en el mundo.
- ¿Qué tipo de educación recibió, la del hijo de un inmigrante, o la de un niño rico?
- (Vuelve a hacer un largo silencio) Yo diría que más cercana a la de un niño rico...
- ¿Eso lo ves como una falencia de parte de tus padres?
- No, para nada. Digo niño rico, porque vengo de una familia con buena posición: fui a un buen colegio, me gradué en la universidad, pero no tengo ningún problema con eso. En casa las cosas siempre fueron manejadas dentro de la simpleza, siempre se le dio mucha importancia a mantener la humildad y a no hacer diferencias por la posición económica.
- ¿Qué relación tiene con Franco, su padre?
- Yo he trabajado con él desde los 18 años, y siempre se mezcla lo afectivo con lo empresarial. Hemos pasado buenos momentos, malos, regulares. Ahora estamos pasando un buen momento, en el cual los dos manejamos las cosas con mayor madurez.
EN TERCERA, Y ACELERANDO
- Luis Majul escribió en 'Los dueños de la Argentina', que usted era un futbolista mediocre. Hoy es presidente de Boca, ¿qué reflexión le genera?
- (Sonríe) Creo que lo único que dijo de verdad en ese libro debe ser eso.
- ¿Se asume como un futbolista mediocre?
- Y si no, en vez de ser presidente, estaría jugando de número 9, que fue mi sueño de toda la vida.
- Antonio Alegre [presidente de Boca Juniors entre 1985 y 1995] es un afiliado radical declarado, usted, menemista confeso. ¿Cuánto de política partidaria hubo en la elección de Boca?
- Hubo aparatos de la política que jugaron a favor del oficialismo. Pero los resultados están a la vista: en la política o en el fútbol, los aparatos carecen de fuerza, y lo que importa es la voluntad de la gente.
- Julio Ramos dice que la política del fútbol al lado de la política partidaria es un nene de pecho. ¿Coincide con él?
- No conozco lo partidario, pero esto del fútbol fue mucho más sucio de lo que yo imaginaba. A pesar de que yo no agredía, el oficialismo me agredía. Eso no lo pude entender, pero ya pasó, ahora somos todos hinchas de Boca y hay que tirar para adelante. Julio Ramos fue un caballero que cumplió su palabra, al retirar su candidatura, y ayudó mucho para convencer al socio de Boca de que hacía falta un cambio.
- ¿Ser presidente de Boca es una distracción, o es un trampolín para futuras aspiraciones políticas?
- No es un hobby. Es una pasión y un sueño, que es hacer de Boca algo importante. No sé si será un trampolín o no. He prometido y estoy trabajando mucho para cumplir. El tiempo dirá.
- ¿Pero, le interesa la política?
- No sé. Estoy haciendo experiencia, yo siempre dije que me iba a dedicar a la política en algún momento de mi vida. Si me adapto, lo haré. Una cosa es dar órdenes en una empresa donde se es dueño, y otra negociar y discutir como sucede en la política. Yo voy a intentar hacer las cosas según mis parámetros, sin transar con nadie y diciendo la verdad. Si fracaso es porque no sirvo para esto, pero yo no voy a cambiar mi estilo para poder hacer política.
- Entonces, es casi como un globo de ensayo personal...
- Es una experiencia nueva, la cual me va a servir para evaluar lo que voy a hacer en el futuro.
- ¿Qué hay que hacer para que Boca sea un Súper-Boca, como ha declarado?
- Tener en las inferiores al mejor entrenador, que es Griffa, y proveernos de los mejores jugadores. Tener a uno de los mejores técnicos del fútbol mundial, que es Bilardo. Arreglar el estadio y los accesos. Renegociar los contratos con los espónsores [sic], haciendo valer lo que nosotros creemos que es Boca en este momento.
- Carlos Ávila cree que los clubes argentinos todavía no se dan cuenta de lo que significa una camiseta como marca, especialmente en lo que se refiere al merchandising. ¿Coincide?
- Creo que tiene razón. Vamos a avanzar sobre esto, pero recién estamos arrancando.
CUARTA, Y SIN PROBLEMAS
- Maradona lo acusó de achicar gastos en vez de invertir. ¿No quiere jugar el papel de mecenas que durante la campaña mucha gente le asignó?
- Boca no está en la quiebra. Está mucho mejor de lo que estaba hace diez años y mucho peor de lo que debería estar. Lo que yo vengo a hacer es balancear, porque si sigue como venía, se va a la quiebra. Boca pierde plata todos los meses. Mi deber es abandonar mis ocupaciones personales, sacrificar mis empresas para dedicarme a Boca y conseguir que sea un equipo rentable.
- Que Boca, el equipo más importante por convocatoria, pierda plata, ¿es una parábola de lo que es este país?
- Es una parábola de lo que es el fútbol argentino, que si no se sanea ni se sincera, va a terminar acabando con el deporte más importante de la Argentina.
- ¿Maradona puede, dentro de Boca, más que Bilardo o Macri?
- No. Eso es un absurdo. El poder lo tienen los dirigentes, porque se lo dieron los socios. Diego lo único que tienen es una relación única con los hinchas. En eso yo no me voy a meter. El va a jugar mientras la gente quiera que juegue, pero la gente quiere que le dé más. Simplemente voy a poner límites para que las cosas se manejen dentro de lo razonable.
- ¿Esos límites tienen que ver con las atenciones especiales que Maradona recibe?
- Lo que él haya acordado con Bilardo es algo que no me compete. Si a Bilardo le parece razonable, para mí también lo es. Lo que voy a exigir son resultados.
- ¿Qué opina de la confesión de Maradona respecto a su relación con las drogas?
- Es un problema personal, pero creo que cualquiera que tenga un problema, si lo reconoce, da un paso importante para intentar resolverlo.
- ¿Qué significa Mendoza para el presidente de Boca como plaza futbolística?
- Tiene un estadio maravilloso, uno de los más lindos del mundo, y gente ansiosa por tener en su casa a sus equipos. Es una muy buena idea el hecho de incorporarla al mapa futbolístico nacional.
- ¿Existió la posibilidad de que Boca jugara de local en Mendoza, mientras duren las reformas de la Bombonera?
- Existió, lo evaluamos, pero tenemos un problema con la gente que ha comprado abonos, que son muchos, y si ellos se quejan no podemos movernos de Capital Federal. Vélez es el lugar más apropiado.
A FONDO, Y EN QUINTA
- Al margen de lo empresarial y deportivo, ¿qué metas tiene en su vida?
- Educar a mis hijos para que sean personas de bien y sanas en todos los aspectos. Ayudar para que la gente viva un poco mejor... (piensa) y creo que nada más.
- ¿Los empresarios siempre tienen en cuenta a la gente, o solo les interesa acumular dinero?
- Depende de cada uno. La mayoría, a pesar de que ya tiene todo lo que necesita para vivir bien, sigue trabajando.
- ¿Cómo se considera como padre?
- Ellos me consideran un buen padre, pero yo quisiera ser mucho mejor de lo que soy.
- ¿Cómo lleva el hecho de estar permanentemente expuesto y a su vez mantener una relación familiar y de trabajo equilibrada?
- Es muy delicado y cansador. Las comunicaciones han proliferado: hay millones de radios, cables, televisión, medios gráficos y todos quieren tener su noticia o su reportaje. Además, cuando uno no los atiende se ofenden. Es complicado, porque si yo atiendo a todos no trabajo, no como, no duermo. Además hay momentos en que uno se cansa.
- ¿Qué pautas fija para ordenar su día?
- Lo manejo según el estómago. Si estoy con capacidad de digerir un reportaje lo doy, si no, no. Cuando estoy muy cansado trato de desaparecer. Yo siempre he hablado muy poco en mi vida, soy más de hacer, y a veces me canso, incluso de mí mismo.
- ¿En el balance de su vida, qué ítems tiene en rojo?
- (Larguísimo silencio) Muchos. Sobre todo en el mundo de los sentimientos. Debo aprender a estar en pareja, tal vez no he sido lo suficientemente agradecido con mis padres, debo mejorar la relación con mis hermanos, darles más tiempo a mis amigos. En el hacer, creo que he hecho mucho más de lo que hace cualquier persona a mi edad.
REBAJE FINAL
- Usted tuvo un breve paso por la Universidad de Columbia, ¿qué le quedó de esa experiencia?
- Una gran frustración por no haberme podido quedar un par de años y estudiar algunos valores que deberíamos tratar de imitar. Sobre todo en cuanto a la ética y la transparencia. Me quedé con esa deuda. Me hubiera gustado hacer un máster.
- ¿Los ratos libres a qué los dedica?
- A practicar deportes, y también me gusta jugar a las cartas.
- ¿Para descansar y huir de Buenos Aires, qué lugar es el mejor?
- Punta del Este en el verano y ahora he descubierto el sur del país.
- ¿Qué lecturas prefiere?
- Las biografías, porque son una manera de leer Historia. La historia de grandes hombres que han hecho cosas: Gandhi, De Gaulle, Churchill, Bolívar, Roca.
- ¿Cómo imagina el resto de su vida?
- Si me tengo que poner a imaginar tanto, y como son tantas las cosas que quiero hacer, tengo miedo de que me estalle la cabeza. Bueno, listo, porque me estás matando.
La entrevista terminó. El viaje también.