Pocos escenarios políticos del último siglo son tan fascinantes y misteriosos como el ruso. Marcada por revoluciones, guerras, muertes, esperanzas, dictaduras, poderío y secretos, Rusia pasó sus últimos cien años de forma tumultuosa: desde el agonizante sistema del absolutismo monárquico de Nicolás II y el oscuro Rasputín, al férreo y terrorífico gobierno comunista soviético dirigido por Iósif Stalin, hasta confluir en la intrincada y compleja democracia hoy liderada por Vladimir Putin.
En Los secretos del Kremlin (Editorial El Ateneo), el periodista y escritor francés Leonard Lecomte ofrece en dieciséis capítulos, estructurados bajo el sistema de pregunta-respuesta, una sintetizada historia sobre la crueldad, el cinismo, la brillantez, las imprecisas verdades y las escabrosas mentiras de la política rusa simbolizada en el majestuoso e imponente complejo gubernamental situado en el corazón de Moscú: el Kremlin.
Por una cuestión de temporalidad, la obra centra su atención en el periodo de la Unión Soviética, quizás el más atrapante de toda la historia rusa. Los complots, crímenes y traiciones a manos de los duros y rapaces líderes del Partido Comunista soviético (PCUS) fueron capaces de sostener un régimen tan complejo como contradictorio durante más de setenta años: las luchas internas tras la desaparición de Lenin, las feroces purgas de Stalin, la gloria de la victoria contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial, el convulsionado proceso de ‘desestalinización' impulsado por Jruschov en los inicios de la Guerra Fría, y los últimos suspiros del desfallecido sistema de gobierno comunista que ya se había convertido en un cascarón vacío y vetusto ante un mundo que lo había sobrepasado.
Más allá de los célebres (y no tanto) nombres soviéticos, el autor enmarca este periodo entre dos personas que representaron un cambio de paradigma en la sociedad rusa de su tiempo. Por un lado, el ‘vidente' y ‘curandero' Rasputín, confidente del zar Nicolás II y su esposa Alejandra y, a su vez, enemigo de toda la aristocracia del Imperio; que supo construir su cuota de poder a base de mecanismos controvertidos que, al día de hoy, siguen siendo desconcertantes, y cuya caída es casi imposible de disociar con la Revolución de Octubre y la desgracia de la monarquía. Y por otro lado, el actual presidente Vladimir Putin, quien irrumpió con su liderazgo para rescatar a Rusia de su desesperación y destrucción; con una conjunción de identidad nacionalista del siglo XXI y nostalgia popular, el mandatario supo retornar al país a los espacios de discusión internacional más destacados, y consolidar, no sin grandes esfuerzos, el crecimiento económico y la unidad del pueblo ruso.
Sin un propósito revelador, Lecomte intenta describir los hechos propuestos y acercarlos a la verdad histórica, pero reconociendo y respetando lo oculto, lo extraño y lo secreto que, en definitiva, también forman parte de la idiosincrasia rusa. Para el autor, la historia de Rusia aglomera a "personajes más o menos románticos, más o menos novelescos, más o menos terroríficos, sobre los que los historiadores no han dejado de investigar, contradecirse y separar lo verdadero de lo falso", insertos en un país "tan impenetrable para el pensamiento occidental".
Nicolás Munilla