'Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer'. Una frase muy trillada pero que, en esta ocasión, vale la pena mencionar. Aurora Bernárdez no solo fue la esposa de Julio Cortázar, también se convirtió en su protectora, albacea y única heredera, incluso cuando ambos habían finalizado su matrimonio pero no así su sólida relación basada en el cariño y la admiración. El intenso brillo del reconocido escritor ocultó el talento literario de Bernárdez, más reconocida por sus fantásticas traducciones, pero sería injusto y erróneo culpar a Cortázar: Aurora simplemente decidió correrse, tomando una decisión trascendente de la cual nunca se arrepintió.
Sin embargo, su pasión por las letras no la cohibió a desarrollar su escritura, ya sea en poemas, relatos o anotaciones sobre temas y hechos muy variados, que nunca fueron publicados por decisión de su autora, hasta ahora. Dichos escritos fueron reunidos y editados en El libro de Aurora (Alfaguara), el cual refleja su voz y su pensamiento, como también sus dotes de narradora, poetisa y observadora. Una muestra sobre quién era esta mujer que "vivía para adentro" y rehuía a mostrarse en público, pero le gustaba conversar con sus íntimos y apreciar los detalles de la vida.
La edición del libro estuvo a cargo del compositor y cineasta francés Philippe Fénelon, gran amigo de Bernárdez desde la década de los 80 hasta el fallecimiento de la escritora en 2014, junto con la argentina Julia Saltzmann. Fénelon comenzó la trabajosa tarea de recabar todos los textos poco después de la muerte de Aurora, en la casa de París donde vivía Bernárdez, en el sitio que en los últimos años "numerosos documentos, libros y objetos habían ido desapareciendo", según narra el editor en el preámbulo. Finalmente se lograron rescatar cuadernos, agendas y escritos sueltos que forman parte de esta obra.
El libro de Aurora comienza con una serie de poemas, algunos reunidos bajo el título La tarea de escribir y otros poemas, escritos entre 1980 y 1995 en distintos sitios de Europa; mientras que los restantes son piezas sueltas realizadas a lo largo de su vida, ya sea en 1954 o 2006, pero en su gran mayoría sin una fecha específica. Sus versos manifiestan una explosión de sensibilidad sobre las emociones; por momentos reflexivos y en otros, descarnados, atraviesan diferentes expresiones pero siempre con una mirada lúcida y una estética armoniosa, que varía de lo clásico a lo más contemporáneo.
Por otra parte, los ocho relatos en El libro de Aurora develan la exquisita creatividad de Bernárdez, al conjugar experiencias personales, situaciones fantásticas y narraciones muy expresivas, que hablan mayormente de las relaciones personales y de personajes melancólicos, ingenuos, crueles, punzantes o todo junto. Quizás el relato más destacado y llamativo sea "Arrancada", por su implícito contenido autobiográfico, dado que trata sobre la agonía y lenta desintegración de una pareja que es visitada por una mujer llamada U. K. (clara alusión a la editora lituana Ugné Karvelis, pareja de Cortázar tras la ruptura del matrimonio), en referencia a su propia separación concretada en 1968. "[José] escondía su satisfacción de ser cotejado, adulado, venerado por tantas súbitas admiradoras. ¿Cómo sería verse rodeada de ese respeto siempre al borde de la provocación, sólo contenida por la presencia de la mujer legítima?".
Aurora Bernárdez y Julio Cortázar se conocieron en el icónico bar porteño Richmond, en 1948. Cuatro años después, ella viajó a París y se casaron al año siguiente. Trabajaron juntos como traductores en la UNESCO, traducían obras y él publicaba sus obras más reconocidas. Se separaron en 1968 pero nunca perdieron sus vínculos. Aurora acompañó a Julio en su lecho de muerte, en 1984.
La tercera parte del libro está dedicada a las anotaciones que Bernárdez realizó en sus cuadernos: viajes, observaciones, críticas, pensamientos. Habla de ciudades (Sanlúcar, Deyá, Santiago de Compostela), catedrales, barcos, artistas (Henry Moore, Andy Warhol Marilyn Monroe), obras (Guernica), amigos (destacan Alejandra Pizarnik y Silvina Ocampo), palabras, entes, ciencias; un mundo tan propio como ajeno, donde tampoco falta Cortázar: "Las ‘virtudes' personales de Julio bien conocidas por quienes lo estimaban, e ignoradas por los demás, no son lo importante: lo que cuenta es la obra. En lo otro hay más posibilidades de duda. E incluso, ¿quién puede meterse a decir, con certeza, cómo era un hombre? En el caso de Julio, sus actos fueron a veces contradictorios: muchos de ellos te sorprenderían. No es el caso de convertirlo en paradigma. Le hubiera repelido. De lo que hay que hablar es de la obra. Para lo demás: silencio". Cuando, más adelante, habla del amor, Aurora escribe en el último párrafo una exposición brutal: "Dos almas (espíritus) se disputan el portaalmas de Julio Cortázar. Una arroja un chorro continuo de imágenes impulsadas por un torbellino de lo arbitrario y lo improbable; la otra levanta construcciones geométricas obsesivas que mantienen el equilibrio sobre la cuerda floja".
En sus reflexiones, Aurora demuestra una agudeza inusitada, precisa y sólida, con algunas temáticas que se repiten tanto en ellas como en sus poesías y relatos. Una de ellas es la sensación del destierro, el sentirse "extranjera en todas partes", como lo menciona en el poema "Aquí estoy bien" (Puedo decir que estoy bien en cualquier lado,/ que en todas partes me acomodo, me instalo,/ casi,/ la maraña de casas, de gentes, de jardines/ me fascina, me alaga, me protege./ Y soy una extranjera en todas partes, y todo me es ajeno.) o en una de sus anotaciones: "¿Alguna vez dejaré de ser extranjera para mi misma?".
Finalmente, El libro de Aurora cierra con la única entrevista que Bernárdez brindó en su vida. Se trata de la transcripción completa del documental La vuelta al día, grabado por Fénelon durante cuatro días del 2005 en el primer piso de la casa de la traductora, ubicada en 9 Place du Général Beuret, de París, donde convivió con Cortázar y luego permaneció hasta su muerte. En esta charla muy abierta, Aurora habla extensamente sobre Cortázar: su vida, sus obras, sus experiencias, sus pensamientos y las vivencias que compartieron juntos, con algunos hechos poco conocidos por el público general. En cuanto a ella, la albacea del escritor franco-argentino hace referencia a su decisión de no publicar sus escritos, aduciendo una concepción "especial" en el seno familiar ("[En mi casa] una escritora era un poco sospechosa") y menciona a su hermano mayor, el poeta Francisco Luis Bernárdez, y al propio Cortázar como factores de peso en su actitud inhibitoria: "No es que no fueran relaciones estimulantes las que yo tenía tanto con mi hermano mayor como con Cortázar, en el plano de las posibilidades que ellos podían ver en mí. Siempre tuve conciencia de eso. Me inhibía seguramente mucho. Me imponían una gran exigencia. No sé por qué me comparaba, no me puedo comparar, es ridículo".
Para Fénelon, si bien en la vida de Bernárdez "muchas cosas fueron mal, como en la vida de todo el mundo", ella "se mantuvo en toda circunstancia como la joven que nunca dejó de ser: sonriente, elegante, literaria, conversadora... pero también secreta, para adentro", en línea con lo que sostenía la propia Aurora: "Creo que siempre tuve una vocación de oscuridad y de secreto". Un secreto que hoy se ilumina y revaloriza a esta gran mujer.
Nicolás Munilla