Con su más reciente libro Saber ser (Editorial El Ateneo), el escritor y ex embajador Juan Archibaldo Lanús explora en el patrimonio inmaterial de la humanidad las escrituras y acciones de poetas, filósofos e historiadores que ilustraron los valores éticos, las ideas y la sabiduría de las culturas. Un abordaje íntegro y honesto que revaloriza la virtud y la espiritualidad humana que, a criterio del autor, están perdidas en esta época globalizada, individualista y egocéntrica.
En poco más de 300 páginas, este ensayo condensa tanto las principales enseñanzas de los grandes pensadores, artistas, académicos y científicos que Lanús fue conociendo desde su adolescencia, como los escritos políticos, sociales y religiosos que influyeron en la evolución de las civilizaciones. Repasando autores clásicos griegos, romanos y orientales hasta escritores contemporáneos de distintas partes del mundo, rescata textos decisivos para la humanidad en cuestiones políticas, sociales, económicas, éticas y de valores.
Con una mirada crítica sobre la actualidad y cierto halo de nostalgia, Lanús además plantea e interpela los desafíos que la posmodernidad impone a la propia existencia humana: el consumismo y la egocentricidad, la incertidumbre por el futuro a raíz de los frenéticos cambios tecnológicos, culturales y ambientales inesperados, la carencia de certezas en cuanto a los conceptos de democracia, libertad y bienestar social.
"En nuestros tiempos de angustiosa enajenación del hombre, atraído por el espejismo del consumo y de la seguridad económica, más que nunca es necesario precavernos, resistir la exigencia de sumisión de un sistema social que se ha alejado del bien común. El hombre está disminuido, ha sido desposeído de sus bienes más importantes. Tomar conciencia es el primer paso, aquí y ahora, de la formación del ser".
Para el ex diplomático, el ser humano tiene una "doble condición" como ser "espiritual" y ser "social", y debe constituir su camino basándose en la virtud para alcanzar "la felicidad" -cuestiones que aborda con muchísima profundidad en la obra. Detentando la plenitud como objetivo de vida, el hombre goza del valor de la "libertad", una "vocación constante de crear, la belleza, la verdad, el amor y tantos otros placeres ofrecidos por la vida en la Tierra". En esa línea considera que, como sugerían las culturas precolombinas de Sudamérica, la vida en sociedad "nos presenta enormes posibilidades para alcanzar un 'buen vivir'", premisa que hoy se ve distorsionada por las transformaciones posmodernas.
Lanús absorbe sus lecturas con pasión desmedida, ahondando en centenares de textos y autores que construyen el conocimiento universal, aprendiendo sobre el mundo y su funcionamiento. Teniendo una gran variedad de intereses intelectuales a lo largo de su vida, el exdiplomático exploró diversos géneros de la literatura argentina (especialmente histórica y gauchesca) y latinoamericana, de religiones y ritos ancestrales, de culturas universales, de política y relaciones internacionales, y de filosofía clásica de Occidente y Oriente. "Me gusta el mundo y la vida, recorriendo épocas y territorios muy variados", confesó a MDZ.
- ¿Considera que las sociedades del siglo XXI entraron en una decadencia moral y ética que acarrea crisis de valores e incertidumbres?
- No creo que la definición de nuestra época sea una crisis de valores o decadencia moral. Si observamos la historia social a lo largo de los siglos encontraremos épocas decadentes y corrompidas. Lo que me causa mayor inquietud es que una gran mayoría de hombres hayan perdido la esencia de su humanidad: no saben bien cual es el propósito de su vida, viven como un autómata, alucinados por su dependencia de bienes efímeros, atrapados por entretenimientos permanentes, como si hubieran dejado atrás el eje de su ser. Viven en el bullicio informativo y la hiperactividad, pero padecen aislamiento; para ellos el otro ha desaparecido y, como bien lo señala Facundo Manes, están atrapados psíquicamente por la soledad.
La gran mutación tecnológica que estamos viviendo nos presenta nuevos desafíos. El historiador inglés Eric Hobsbawn dice que "en la mitad del siglo pasado hemos ingresado en una nueva fase de la historia mundial" y afirma que "se trata del fin de una historia, la que hemos conocido en los diez mil años pasados, es decir, desde la invención de la agricultura sedentaria". Al concluir sobre este gran cambio dice sin embargo que "no sabemos hacia dónde vamos".
Según Hobsbawn se trata del "fin de una historia" y no del "fin de la historia" como lo había afirmado Francis Fukuyama, en un artículo que publicó hace ya más de dos décadas en la revista National Interest. Mientras Fukuyama, después de la caída del Muro de Berlín, se vanagloria del triunfo definitivo de la economía de mercado y la democracia, Hobsbawn sostiene que "no sabemos adonde vamos" y que "vivimos una época imprevisible". En este sentido estoy de acuerdo con que vivimos una época de incertidumbres.
- Un dicho popular muy debatido es "todo pasado fue mejor" ¿Está de acuerdo con ese razonamiento? ¿Cree que la humanidad evoluciona en algunos aspectos e involuciona en otros?
- No todo tiempo pasado fue mejor, depende que se compara: el bienestar, la violencia social, la hermandad, la tolerancia. Yo creo que en muchos aspectos esta época en general es muy buena. Hemos aprendido a convivir con más reglas, el bienestar alcanzado es incomparable frente a lo que fue la historia del mundo. Además de los grandes peligros de guerra y enfrentamientos religiosos o étnicos que observamos en muchos lugares del mundo, estamos transitando un período de cambio tecnológico que puede marearnos y aun mutilarnos.
Existe un fenómeno de la información masiva que la revolución tecnológica ha expandido por todo el mundo. La información disponible es inmediata y sintética, pero no así el saber, puesto que este implica un proceso lento y largo. La información total no facilita el encuentro, las personas están aisladas aunque en apariencia vivan rodeadas por el bullicio y la publicidad.
A pesar de las redes sociales y la tecnología de la comunicación, hay una difícil sintonía entre la acción de los gobiernos y las aspiraciones populares. Se trata de una información sin fuente y sin autor como lo fue y es la enseñanza o la transmisión de conocimientos a través del arte, la literatura y el pensamiento científico o religioso. El ser humano se enfrenta a fenómenos que nunca conoció.
- Usted pide que confiemos nuevamente en la virtud, que hemos olvidado y apartado paulatinamente en los últimos dos siglos. ¿Qué podría aportar un renacimiento de esa disposición en un mundo hoy dominado por la globalización y la hiper individualización?
- Debemos volver a centrarnos en las apetencias del ser humano, sus expectativas, sus necesidades, sus miedos, sus deseos. Sobre todo debemos modificar la forma de gestionar la vida colectiva de las sociedades. Se ha perdido el centro de lo que Confucio llama el "arte de gobernar". Todos los grandes pensadores que reflexionaron sobre ello están de acuerdo en que el propósito es el bien común. Sin embargo, un gran número de nuestros gobernantes está obsesionado no por hacer el bien a la población sino por el poder, la fama y la codicia.
Es cierto que la globalización es una amenaza contra el funcionamiento de las democracias nacionales. El ingrediente principal de la democracia es el reconocimiento de la autonomía de gestión colectiva dentro de Estados con asiento territorial, cuyos gobiernos tienen por finalidad el bien común, mientras que la tecno estructura globalizada está constituida por actores que en su mayoría no tienen asiento territorial (como grandes multinacionales y ONGs) y está gestionada de acuerdos a criterios que responden al interés de los accionistas.
El proceso de la globalización iniciado a partir de la década del ochenta, cuyo Big Bang fue la apertura de la Bolsa de Londres y la desregulación de los mercados financieros de los grandes centros mundiales, ha permitido la formación de una trama de intereses que no dependen de la soberanía de ningún estado en particular. Éstos ejercen una influencia decisiva sobre los gobiernos de los países democráticos, dominando las elites y las opiniones públicas y creando complicidades que favorecen sus intereses globales. Este es a mi juicio el nuevo gran desafío para la libertad del hombre y la vigencia de las democracias.
- ¿Qué importancia le otorga a la religión en la realización personal? Con muchas instituciones religiosas en crisis, ¿hay posibilidades que el ser humano se reencuentre con su espiritualidad?
- La espiritualidad forma parte de uno de los apetitos humanos y la religión ha sido uno de los sentimientos que más influyeron en la evolución de la humanidad. Como yo concibo esta historia, ha influido positivamente hacia la paulatina liberación del hombre encadenado por la naturaleza. Por ejemplo Cristo es el primero en sostener la Libertad del ser humano -el libre albedrío- frente a la tradiciones anteriores donde el hombre estaba sometido al capricho de Dioses o fuerzas de la naturaleza. Por eso pone fin a la función sacrificial -necesidad de halagar y alimentar a las deidades con sacrificios a veces humanos- y así el cristianismo abre las puertas a la autonomía del hombre moderno.
- También presenta una mirada muy crítica de la política actual, especialmente la referente a la latinoamericana.
- Efectivamente soy crítico porque observo cuánta mezquindad y maldad impera en nuestras sociedades. No quiero dar elecciones en estas breves respuestas pero solo señalo un elemento que se ha permitido en nuestras sociedades: la benevolencia. Virtud tan importante para mantener eso que Aristóteles llama la philia, es decir la hermandad.
En nuestra sociedad vemos que la democracia es un combate de grupos por obtener el control del Estado, acaparar la burocracia y, a partir de allí, satisfacer sus intereses. No hay un Estado profesional, al contrario, es una máquina política al servicio de los que logran el abordaje por cualquier medio. Las elecciones son un tema de márquetin en vez de un debate sobre ideas y proyectos.
Al final, el 'arte de gobernar' pierde su propósito central y termina siendo una administración para repartir bienes y prebendas. Pero se olvidan que se gobierna a las personas y se administran las cosas.
Es interesante observar el lenguaje en los medios de comunicación cuando se habla de "la política". Solo escuchamos producto bruto, tarifas, dólar, lebacs, reservas, crecimiento. ¡Pero el hombre dónde está!
- ¿Qué observa de la realidad de la Argentina, especialmente teniendo en cuenta los niveles de conflictividad política que se trasladan a lo económico y social?
- Lo que caracteriza nuestra vida colectiva es que existe desde hace muchas décadas un antagonismo que impide llevar a cabo políticas a largo plazo y aún más la discusión democrática en el seno de la sociedad. Cada gobierno llega para cambiar lo que hicieron los anteriores a quienes se demoniza. Los que llegan son como "mesías" con un nuevo mensaje que nos abrirá las puertas a la salvación. Este enfrentamiento, diría antropológico, es usado por los grupos antagónicos para mantenerse en el poder, para diferenciar lo bueno (nosotros) de lo malo (ellos). Salvo algunas excepciones loables todos los gobiernos llegan con la misma impronta.
No quiero dar ejemplos para no ser parcial, pero la situación de lo que se llama la democracia en la Argentina es patética. El premio Nobel V. S. Naipaul, un escritor británico de origen trinitense, dice que la Argentina es un gran hormiguero que cuando se observa de cerca se ven miles de hormigas moviéndose en forma frenética para todos lados. Pero, al analizar el frenético movimiento de las hormigas, el autor concluye con la siguiente frase: "Nadie sabe adonde van".
Nicolás Munilla